Relato de una traición

Séneca pronunció en su día que el «peor enemigo es el que está encubierto» (1). No le faltaba razón. La ciudad de Nápoles recibió una trapera y despiadada puñalada en la espalda cuando a finales del mes de julio Gonzalo Higuaín protagonizaba –con permiso de Paul Pogba- el fichaje del verano en el mundo del fútbol. La Juventus depositaba la cláusula de 90 millones de euros (pagable en dos años financieros) del ariete argentino para que este, plenamente convencido de su decisión, cambiase el caos y la pasión desenfrenada de Nápoles por la firme y aristócrata Turín. El ídolo se había convertido en enemigo.

Para intentar comprender el porqué de la determinación de Higuaín de jugar para la Juventus hemos de volver atrás en el tiempo, rememorando cómo han sido sus dos últimos años en Nápoles. Concretamente al curso futbolístico 2014-2015. El Pipita había protagonizado a las órdenes de Rafa Benítez una temporada notable -aunque alejada del sobresaliente- en cifras (anotó 29 goles en 53 partidos oficiales entre todas las competiciones) y juego, pero marcada por la miseria colectiva en los resultados finales. El Napoli terminó quinto clasificado en Serie A y cayó derrotado en semis de TIM Cup (copa de Italia) y Europa League contra Lazio y Dnipro respectivamente. Si bien el equipo presidido por Aurelio De Laurentiis demostró firmeza en los torneos de eliminatorias, el amargo sabor de boca que dejó la eliminación en ambas semifinales (especialmente la de Europa League) y la mediocridad liguera rematada con un fatídico final contra la Lazio dejaron tocado al club. Y el jugador nacido en Brest fue protagonista negativo en momentos cruciales de dos de esos tres crueles desenlaces. Erró innumerables ocasiones de gol en la semifinal contra el Dnipro y el penalti que hubiese supuesto el 3-2 y la remontada en San Paolo frente a la Lazio en el último partido de liga, que otorgaba una plaza en la previa de la Liga de Campeones en caso de victoria. Para ser justos, fue el propio Higuaín quien con un doblete aproximó al Napoli a revertir la situación del último y decisivo encuentro (0-2 al descanso para el conjunto romano) doméstico, pero el fallo desde los once metros dejó un nuevo regusto a ocasión en el que la gloria le era esquiva teniéndola al alcance de la mano, una situación que -por enésima vez- volvería a vivir ese mismo año en la final de la Copa América 2015 con la selección argentina.

Relato de una traición
vía fichajes.com

Después de una serie de acontecimientos que podían haber sido devastadores para su confianza y estado mental, se temía por su derrumbamiento definitivo. Pero Higuaín está hecho de otra pasta, lo superó. Porque pese a su leyenda negra en momentos cruciales, tiene una mentalidad de hierro. Si se cae, se levanta. No cede ante la adversidad. Y cual Ave Fénix resurgió para firmar su mejor temporada como profesional entrenado por Maurizio Sarri, nuevo entrenador del Napoli para la 2015-2016, quien le convenció para seguir jugando a orillas del Vesubio con el fin de devolver al equipo a la Champions League, objetivo y motivación que se impuso el Pipa al decidir continuar.

El preparador italiano armó un modelo de juego que logró sacar lo mejor de Higuaín: 36 goles en 35 partidos de Serie A (récord absoluto del campeonato italiano), un feeling total y absoluto entre Gonzalo y los tifosi y el Napoli obtenía un billete directo para la Champions tras finalizar segundo clasificado. Cómo no, por detrás de la Juventus, implacable dominadora del fútbol transalpino en el último lustro. 36 goles jugando en el mejor Napoli de siempre (los 82 puntos conseguidos en la 2015-2016 son récord del cuadro sureño en la Serie A) no fueron suficientes para arrebatar a la Juve un Scudetto que nunca fue objetivo inicial, pero que si que se vio factible hasta el mes de marzo. Higuaín, el equipo y la ciudad al completo anhelaban conseguirlo. Pero, pese al rotundo éxito a nivel liguero -no así en TIM Cup y Europa League-, no fue posible.

