Él no va a venir

Un espectro se cierne sobre Europa: el fantasma del baloncesto moderno. Todas las fuerzas de la vieja Europa se han unido en santa cruzada contra este fantasma: Xavi Pascual, Duško Ivanović, Sergio Scariolo y los cuñados baloncestísticos. El baloncesto es un juego que se va regenerando progresivamente, apropiándose de aquellos aspectos que resultan positivos para él y desechando los negativos.

Llegados a este punto y ciento veintiún años después de la invención del baloncesto a manos de James Naismith podemos afirmar que hemos llegado a las cuotas más altas de perfección si tomamos en cuenta los porcentajes de acierto en el lanzamiento. Realizando una rápida comparativa entre considerados mejores lanzadores de triples de los últimos treinta años, Larry Bird, Ray Allen y Stephen Curry, los datos nos avalan. Por un lado, Larry Bird acumuló un 37% (649/1727), Ray Allen un 40% (2973/7429) y Stephen Curry un 44% estando todavía en activo (1593/3590) Antes de que todos se lancen a mi cuello como hooligans enfurecidos es preciso contextualizar. El juego y, sobre todo, la interpretación de los espacios en la cancha ha variado mucho durante los últimos veinte años, incluso de unos cinco años hasta aquí. Para ilustrar este ejemplo volvemos a acudir a nuestros amigos los números, si en 1991 la media de triples por temporada de la liga estaba en 586, en 2016 ha ascendido hasta los 1975. Todos estos datos nos sirven para empezar a comprender cómo cambia el baloncesto de una década a otra, aunque algunos se nieguen a admitirlo.

Si al principio mencionaba a Bird y Allen no era por puro fetiche, ambos jugadores representan una época que ya ha muerto, el especialista en el triple. Un jugador que vivía por y para el triple, agazapado en una esquina o en constante movimiento recibiendo sucesivos bloqueos. Los entrenadores les utilizaban como un recurso puntual para desequilibrar el encuentro con jugadas específicas. La transición del baloncesto de dentro (juego interior con pívots) hacia afuera (máxima apertura del campo y movilidad) está acabando con esta raza de jugadores.

Reinventarse o morir que diría aquel. Pero todo esto no supone la desaparición sistemática del tirador, sino su transformación, su evolución en la pirámide baloncestística. Del especialista en triples se ha producido una escisión que ha dado lugar a jugadores como Shane Battier, Jaycee Carroll, Klay Thompson o Álex Abrines. El baloncesto avanza a pasos agigantados y pide una marcha más, esa velocidad se la otorga la transición. Cualquiera que haya disfrutado viendo a los Golden State Warriors habrá notado que no necesitan las clásicas jugadas para que un tirador anote de fuera, sino que es a partir de la transición tras rebote o pérdida rival donde sus estrellas aparecen.

Por mucho que se empeñen cavernícolas baloncestísticos que prefieren vivir anclados en el siglo XX como la gran cantidad de los técnicos de Europa, el baloncesto vive la época dorada del triple. Nunca antes habíamos sido testigos de tal acierto y semejante volumen de lanzamiento. El juego no entiende de épocas y sólo los que se niegan a aceptar el progreso sufrirán la derrota en sus propias carnes porque el tirador que buscas no volverá. Él no va a venir.

Todos los datos pertenecen a la web http://www.basketball-reference.com
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