El enemigo dentro de sí

Jugadores prometedores cuya carrera se ve truncada por problemas que, por sí mismos, son incapaces de remediar y que, con el paso del tiempo, terminan por cavar su propia tumba.

Casos los hay a montones.

Y Eddie Griffin, lamentablemente, es uno de esos casos ya archivados.

Griffin (1982), empezó iniciándose como jugador de baloncesto en un instituto Philadelphia, donde nació y creció. Fue gracias a su hermanastro, Marvin Powell, quien le inculcó los valores de trabajar duro para crecer. Era una figura trascendental en la vida de Eddie. Casi como un padre y un modelo a seguir para él en su juventud.

Entonces empezó a acudir al Roman Catholic High School, un programa que, en aquel entonces, era bien conocido por toda la ciudad. Griffin, aún freshman, ya empezaba a destacar en el programa del entrenador Dennis Seddon, que además tenía en sus filas a un senior que a la postre terminaría llegando a la NBA, llamado Rasual Butler.

«Era una locura ver a alguien así de joven que entendiera tan bien el juego. Fue la primera persona que vi hacer un cuádruple-doble. Más de treinta puntos, algo más de 20 rebotes, unos 12 tapones y 13 asistencias

Seddon catalogaba a Griffin en aquellos días como un chico “callado y tímido”. No obstante, poco después se daría cuenta de que éste, pese a su introvertido carácter, iba camino de ser algo especial. Y eso llegaría más bien pronto. Tras finalizar su primer año en el instituto, se unió al equipo de la AAU, los New Jersey Playaz. En ese torneo, Griffin entabló gran amistad con John Allen, que procedía de Philadelphia, y con Marcus Toney-El, con el que además acudió a Seton Hall posteriormente.

«Entonces, Eddie promediaba triple-doble. Incluso, cuando veía los primeros años de instituto de Anthony Davis me recordaba a Eddie Griffin en sus tiempos. Era el ‘real deal’».

Y seguía creciendo. Cuando iniciaba su curso senior, Eddie Griffin encabezaba el ranking de su Class, y ese mismo año empezó a enfrentarse a jugadores de más nivel y futuros NBA como Tyson Chandler, del instituto Dominguez High. En ese partido, Griffin registró 33 puntos, 18 rebotes y 7 tapones, mientras que por otro lado, en un encuentro contra la Fresno’s Washington Union de DeShawn Stevenson en 1999, Griffin secó a éste, dejándolo en 19 puntos y en 16 lanzamientos. Griffin, por su parte, conseguía 31 tantos. Curiosamente, Stevenson anunciaría su candidatura al Draft ese año sin dar el salto a la NCAA.

Semanas más tarde, el Roman Catholic High School, encabezado por un Griffin arrollador, se enfrentaría al Camden High School en un torneo. En las filas del Camden HS militaba uno de los mayores talentos de instituto como Dajuan Wagner, entonces en su año junior, y también conocido por haber anotado 100 puntos en un partido en su año senior.

Era uno de los partidos del año. Acudieron hasta 9.000 personas en el pabellón de los Sixers para presenciar ese juego, de scouts NBA a personalidades como Allen Iverson y Larry Hughes, entonces jugadores de los Philadelphia 76ers.

Eddie Griffin, como era de esperar, no se escondió y respondió a lo grande. 29 puntos, 6 rebotes y 5 tapones llevaban su firma. El Roman Catholic HS arrolló a Camden por 25 puntos de diferencia y el nombre del jugador pasaba a primer plano, pronosticándolo incluso como Top-5 del próximo Draft de la NBA.

Él hizo caso omiso a los cantos de sirena de la NBA, haciendo caso a su entorno más cercano. Marvin Powell, que era como un padre para Eddie y dieciséis años mayor que él, era una de las voces que más escuchaba Griffin, y le aconsejó que experimentase su etapa en la universidad.

