Idilio a tiempo

Llega Farhampton Mag, una publicación que promete espacios de libertad, un nuevo tiempo que recuerda a las transiciones democráticas, plagadas de eternos claroscuros, que se han ido dando a lo largo de nuestra historia. Un continuo volver a empezar. Un renacimiento con sello aúreo brillante, acompañado de un negro paraguas, perfecta metáfora de la protección ante el perverso aguacero mediático que nos atenaza.

El nacimiento ha llegado en el momento perfecto. Y es que se juntan dos acontecimientos destacables en primera -me vais a permitir tal osadía- y también en tercera persona. Éste aquí relator, cansado de observar una realidad traicionera y aburrida, se encontraba preso del hastío más absoluto. Las opciones para quien comienza a escribir joven hoy sobre actualidad, o sobre cualquier tema de la vida misma, se circunscriben a tristes repeticiones que nada aportan a nuestra superada mente. Los condicionantes son tantos y las propuestas tan imberbes y prefabricadas, que parecen planear sobre nosotros como dramáticas reminiscencias de la no tan lejana y temida censura.

Así pues, el intenso afecto por una revista que se proclama libre y diferente, debía surgir en apenas unos segundos. Los romances no son solo cosa de personas, también el arte de la escritura o del prostituido periodismo, entre otras drogas toleradas, en un alarde de admisible materialismo, pueden terminar por conquistar a las almas imbuidas en la rutina.  Un narcótico sano que nos rescata de nuestra propia realidad y que nos sumerge en mundos todavía a explorar.  Nace pues una bonita unión entre este magacine digital y quien os habla, una suerte de vinculo en estos tiempos que corren, que le permite a uno conservar la esperanza en la desvirgada prensa.

Pero no olvidemos la tercera persona, del plural en este caso, representada en quienes con valentía elaboran esta interesante andanza. Sí, dejo de mirarme al espejo, de hablar de mi propio reflejo, para, por un momento, homenajear a quienes construyen Farhampton Mag, las auténticas estrellas, antihéroes contemporáneos. Hoy en día no es fácil juntar a mentes heterogéneas para contar historias, en una macedonia de matices, sin caer en el enfrentamiento o en las trincheras impenetrables. Sorprende por ello encontrar paraísos virginales donde las palabras y los pensamientos tienen más protagonismo que los gritos, la sinrazón y la vulgaridad. Aquí pues se abre una ventana a la expresión sin máscaras, un foro de debate difícil de conseguir cuando la mediocridad imperante nos ahoga.

La prensa, entre la vida y la muerte, intenta ahora subsistir con propuestas de este calibre, es decir con el malpagado talento ajeno. Puede resultar un punto de vista hipócrita, precario, traidor e injusto, pero es lo que hay. Una realidad que no podemos evitar. Visto lo visto, y mientras la imparable guerra económico-moral continúa ahí fuera, sin que nosotros podamos hacer nada para defendernos, sin más armas que nuestra propia creatividad, veneremos al menos esa virtud y creemos cultura contestaria con nuestras plumas. Quizá no nos condecoren, ni nos den siquiera las gracias, pero al menos tendremos la conciencia tranquila. ¡Comienza la aventura!

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