La mujer, la educación, España y el siglo XIX

Según cuentan, la población de la España del siglo XIX se dividía entre hombres y mujeres, en una proporción más o menos del 50%, y aunque esto pueda parecer increíble, el desequilibrio que existía entre ambos grupos era patente. El hombre era el que pensaba, el que organizaba, el que gobernaba, el que se instruía (casi, casi como hoy en día, salvo en lo de la instrucción). Durante muchos siglos la función de la mujer ha sido la de la crianza y cuidado del hogar, pero ya en el siglo XVIII, los ilustrados de la época consideraron que la educación era un factor de progreso y era un tema muy serio la instrucción de los jóvenes, empezando a abrir escuelas para niñas. Posteriormente a lo largo del S. XIX estaban más que concienciados que la educación era a su vez un factor determinante en la “producción” de ciudadanos y en el desarrollo económico de la sociedad.

Claro que esa educación y formación no podía entenderse del mismo para niños y para niñas. Los niños, inteligentes y llenos de potencial se convertirían en hombres, en ciudadanos, en el motor de la sociedad y las niñas, por el contrario, se convertirían en mujeres, delicadas y débiles, las cuales se consideraban , al igual que los niños, en políticamente incapaces. Daba igual la edad que tuvieran, 18, 23, 30, 45, 67…, ya que siempre iba a estar por debajo del hombre.

Así, la legislación liberal reguló de forma diferente la formación de niños y niñas, no fuera que las características de unos y otras se mezclaran y la sociedad española se convirtiera en algo parecido a Sodoma y Gomorra.

A principios del siglo XIX, se presta muy poca atención a la formación de las niñas, no olvidemos que no se consideraba un derecho la educación femenina, sino una obligación ya que el objetivo de la misma era adquirir una cultura doméstica que les permitiera realizar con eficacia sus tareas de atención a la familia y de este modo contribuir a la creación de ciudadanos, que por supuestísimo eran varones.

La Constitución de 1812 (la querida Pepa) y la posterior legislación liberal promovieron la instrucción universal, uniforme, pública, gratuita y libre pero destinada exclusivamente a los hombres. Y aún a pesar de ello, lo poco que se consiguió en esa época fue barrido de un escobazo con el retorno del absolutismo borbónico del sin igual Fernando VII.

vía joseluislindo.files.wordpress.com
vía joseluislindo.files.wordpress.com

Definitivamente, el lugar de la mujer estaba en casa, cuidando niños, y los que no eran tan niños cuando estaban impedidos, enfermos y que precisaban cuidados, y también estaba fuera del hogar, contribuyendo al mantenimiento del mismo, trabajando en el campo, en el servicio doméstico o en las fábricas.

El proceso de industrialización, iniciado en Europa a finales del siglo XVIII, no se producirá en España hasta comienzos del siglo pasado. Éste era un país eminentemente agrícola, cuya población trabajaba en los campos y en pequeños talleres familiares. El gran éxodo de la población del campo a la ciudad se produjo a finales de siglo, y la situación de la mujer, aunque pareciera increíble empeoró, porque seamos sinceros, la ciudad no era la panacea de las libertades y derechos de sus habitantes. En el mundo agrícola, a pesar de encontrarse desprovistas, en gran medida de instrucción académica y de que el analfabetismo campaba a sus anchas por aquellos campos de Dios, y, además de encontrarse en situación de inferioridad respecto al hombre, la mujer no se encontraba confinada en casa, visita el horno, la fuente, etc se convierte en gran medida en un ser autónomo, adquiriendo un conjunto de saberes femeninos sobre conocimientos técnicos, médicos, sociales que la sitúan en un plano diferente que no marginal.

Todo ello se transforma en el proceso de desarrollo industrial. Se magnifican los “valores femeninos”, los valores propios del sexo débil a lo que contribuye de un modo increíble la educación, porque se considera que la instrucción de la mujer no es un asunto público, sino privado, y porque se considera que la enseñanza tiene más que ver con la educación moral que con la instrucción propiamente dicha. Así pues fue un hecho común la discriminación política, económica y legal. A lo largo del siglo XIX se empezó a verse el trabajo como algo que se separaba de las tareas adecuadas de la mujer, porque se afianzó aún más la idea de que la mujer era esposa, ama de casa, madre, cuidadora. Su trabajo era el doméstico, y cuando trabajaba fuera de casa el aporte económico que hacía se consideraba complementario y en el hogar recaía sobre ella el equilibrio afectivo y emocional de la familia; a diferencia del hombre que era el cabeza de familia, el mantenedor, su aporte económico al hogar era considerado el principal (es curioso, una concepción muy parecida a la de hoy en día).

La industrialización favoreció la incorporación de las mujeres a las fábricas, pero en condiciones penosas de gran explotación, pero no en todo el país, fundamentalmente en Cataluña y en el País Vasco. Las mujeres perdieron su status, trabajaban más que los hombres en general al tener que emplearse en las fábricas y en los hogares y ganaban menos que los hombres. Muchas niñas abandonaron sus hogares en el campo para trasladarse a la ciudad y emplearse en el servicio doméstico y en las fábricas. Las mujeres de clase media y alta se vieron relegadas al interior de sus hogares, puesto que no se consideraba como algo digno que salieran del entorno para el que estaban educadas. Siempre hubo excepciones, mujeres valientes que se atrevieron a romper esquemas con un bagaje cultural amplio, pero la mayoría de las mujeres, sin estudios, sin derechos políticos ni sociales entraron de lleno a constituir el grupo social más desfavorecido.

Queda patente pues, que la educación de la mujer, entendiéndola como un derecho , al igual que la del hombre, es el instrumento clave para conseguir la igualdad efectiva, y si bien en este siglo XXI, se ha conseguido mucho, a nivel social, económico o cultural, etc, pero sigue existiendo un largo trecho por recorrer.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s