Euskadi: Ganan los de siempre… ¿emerge la esperanza?

25-S. ¿Qué ha pasado?

Más allá de la información puramente descriptiva (datos, números) y las posiciones de cada partido, los resultados de las elecciones autonómicas en Euskadi no presentan, para quienes queremos un cambio popular y democrático en el Estado y en la Comunidad Autónoma Vasca, un calificativo inmediato que permita entenderlas rápidamente. Quizá esto sea lo primero que hay que decir sobre ellas.

Para Elkarrekin Podemos las elecciones habrían sido un importante fracaso que habría que analizar seriamente y, al mismo tiempo, un rotundo éxito. En la primera opinión se han situado pocas voces, y desde nuestro punto de vista de forma precipitada y poco rigurosa. En la opinión inversa se han situado el sociólogo y profesor de la UPV Imanol Zubero, quien entiende los resultados como de “apabullante éxito”, o el periodista Iñaki Gabilondo, quien en su blog señala que “Como es costumbre en Podemos, su resultado, que es bueno, parece peor por las expectativas”[1].

En cualquier caso hacer un análisis propio, sin que nos cuenten otros lo que ha pasado -desde una posición dudosamente desinteresada-, se convierte en la primera clave, como siempre lo ha sido para Podemos decirnos y pensar de forma autónoma qué somos, no dejarnos acotar ni etiquetar por el adversario, etc.

La aprehensión de los resultados en una palabra se muestra difícil porque Podemos no había competido en otras elecciones al Parlamento Vasco, sólo en unas forales hace más de un año y en las dos convocatorias recientes de elecciones generales. Los resultados en Euskadi en estas dos últimas fueron espectaculares, quedando el 20 de Diciembre como primera fuerza en votos y haciéndolo también en escaños el 26 de Junio. Estaba claro antes de las elecciones autonómicas y lo está después que en Euskadi, al igual que en Catalunya, se vota distinto en elecciones autonómicas a generales, tomando ventaja los partidos autonómicos respecto a los estatales en las primeras. La pregunta que rondaba a muchos militantes de Podemos era por tanto hasta qué punto iba a llegar la dualidad de voto en estas elecciones y cuánto iba a afectar a Elkarrekin Podemos.

Pues bien, la dualidad ha sido grande, obteniendo los partidos de ámbito vasco el 58,88% de los votos, mientras que el 26 de Junio habían obtenido 20 puntos menos, el 38,21% de ellos. Y seguramente esa dualidad ha afectado seriamente a Elkarrekin Podemos quien, con un 14,83%, ha perdido casi la mitad de los votos que obtuvo en Junio.

Los ha perdido pero ni siquiera podemos decir que Elkarrekin Podemos “se ha dejado” esos votos por el camino porque el carácter diferente de ambas elecciones en Euskadi hace que la comparación se muestre prácticamente inútil.

Sí podemos decir que la formación pierde muchos votos desde las dos elecciones generales…al mismo tiempo que entra definitivamente en el escenario político vasco, en una posición de fuerza -de momento-, intermedia entre los partidos “constitucionalistas” –cada vez más relegados a una posición de no influencia- y los nacionalistas.

Si para Podemos las elecciones pueden no ser malas, a nivel de país resulta claro que se ha mantenido el statu quo. El Partido Nacionalista Vasco ha aumentado su porcentaje de voto –que se debe más al aumento de la abstención y a las pérdidas de otros partidos que a su propio incremento, ya que sólo ha sido de 14.000 votos- y su número de escaños[2]. Los votos que sin duda le había quitado Podemos en los anteriores comicios parecen haber vuelto, a falta de análisis que lo confirmen, en su práctica totalidad, y los jeltzales no se han visto afectados en ninguna medida por la entrada en escena de la nueva fuerza política

Este resultado en una dirección conservadora (conservadora no tanto ideológicamente sino de mantenimiento del orden existente) debe hacer reflexionar no sólo a Podemos sino a los distintos sectores que quieren un cambio en Euskadi en una dirección democratizadora: de democracia social –consolidación de los derechos sociales, reversión de la precarización de la vida de la mayoría durante estos años-, política
–derecho a decidir en su mayor extensión posible-, económica, etc.

Y ahora, ¿qué?