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vía Sportsa1.com

«He visto grandes jugadores de instituto perder la concentración y que terminan bebiendo en las esquinas de la calle bebiendo botellas de ginebra en bolsas de papel. Eso le advertí a Eddie. Y desde que era un niño pequeño, él soñaba con jugar algún día en la NBA. Ese era su sueño. Tiene la inteligencia para seguir con ello y no distraerse por las malas influencias.» Marvin Powell; New York Times, 2008

Griffin permanecía humilde y prudente respecto a su futuro. Sabía que no precipitarse a esas alturas era lo correcto y decidió hacer caso a los más cercanos. El consejo de Marvin era un motivo de peso. Acabó comprometiéndose con la universidad de Seton Hall Pirates.

«Tenía amigos que me decían que me hiciera profesional, pero la gente más cercana a mí me dijo que no estaba preparado, que tenía que pulir mi juego en la universidad. Entonces dar el salto. Y acepté»

Pero, no obstante, los problemas hicieron acto de presencia. Su graduación peligró.

Tuvo un serio altercado con un compañero de equipo y, a consecuencia de eso, la escuela no permitió que volviera a clases en todo lo que restaba de curso. Así que completó el resto de tareas escolares desde casa bajo la supervisión de su madre, Queen Bowen Griffin. Recibió una semana antes de lo previsto su diploma de graduación.

Por suerte, eso no mermó su compromiso con la universidad de Seton Hall, en aquel entonces dirigida por Tommy Amaker, aún en activo. Coincidió en el equipo con dos de sus amigos más cercanos: Marcus Toney-El y Andre Barrett, del que se hizo amigo en un campus veraniego.

Eddie Griffin tenía 18 años cuando se comprometió a jugar para Seton Hall, dejando a un lado a una ‘power house’ tan importante a nivel nacional como North Carolina. En un principio, Griffin quería irse a jugar Chapel Hill, pero cambió de deseo. Quería jugar con sus amigos [Barrett y Toney-El], pero no podía ser en UNC, pero no había una posibilidad real de que uno de ellos acabara en North Carolina. Y cuando se conoció la noticia de que Toney-El jugaría en los Pirates, Griffin renunció a la beca de los Tar Heels para irse con él.

Eddie Griffin en Seton Hall. (vía: Grantland)
Eddie Griffin en Seton Hall. vía Grantland

Con su llegada, los Pirates eran uno de los más potentes de la nación. Eddie Griffin optaba a numerosos premios individuales y Seton Hall afrontaba una temporada, más bien, ilusionante en cuanto a expectativas. El objetivo era llegar a la Final Four y, por supuesto, ganarla. Ni nada más ni nada menos.

Griffin no tardaría ni cinco partidos en registrar unas cifras que no se lograban en Seton Hall desde hacía cerca de 100 años. El de Philadelphia firmó un triple-doble (21 puntos, 12 rebotes y 10 tapones ante Norfolk State), mostrando que era uno de los mejores prospects de la NCAA en aquel entonces.

Pero llegaban curvas.

La tensión se disparaba en el vestuario de Seton Hall tras una derrota sufrida ante Illinois en la prórroga, partido que llegaron a ir ganando de 21 puntos.

«Ese partido mostró que había algún que otro desacuerdo en el vestuario» Toney-El

Eso no fue todo. En un encuentro ante Georgetown, Tommy Amaker solicitó un pick&pop para Griffin. Ty Shine, base de tercer año, no le devolvió el balón justo cuando el pívot se abrió para lanzar. Eddie le advirtió.

En la siguiente acción, mismo resultado. Amaker solicitó la misma jugada para Griffin, pero el mismo Shine optó por seguir por su propia cuenta, cosa que a posteriori, desencadenaría una trifulca que cambiaría por completo el rumbo de Seton Hall ese año. Al concluir el choque, Griffin se dirigió al vestuario. Algo iba mal hasta que Toney-El entró al vestuario, y éste presenció como Eddie Griffin le había propinado un puñetazo en el ojo a Ty Shine. Entró a separarles, pero ya demasiado tarde. El vestuario ya estaba roto y dividido. El equipo se derrumbó, y Seton Hall perdió fuelle. Encajó un balance de 5 victorias y 11 derrotas en el calendario de conferencia y ni siquiera entraron, por supuesto, en el March Madness. Accedieron al NIT, pero cayeron eliminados.

