La gente pide paso

La gente toma el mando

Fútbol. El deporte rey. El espectáculo más grande después del big bang. 22 señores (o señoras) corriendo detrás de una pelotita e intentando colarla entre tres palos, mientras el sonido de un silbato trata de impartir justicia. Un sonido que, pese a lo estridente, se torna casi imperceptible. ¿La culpa? La tienen los miles de locos que se agolpan en torno al césped. Gradas de piedra en las que es mejor estar de pie que sentado y donde nunca hay suficiente cerveza. Allí nadie se atreve mencionar lo largo que ha sido el viaje, el frío que hace o lo dura que ha sido la semana. Ninguno se acuerda de que al día siguiente, lunes, toca volver a trabajar. Son cosas que no existen. Durante 90 minutos sus vidas se reducen a los 11 héroes que visten de su mismo color, los 11 villanos que han tenido la mala suerte de cruzarse con ellos y aquel silbato que nadie oye y que siempre se equivoca.

Bonito, ¿verdad? Pues ahora toca volver al año 2016.

Y sí, aquí venimos a hablar de fútbol. Pero no del tiki-taka, ni del juego directo ni tampoco a explicar el 4-3-3. Eso no es nuevo. Lo que sí es nuevo (y desmonta la teoría de Barney Stinson de que lo nuevo siempre es mejor) es aquello que llamamos fútbol moderno (o fútbol negocio). La concepción mercantilista que ha invadido este deporte, a convertir el opio del pueblo en una mina de oro para unos pocos. En definitiva, a una era en la que el despotismo ilustrado (con más de déspota que otra cosa) llega al mundo del deporte.

No, claro que no hay nada de malo en montar un negocio. Impulsar a base de capital a un equipo para que llegue a lo más alto en el menor tiempo posible es una idea que atrae a cualquier aficionado. El problema viene cuando ese negocio da la espalda a sus clientes (¿de verdad podemos llamar clientes a los aficionados de un equipo de fútbol?). O cuando el club deja de ser una empresa seria para convertirse en un juguete que dejar abandonado en cuanto vienen mal dadas (seguro que leyendo esto en Cantabria se acuerdan de Ali Syed). Probablemente lo más increíble del mundo del fútbol es como la afición sigue respaldando al mismo equipo del que una vez fue dueño y que hoy le considera un mero “extra” sin voz ni voto. Los clubes de fútbol se han convertido en el único negocio del mundo que, pese a poner las cosas difíciles a sus “clientes”, siguen generando beneficios a costa de ellos.

Gradas vacías, horarios intempestivos o entradas y camisetas a un coste desorbitado son el precio que los aficionados están pagando por un puñado de billetes más en el bolsillo de los clubes, las televisiones y, que no se nos olvide, la Liga de Fútbol Profesional. No importa. Realizar ese esfuerzo económico siempre resulta más fácil que dejar de ir al campo o apagar la tele cuando suena la sintonía de la Champions. Pero ese precio, ya de por sí elevado, a veces sigue subiendo hasta un límite al que es imposible llegar.

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Y es que muchos equipos han desaparecido en España en los últimos años. Víctimas de la obligación de ser S.A.D (Sociedad Anónima Deportiva) para poder competir, de la crisis económica que ha asolado nuestro país o ahogados en una deuda creada por delirios de grandeza. Ciudades enteras que pasan en años de luchar por subir a Primera o Segunda División a verse sin equipo de fútbol. Ahí es cuando vuelve a aflorar esa adicción al fútbol de la que hablaba antes. No son las televisiones, ni la Liga de Fútbol Profesional ni los grandes empresarios los que tratan de reflotar el barco. Son los aficionados los que, mitad doloridos por la desaparición del club de su vida, mitad ilusionados por tener la oportunidad de empezar de cero, poniendo sus normas, toman el mando. Es así como surge en España el fútbol popular.

El decano del fútbol popular en España nació en el año 2007. Es el Atleti Club de Socios, formado por un conjunto de seguidores descontentos con las decisiones de la junta directiva rojiblanca a la que acusaban de alejarse de los aficionados. Siguen el modelo del United of Manchester FC (equipo de la misma índole formado por seguidores del Manchester United). A pesar de ser el más antiguo, están lejos de ser el más competitivo de los clubes populares y compiten en la sexta categoría del fútbol español.