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Fuente de la imagen: goal.com

El Napoli no ganó el Scudetto, pero la comunión Higuaín-Nápoles aparentaba ser idílica, incluso parecía reforzada después del broche final que se le puso a la temporada: 4-0 contra el Frosinone en San Paolo, con Gonzalo superando el récord de goles en una temporada de Serie A de Gunnar Nordhal (35 goles anotados en la temporada 1949-1950 con el Milan y todo el estadio festejando el regreso a la fase final de la Liga de Campeones tras dos años de ausencia. Bien es cierto que la frustración se apoderó de Higuaín durante la segunda mitad de la temporada, teniendo como apogeo de la misma su expulsión en la derrota frente a Udinese de la jornada 31 que terminó acarreando 3 partidos de suspensión, pero el citado partido final parecía haber sosegado al argentino. Pero de repente, y cuando nada parecía presagiar que podía hacer las maletas, Nicolás Híguaín, su hermano y agente soltó la bomba el 28 de julio: No iban a renovar el contrato que unía a Gonzalo al Napoli hasta junio de 2018, achacando la decisión a promesas de carácter deportivo incumplidas por De Laurentiis y a la intransigencia del mismo a la hora de facilitar su venta. La noticia no modificó la postura del presidente del cuadro partenopeo sobre su posible salida: o un club pagaba su cláusula de rescisión o no había forma de abandonar Nápoles. Entonces apareció la Juventus para ejercer de villana y depositar el cuantioso montante de la cláusula. Higuaín, lejos de oponerse a ello, marchó a Turín encantado. La traición era un hecho.

La rivalidad entre Juventus y Napoli trasciende mucho más allá de lo meramente deportivo, pues representa también un vigoroso choque cultural entre el norte (Turín) y el sur (Nápoles) de Italia. El norte del país del transalpino es la zona más adinerada, productiva y desarrollada del mismo, mientras que por el contrario el sur está mucho menos industrializado y es más pobre y natural. El enfrentamiento cultural norte-sur es uno de los principales motivos por los que la herida abierta en el corazón de los napolitanos es tan desgarradora como imperdonable consideran el acto de Gonzalo. No es el único.

Centrando el foco en lo meramente deportivo, el cambio supone también acudir al máximo rival. El único dispuesto a pagar su cláusula, sí, pero nadie sospechaba que buscaría ganar a cualquier precio. Higuaín aplicó al dedillo el dicho: “si no puedes con tu enemigo, únete a él”. Un acto considerado imperdonable por el pueblo napolitano.

Las formas tampoco fueron las mejores. Silencio total hasta su presentación con el combinado turinés y ni un mensaje a Sarri y a sus antiguos compañeros. Sus ambiciones deportivas e -de acuerdo con sus declaraciones- intolerancia hacia De Laurentiis no justifican que, una vez disparado en la sien a todos con quienes había compartido 3 años tan intensos y especiales, estos no recibiesen la explicación que merecían. Demostró cobardía.

La reacción post salida del argentino no se hizo esperar: camisetas quemadas y tiradas a la basura, su rostro destrozado en los carteles, ataques de De Laurentiis a su persona y de los tifosi a De Laurentiis por la gestión de su venta, canciones en su contra… Incluso Show Pizza, un restaurante de la ciudad, ofrecerá pizzas a un euro cuando llegue su primera lesión como juventino. Porque así es Nápoles, pasional como pocas. Higuaín parecía hecho para el club y la ciudad, y ciudad y el club parecían hechos para Higuaín. Pero del amor al odio, con traición de por medio, hay un paso.

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vía diariomadridista.okdiario.com

De Laurentiis ha aprendido la lección: las cláusulas de rescisión de sus jugadores solo serán válidas para clubes extranjeros, excluyendo así la posibilidad de que se repita un nuevo caso como el de Higuaín, que ha sentado precedente en el club azzurro. Si un club italiano quiere hacerse con un jugador del Napoli se verá obligado a entablar una negociación para hacerse con sus servicios.

Con Arkadiusz Milik –que hasta la fecha ha dejado muy buen rendimiento en sus primeros partidos en azzurro-, llegado desde el Ajax a cambio de 32 millones de euros, como sustituto y un fondo de armario mucho más amplio como consecuencia del dinero ingresado, el Napoli sigue adelante y no tiene previsto mirar atrás. Técnico y plantilla tienen claro que Gonzalo Higuaín forma parte del pasado. Pero tienen una fecha marcada a en rojo en su calendario: 2 de abril de 2017, la fecha del regreso del argentino a San Paolo. Sean cual sean las circunstancias clasificatorias, el recibimiento apunta a contener un eminente índice de hostilidad y el estadio promete ser un auténtico infierno. Un acontecimiento imperdible.  Nápoles clama venganza y ni olvida, ni perdona.

(1) GARCIA GONZALEZ, José Manuel, Editorial Amat, 2015.

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