La temporada en sí fue decepcionante, pero había algo que inquietaba a Eddie. Según contaba Andre Barrett a Grantland, al parecer Marvin Powell había estado hablando con agentes y, supuestamente, aceptando dinero de éstos a espaldas de su hermanastro menor, poniendo a Griffin en una situación compleja e irreversible para su futuro. A consecuencia de esto, su relación se deterioró por un tiempo.

Tras esto, como diría aquel, nada llegó a ser lo mismo.

La fatídica campaña de los Pirates había concluido y era un momento de tomar decisiones, por lo que Marvin Powell trató de concretar una reunión familiar para aclarar el futuro de su hermano menor.

Hacía más de una semana que Seton Hall había caído eliminado en primera ronda del NIT ante los Crimson Tide de Alabama. Pero una llamada lo cambió todo para siempre.

Marvin Powell había fallecido por un ataque cardíaco. Eso dejó una huella imborrable en el corazón de Eddie Griffin, que no pudo evitar sentirse culpable después de casi un mes sin hablar con él. Al parecer, según relataba el Houston Chronicle, horas antes de la tragedia, Marvin había llamado a Eddie. Él no contestó.

Ahora, la marcha de Marvin esclarecía algunas dudas sobre su futuro a nivel deportivo, pero entonces, había muerto una parte realmente trascendental en él. Esa figura ‘paterna’ nunca más estaría a su lado.

Era una tragedia, pero la vida seguía y al programa de Seton Hall le esperaban cambios inminentes. Tommy Amaker aceptaría el puesto de entrenador en Michigan y, pese a que Griffin quería seguir experimentando la vida en la universidad, éste tenía que tomar una decisión compleja.

Él sabía que ese tipo de decisión es la que tomaría con Marvin. El punto de vista de su modelo a seguir en la vida era el que más le importaba, pero éste ya no estaba. Sin embargo, las circunstancias le llevaron a tomar su propio camino. Una parte de él era consciente de que no estaba preparado, pero había motivos para dar otro paso.

«No quería ser un one&done. Llegué [a Seton Hall] con la idea de jugar al menos dos años, pero creo que lo hice mejor de lo que pensaba. He sentido que estoy listo para ello. Jugar en la NBA es mi sueño de toda la vida. Sé que será un gran reto. El año pasado dije eso antes de venir aquí a Seton Hall, pero ahora sí que me siento preparado.»

Al final, un reportero le preguntó sobre qué elección hubiera querido Marvin Powell que tomase, a lo que respondió:

«Creo que él me hubiera dicho que me quedara un año más, pero ahora no puedo hablar por él. [Marvin] dejó 3 niños. Su mujer va a necesitar un poco de ayuda, así que les voy a ayudar.»

Griffin se presentó oficialmente al Draft, pero la sensación con la que se quedó de esa noche fue, más bien, agridulce.

Eddie Griffin en los Rockets. (imagen: Bleacher Report)
Eddie Griffin en los Rockets. (vía: Bleacher Report)

Sus esperanzas estaban puestas en que no caería más allá del pick #5, de los Warriors. Fueron pasando las elecciones, con el #1 Kwame Brown (!), Tyson Chandler con el #2, Pau Gasol con el #3… Y así hasta el #7. Eddie Griffin cayó hasta la séptima elección, correspondiente a los entonces a unos New Jersey Nets que, a posteriori, traspasarían su elección a los Houston Rockets.

La franquicia de Texas apostó fuerte por el joven talento de Seton Hall. Envió a los Nets hasta 3 selecciones de primera ronda. La #13 (Richard Jefferson), la #18 (Jason Collins) y la #23 (Brandon Armstrong). En su primer año en la liga, coincidiría con ilustres como Steve Francis y Cuttino Mobley en unos Rockets que en aquel momento se encontraban en una reconstrucción. A priori, parecía un ‘fit’ ideal en un conjunto joven.