            Tras la entrada en el mapa de Podemos, parece abrirse un nuevo tiempo en la política vasca en el que hay tres actores fundamentales: el PNV, con su hegemonía por el momento intacta[3], y dos fuerzas que se reclaman de cambio, una independentista y la otra estatal y por el derecho a decidir: EH Bildu y Podemos/Elkarrekin Podemos. Tres fuerzas defensoras del derecho a decidir: si alguna mayoría absolutísima ha habido en las elecciones es sin duda esa.

Las otras dos fuerzas de ámbito estatal parecen estar cada vez más ligadas como decíamos a posiciones de subalternidad en la que pueden aspirar a lo sumo a brindar apoyo al Partido Nacionalista Vasco y así evitar derivas peligrosas en lo nacional o en lo social. El Partido Popular parecía alegrarse tras los resultados del domingo… prácticamente de seguir existiendo. El PSE, por su parte, que ha sido segunda y hasta primera fuerza en la CAV en algún momento, no tenía forma de disimular el batacazo.

La pérdida final del escaño en Bizkaia frente a EH Bildu tiene la traducción de que al PNV no le va a bastar el Partido Socialista para alcanzar la mayoría absoluta y va a tener que llamar a otras puertas. Quizá a la del Partido Popular, con el mayor desgaste social en la CAV que ello puede suponer.

Pese a ello los jeltzales van a tratar de dormir la legislatura igual que hace un equipo de fútbol cuando va ganando y quiere que pase poco o nada en el partido. Como, de hecho, ya hizo en la legislatura pasada. Una situación de calma en la que sin duda no se va a embarcar en ninguna “aventura catalana” y en la que intentará que la desigualdad y precariedad crecientes en Euskadi, si no pueden ser reducidas, en todo caso no le planteen muchos problemas en la calle ni en el Parlamento.

guille

Frente a ello, las fuerzas y sectores del cambio –que en Euskadi se traduce en la defensa de los derechos sociales más el innegable derecho a decidir del pueblo vasco, unido al fin del clientelismo como forma de manejo de las instituciones-, sobre todo las puramente políticas, deben hacer su apuesta en este nuevo ciclo.

Una apuesta visible es la de la unilateralidad hacia la independencia como modo de, además de la propia independencia, conseguir un país con mayores cotas de bienestar para sus ciudadanos. Es lo que propone EH Bildu hasta la fecha, con la vista puesta de manera más o menos explícita en Catalunya. Como decimos es un camino “inteligible”: sabemos en qué consiste. A nuestro juicio, sin embargo, esta apuesta cuenta con tres grandes topes. Ni parece adaptado a la realidad subjetiva de la sociedad vasca –con una preocupación cada vez mayor por las desigualdades sociales y un nivel de independentismo que disminuye o se estanca- ni con capacidad de unir a distintos sectores populares en un horizonte a corto-medio plazo. Tampoco, como última opción y si es que ese fuera el deseo del independentismo, capaz de unir al centro-derecha del país, que no tiene razón alguna para embarcarse en un proyecto que pondría en juego su cómoda situación de “centralidad” y “moderación”.

Esto no quiere decir que la cuestión nacional no exista ni que “haya que elegir” entre ella u otra cosa (como ha sido base de la campaña del PSE para estas elecciones). Desde luego, no entre “derechos sociales” y “derecho a decidir”. Va a seguir existiendo, sea cuál sea su evolución concreta en las encuestas, y hay que afrontarla de forma seria, sabiendo la voluntad mayoritaria de la población vasca de elegir libremente su propio futuro (como decimos el Parlamento Vasco de esta legislatura va a contar con una gran mayoría  de diputados –seguramente la mayor habida- por el derecho a decidir).

