La multifuncionalidad de las herramientas

La tecnología y el desarrollo de unos campos de trabajo concretos pueden ser de gran utilidad en otros medios totalmente diferentes. Nuestro querido Internet, solución y causa de nuestros problemas, surgió de un proyecto de telecomunicaciones militares por parte del Ejército de los EE.UU a mediados de los años 60, y a día de hoy se utiliza con diversas finalidades. Desde realizar compras al entretenimiento con nuestras series favoritas, pasando por varios campos (información, formación, trabajo, negocios).

Otro claro ejemplo sería el uso del teflón, desarrollado durante el programa espacial para los trajes de los astronautas, y posteriormente utilizado como material antiadherente para las sartenes que todos tenemos en nuestras cocinas.

También podríamos fijarnos en el caso de un fontanero, el cual utiliza la cal viva como último recurso para desatascar una tubería. Pero.. ¿Quién o cómo se puede aprovechar de esta herramienta para dotarla de interdisciplinariedad? Dicha pregunta tiene fácil respuesta, la política, o para ser más concretos, Felipe González. Tomando la tubería como si fueran sus legislaturas y el «atasco» la situación social de la época (crisis, atentados de ETA, GAL, etc), este abuelo del PSOE utilizó la cal viva para deshacer dicho taponamiento.

A día de hoy no dispone de los mismos medios que hace 30 años, pero aun así cree tener la solución para la parálisis electoral. Dicho remedio para los 10 meses sin gobierno se reduce a una abstención, enterrando así cualquier valor socialista u obrero, dejando intactas las partes «partido español». Mientras los barones y baronesas se empeñan en crear falsos enemigos a la izquierda y seguir los pasos del abuelo socialista, sus escaños caen como las posiciones de Alonso en cualquier carrera con Honda.

Ante un panorama político como el nuestro, con nuevos partidos que rompen con el bipartidismo al cual estábamos acostumbrados, el PSOE debería renovarse o morir. La segunda opción es sencilla de conseguir, pues solo deben seguir como hasta ahora, haciendo caso a una cúpula política arcaica y envejecida. Por otra parte, la renovación es un proceso más laborioso y complicado, ya que como bien sabemos, cuando un político se aferra a su sillón es casi imposible despegarlo.

De conseguir dicha proeza, digna de cualquier otra purga histórica (pero en esta ocasión, sin muertes), debería introducir un pensamiento más joven, enérgico y luchador. ¿Quizás una vuelta a los años 80? Esa época dorada del socialismo, donde González lucía melena, se afianzaba en el poder y conseguía que los jóvenes le votaran al verle como única alternativa para el cambio. O también podrían dejar que la sangre nueva ascendiera lentamente, como si fuera la transfusión tras una operación para extirpar a los barones, digo, tumores.

Este cambio sería necesario para formar un gobierno nuevo, con fines sociales y para todos, dejando a un lado los años de sobres, discos misteriosamente rayados y borrados en repetidas ocasiones, tarjetas black, el caloret y un largo etcétera.

Deberíamos recordarles a nuestros políticos que en la historia reciente de España hubo una gran coalición de izquierdas, cuyo fin fue derrocar la derecha conservadora del gobierno y la restauración de las reformas paralizadas durante esos años. Obviamente, corren otros tiempos, pero el principio es el mismo: la unión hace la fuerza.

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