«Hemos conseguido a alguien especial. Teníamos la ventaja de contar con 3 picks, pero ¿cuántas oportunidades se te presentan para conseguir a un jugador especial?», decía Rudy Tomjanovich, entrenador de Houston en aquella época. Tomjanovich hablaba de un jugador de 19 años que acababa de firmar su primer contrato de profesional. Griffin invirtió parte de su primer salario en comprarle una casa a su madre y una para él. La vida de Eddie había dado un giro demasiado drástico en cuestión de 2 años.

El primer año le costó pese a mostrar su potencial en ocasiones puntuales, pero él ni se sentía como en casa ni los resultados acompañaban. Hablaba con frecuencia con Toney-El y Andre Barrett, sus mejores amigos en Seton Hall. Sentía cierta nostalgia y la sensación de no haber tomado la mejor decisión.

«Recuerdo que [Griffin] decía [durante su año rookie] que hubiera deseado continuar en la universidad. Cuando la gente sueña con jugar en la NBA, piensan que todo es genial. Para Eddie, había mucha codicia y egoísmo. [Griffin] Nunca buscaba la atención. La atención y la fama llega una vez llegas a la NBA, a él nunca le gustó eso. A él le gustaba jugar y estar en la liga, pero toda la presión y alboroto que conllevaba, además de la avaricia y el egoísmo, eso a él no le gustaba.»

De hecho, huía a los focos y de la prensa. Lo detestaba. Se mostraba distante, incluso, con miembros de la misma organización de Houston.

Tras un 2001/02 en el que los Rockets terminaron por la cola con un balance de 28-54, pero contaron con la suerte de obtener el próximo pick #1 del Draft. Yao Ming sería su elección. Tomjanovich se frotaba las manos con lo que tenía a su disposición. Soñaba con una pareja interior demoledora para el futuro, pero a la larga quedó en nada más que un deseo.

Griffin no tuvo un buen segundo año y tuvo problemas con la justicia. Fue arrestado en 2003 por posesión de marihuana y exceso de velocidad. «Estoy decepcionado porque he defraudado a los demás [a los Rockets]», decía al día siguiente a los medios.

Concluyó la temporada 2002/03 otra vez en blanco y empezó la offseason con algún que otro cambio. Jeff Van Gundy reemplazó a Rudy Tomjanovich después de que a éste se le detectaran problemas de salud de importancia.

Pese a su desilusionante segundo año, la confianza en el ex jugador de Seton Hall seguía intacta. Tal era la fe en el jugador que los Rockets llegaron a rechazar una oferta de los SuperSonics que incluía primeras rondas a cambio de Eddie Griffin. Houston rechazó. «Ni siquiera lo consideramos», decía Van Gundy.

Pero había algo en Eddie que le preocupaba a Jeff.

Griffin ya no era el mismo. Se mostraba en ocasiones muy reservado y desinteresado. Como si los fantasmas de la muerte de Marvin hubieran vuelto a hacer acto de presencia en sus pensamientos una vez más. No jugaba con la misma pasión que éste le había enseñado. Tenía problemas.

Un día, tras haber entrenado por la mañana, el equipo tenía planeado volar hacia Sacramento. Los jugadores estaban citados en el aeropuerto, sólo que Griffin ni se presentó. Se quedó en casa y apagó el teléfono.

«Esa mañana estaba bien, pero en pleno entrenamiento empecé a pensar sobre lo que estaba haciendo con mi vida y me sentía cada vez peor».

Éste aceptó la sanción de dos partidos impuesta por el equipo después de haber permanecido en casa durante dos días. Después de esa sanción, lo volvió a hacer. No hizo acto de presencia en un entrenamiento que planeó Van Gundy para él. Pues los Rockets le suspendieron de forma indefinida.

Lo peor estaría por llegar. Joann Romero, mujer con la que se estaba viendo Griffin en aquel entonces, descubrió que Eddie se estaba acostando con otra, desencadenándose una seria trifulca. Atizó un puñetazo a su novia y disparó una arma de fuego cuando el coche de ésta se alejaba. Algo que sentenciaría su carrera en Houston y agravaría sus problemas. «Tan sólo tuvimos una discusión», le dijo Griffin a Keith Jones, médico de los Rockets.