Resulta utópico pensar que Atleti y Atleti de Socios puedan cruzarse alguna vez. Pero no sucede lo mismo en Logroño. El mítico CD Logroñés alcanzó la primera división durante los 90, pero no fue capaz de gestionar su caída y acabó desapareciendo en 2009, mientras jugaban en Tercera. Ese mismo año se fundan dos clubes: Por un lado, la UD Logroñés, que compró la plaza del CD Varea en Segunda B tratando de retornar a la élite a base de capital. Representando al fútbol popular, la SD Logroñés, club de socios que empezó a competir en Preferente (5ª división) esa misma temporada 2009-10. Ambos equipos se cruzaron durante dos temporadas en Segunda B, pero el vecino romántico aún no ha podido vencer sobre el césped a su rico rival.

También chocan los dos modelos en Jerez de la Frontera, si bien aquí se hace patente la decadencia de uno frente al impulso del otro. Por el lado tradicional, el Xerez CD, que hace solo siete temporadas disputaba la Liga de las Estrellas. Pero he aquí otro caso de equipo soñador que, como si de mal un despertar se tratara, va cayendo en picado hasta que el Xerez Deportivo FC (fundado por los socios en la 2013-14) le ha alcanzado. Ahora ambos compiten en División de Honor Andaluza (5ª División) y el equipo popular ya le ha mojado la oreja a su rival, ganando por 1-2 el primer derbi jerezano de la historia.

Quedan varios casos reseñables, como el CAP (siglas de Club de Accionariado Popular) Ciudad de Murcia, fundado por unos aficionados irreducibles que vivieron años de bonanza en la década de los 2000, rozando el ascenso a Primera. Los City Boys, el colectivo de animación que acompaña al Ciudad sigue pintando de rojo y negro los campos de Tercera División en los que los murcianos juegan por segunda temporada consecutiva.

También en Tercera División, tras su segundo ascenso consecutivo y en homenaje a al Unión Deportiva Salamanca compite Unionistas. Club fundado en 2013 tras la desaparición del histórico equipo charro, que rivaliza con el CF Salmantino, un club que suplanta abiertamente la identidad (habiendo llegado a utilizar la misma camiseta, tapando el escudo con un esparadrapo) del que fuera filial de la UDS. Sea como fuere, el club popular de Salamanca marcha cuarto en su debut en dicha categoría y se acerca a los 2000 socios, consolidando un proyecto que tiene mucho futuro.

Por encima de Unionistas y Ciudad de Murcia se encuentra el único club de fútbol popular en Segunda B, el CD Palencia. Y lo hace en una situación más que convulsa debido a la inestabilidad directiva, puesto que el club, del que los socios eran dueños, acaba de ser vendido a un abogado, Francisco Serrano,  sin ninguna relación con la ciudad ni el club. El conjunto palentino ha alcanzado su cota deportiva más alta en su peor momento como institución y en el que su carácter popular está en entredicho. Las protestas y el apoyo del resto de clubes populares no están sirviendo a los morados en el campo, ya que solo han sumado tres puntos de los 18 posibles. Podría decirse que el Palencia ha sido secuestrado y, como consecuencia, muchos socios se empiezan a bajar del barco, contando solo con 300 socios.

Estos son los clubes populares que más están dando que hablar, sin olvidarse del Ceares, que se mantiene en el grupo asturiano de Tercera, la UD Ourense que continúa su crecimiento, el FC Tarraco o el Avilés Stadium. Además, dos clubes fundados en 2016 le han dado a la Comunidad Valenciana su primer derbi de fútbol popular: Son el Orihuela Deportiva y la UD Aspense, que inician juntos su andadura en la séptima categoría del fútbol español.

Un modelo distinto, un soplo de aire fresco y una bocanada de ilusión para aquellas ciudades que lo han perdido todo. Una fase inicial destinada a cosechar ascensos y alegrías (la mayoría de clubes surgen en ciudades que tenían equipos en Segunda o Segunda B) y un futuro incierto. La normativa estatal obliga a convertirse en Sociedad Anónima Deportiva para jugar en Segunda o Primera, una imposición que ya ha llevado a la ruina a muchos equipos incapaces de mantenerse en la élite. Pase lo que pase, hay que agradecer a los 14 clubes populares españoles su empeño en buscar otro camino y una dedicación inimaginable para alguien que no sea aficionado del club. Mientras haya fútbol popular, habrá esperanza de recuperar aquel fútbol que ya se antoja utópico, en el que los clubes estaban hechos por y para los socios.

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