Esto no quita para la posibilidad, que también existe en la Comunidad Autónoma Vasca, de apostar por un eje que delimite y marque políticamente…lo que de hecho ya existe en la calle y en tantos centros de trabajo. El de la mayoría de la gente de Euskadi, su gente trabajadora que vive situaciones materiales distintas[4] -los jóvenes con más o menos estudios que trabajan en precario, los más de 10.000 que se han ido del país, la gente parada, quienes además lo son de larga duración, etc.- y viene de subjetividades distintas –la izquierda estatal, EH Bildu, Podemos y en muchos casos la abstención o el desinterés político- frente a una minoría privilegiada con en muchas ocasiones nexos directos con el poder. Enseguida nos vienen nombres a la cabeza de la conexión entre el partido gobernante y una “casta” de privilegiados en Euskadi que con una gran frecuencia acaban en las mismas empresas: Iberdrola, Petronor, Josu Jon Imaz, José Antonio Ardanza, Euskaltel…

Este eje o “cleavage”, que puede formar parte ya de la interpretación de muchos, sólo va a existir políticamente si se apuesta por él. Es más, si la “cuestión nacional” y la “social” dejan de ponerse trabas en base a una premisa sencilla (y seguro que compartida por much@s) de entendimiento del país: la sociedad vasca, como comunidad política que se reconoce como tal, desea decidir su futuro y desea y demanda vivir con garantías y disfrutar de lo que ha construido ella misma: vivir sin miedo, sin precariedad, sin estar a merced de los de arriba… Al margen de cómo se viva en 500 kilómetros al sur y al margen de lo mejor o menos mal que otros que se haya podido hacer aquí.

En una entrevista en El Correo realizada hace un par de meses, el presidente de la patronal vasca Confebask se mostraba preocupado porque el resultado de las elecciones del 25-S “pudiera romper la estabilidad de los últimos años” en Euskadi[5]. Parece claro que ni él ni “sus compañeros” han debido salir muy preocupados de los resultados de las elecciones. Sigue la “estabilidad”, que como el reverso de una moneda es una diaria inestabilidad para tantos vascos y vascas. En nuestra mano está una apuesta a la altura de las circunstancias que reequilibre algo las certidumbres e incertidumbres dentro de este pequeño país.

_______________________________________________

[1] El artículo de Imanol Zubero sobre las elecciones vascas se encuentra en http://imanol-zubero.blogspot.com.es/2016/09/distintas-formas-de-mirar-los.html.
El comentario de Iñaki Gabilondo, en http://cadenaser.com/programa/2016/09/26/hoy_por_hoy/1474873288_088051.html?ssm=14092012-Ser-rs-1-Tw#.

[2] Aunque finalmente sólo en uno debido al escaño que estaba bailando en Bizkaia y se ha acabado yendo a EH Bildu.

[3] Como se decía hace poco en una charla en la Universidad de verano de Podemos la palabra “hegemonía” está de moda y ya es difícil saber qué quiere decir exactamente el emisor cuando la emplea. Diremos de momento que aquí alude no sólo a ser la primera fuerza electoral sino también a ordenar los términos del debate público y especialmente a, siendo “una parte”, representar subjetivamente los intereses de la totalidad de una sociedad. Creemos que ambos aspectos los tiene por el momento “bajo control” el Partido Nacionalista Vasco.

[4] Sobre esta realidad en los centros de trabajo, que se lo pregunten a las trabajadoras del Guggenheim, despedidas ya en Octubre por pedir unas condiciones de trabajo dignas –con un sueldo mayor de 5€ la hora-. El ejemplo del Guggenheim revela una práctica habitual de gobierno y una idea de construcción de país que, sin ser tan grotesca como la “Fórmula 1 para Valencia”, guarda ciertos parecidos: deslumbrante por fuera, con numerosas grietas e injusticias por dentro.

Sobre esto se puede leer el artículo salido recientemente:

http://www.eldiario.es/norte/almargen/pais-esconde-placas-titanio-Guggenheim_6_561403875.html

[5] http://m.elcorreo.com/bizkaia/economia/201607/31/preocupa-resultado-elecciones-vascas-20160731172614.html

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3 comentarios en “Euskadi: Ganan los de siempre… ¿emerge la esperanza?

  1. Deja de darle palmaditas en la espalda a tu gente. Casi todas las personas de base, esas personas que hemos trabajado duro los últimos dos años, hemos visto tirado por los suelos todo ese esfuerzo por culpa de vuestra prepotencia y narcisismo. No es que no hayáis sabido mirar, sino que no habéis querido mirar a quienes hemos peleado por cada voto en cada población. Os habéis auto impuesto un estatus superior, tirando por tierra la horizontalidad que nos llevó a ser los más votados en junio. Y sabiendo que no es el mismo escenario, el batacazo es mayúsculo, pero seguir regocijandoos en vuestros sillones, que así vuestro tiempo será menor.

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