Posteriormente, fue ingresado a una clínica para tratar sus problemas depresivos durante 6 semanas, donde pudo hablar abiertamente sobre cómo le afectó el fallecimiento de Marvin.

Los Rockets, sin embargo, decidieron lavarse las manos. Prescindieron de Eddie Griffin en Diciembre de 2003 para evitar males mayores. La paciencia con él se había agotado.

Y si bien Griffin tenía sus dificultades, también escondía un secreto. Según contaban las malas lenguas, se especulaba con que Eddie Griffin había empezado probar la bebida en el instituto, y también en su etapa en la universidad.

«Todo se intensificó cuando su hermano murió», decía Rusty Hardin, su abogado, al Houston Chronicle. «Era un buen chico. Él era uno de esos cientos y miles de personas en este país con el mismo problema. La única diferencia es que él lo sufrió en público porque era un atleta y tenía dinero».

Pero aún contando con ese historial y tras superar la terapia, Ed Stefanski, en aquel tiempo mánager general de los New Jersey Nets, le dio una oportunidad después de que los Rockets prescindieran de sus servicios.

Pero no disputó un sólo minuto con la camiseta de los Nets.

Una vez firmado su contrato con los Nets, se hospedó en el mismo hotel en que albergaba a los jugadores de Seton Hall antes de los días de partido. En esos días, Marcus Toney-El, John Allen y Andre Barrett continuaban en los Pirates y se reunieron para recordar viejos tiempos. «Por una noche, fue como los días en el equipo de la AAU», decía Allen. «Pero un par de días después, él estaba en problemas por algún lío que montó en el hotel».

Y de hecho, así era. Protagonizó un bizarro incidente en dicho hotel que provocó que, a posteriori, los Nets le cortasen. Intervino en una boda en la que no estaba invitado, firmó unos autógrafos y repartió entradas para un partido de los Nets.

Horas después, aparecía en la habitación del recién casado, John Dodds. Para Griffin aún no había acabado la fiesta y quería más. Dodds arremetió contra Eddie con un “calificativo racial”, la cosa llegó a mayores y el de los Nets le atizó un puñetazo. Acabó interviniendo la policía y al final no se presentaron cargos contra el jugador.

«Es quizá la primera vez que nos dimos cuenta de la magnitud del problema que tenía», aseguraba Rusty Hardin. Al parecer, con la investigación en curso, se conoció que Griffin pidió unas 22 bebidas a su habitación de hotel, según su abogado.

Después del incidente, los Nets le cortaron.

«En este momento no creo que Eddie esté preparado para jugar en la NBA», anunciaba Rod Thorn, ejecutivo de los Nets.

Días más tarde, Griffin sería arrestado en Houston por violar su toque de queda ordenado por el juez por su incidente en el pasado con Joann Romero. El juez ordenó que Eddie entrase al programa de rehabilitación de John Lucas y que estaría bajo la custodia de éste.

Para situarnos, en el pasado, John Lucas -primera elección del Draft de 1976-, ya pasó por un episodio de abuso de sustancias. Una vez recuperado, pasó a ayudar a los que sufrían el mismo problema por el que él pasó.

Griffin estaba a tiempo de rehabilitarse de su adicción y poder recuperar el rumbo. De hecho, pasó un año apartado de las canchas por tal de poner orden en su vida. Todo bajo la supervisión de Lucas.

Griffin en Minnesota (vía: rantsports.com)
Griffin en Minnesota (vía: rantsports.com)

El panorama había mejorado y se sentía con ganas de volver y de empezar de nuevo. En 2004, los Minnesota Timberwolves le dieron una oportunidad de que, de una vez por todas, el baloncesto fuera la mejor terapia para rehabilitarse por completo.

«Eddie siempre ha tenido el potencial de ser algo especial», decía Kevin Garnett, su compañero de al lado en el vestuario. «Eddie ha sido la única persona que ha podido parar a Eddie».

Y desde luego, no le faltaba razón.

En los Wolves acumularía buenos partidos, finalizando un año 2004/05 prometedor. Eso hizo que Griffin consiguiera un nuevo contrato con los de Minneapolis en la offseason, cifrado en $8.1M en tres temporadas. Demostró ser un jugador aún con cosas a mejorar, pero que generaba impacto cuando estaba en pista. Estaban satisfechos con su rendimiento.

No obstante, el año siguiente Flip Saunders (en paz descanse) fue cesado y Dwane Casey tomó el relevo. Poco a poco, los minutos de Griffin se vieron reducidos y empezó detectarse ciertos síntomas de frustración en él.

«Es complicado levantarse e ir a un partido sabiendo que no voy a jugar»

Poco después, en 2006, Griffin protagonizaría otro extraño incidente. Un hombre vio como el coche de Eddie Griffin chocaba con su vehículo aparcado delante de una tienda. Un testigo que estaba dentro de la tienda llegó a asegurar que Griffin iba ebrio y que se estaba masturbando dentro de su coche. Éste entró a la tienda suplicando que no llamara a la policía y que le compraría un coche nuevo como compensación por los daños causados. Un rato después, no obstante aparecerían dos agentes de policía, que observaron la escena: deterioro serio del frontal del coche de Griffin, los airbags desplegados y la película porno aún reproduciéndose. Fue acusado por conducir sin licencia y conducción temeraria.

En 2006/07, después de 13 partidos, los Timberwolves le cortaron. Volvió a Houston y fue arrestado en dos ocasiones. La segunda vez fue por una pelea con su hermano, Jacques, pero no se presentaron cargos.

Pasó un tiempo y volvió al trabajo. Quería otra oportunidad, y trabajaría con Calvin Murphy, leyenda de los Houston Rockets, para lograrlo. «Estaba ahí cada mañana, y no podía estar más satisfecho de su progreso. Mejoró mucho», decía Murphy a ESPN.

Y por otra oportunidad, él estaba dispuesto a irse donde fuera, incluso si eso también significaba “pasar” de la NBA y cruzar el charco aun teniendo 24 años. Su agente, Jeff Wernick, manejaba una oferta de un equipo serbio en el que estaban dos de sus mejores amigos, Marcus Toney-El y John Allen. «[Griffin] estaba cansado de todo. Tan sólo quería jugar», mencionaba Allen.

Esa ilusión de volver a jugar era un oasis de esperanza para recuperar las ganas de vivir, pero fue simplemente un deseo fugaz. El destino volvió a ser cruel con él.

Una noche, la gente presenció fuego. Era una explosión. Las autoridades explicaron que un vehículo se había acercado en exceso a las vías del tren y que un tren de mercancías lo había arrollado.

Esa semana de dicho accidente, Eddie pidió a Calvin adelantar los entrenamientos una media hora antes de lo previsto. Murphy lo llamó para recordárselo una mañana. «Estoy de camino», dijo Griffin a Murphy. Pero pasaron los minutos, las horas, y Eddie nunca se presentó al workout. Algo iba mal.

Pasó el fin de semana, pero la familia de Eddie ni nadie no había recibido noticias suyas tras el incidente del tren.

«Creo que está muerto», le dijo Jeff Wernick a uno de los asociados de Rusty Hardin. Esos días de desaparición alimentaron la teoría. No desaparecería sin más.

«Él estaba decidido a irse fuera [de USA]. Nunca llegué a aceptar la historia de que él condujo hacia ese tren», afirmaba Jim Salmon, entrenador de Griffin en el equipo de la AAU.

A posteriori, durante la investigación, se identificó que el vehículo siniestrado pertenecía a Eddie Griffin. Las pruebas posteriores revelaban que el cuerpo, efectivamente, era el de Griffin. La autopsia reveló que el nivel de alcohol en su sangre triplicaba el límite legal establecido en el estado de Texas.

Griffin fue víctima de una carga que arrastró desde la universidad y que le obligó a crecer a marchas forzadas. La muerte de su hermanastro le destrozó, y el alcohol lo agravó. Ahora, Eddie descansa al lado de su gran compañero, Marvin Powell, en un cementerio de Philadelphia. Su mentor, su conciencia y una parte de él. Vuelven a estar juntos, pero no de la manera que Eddie deseaba.

«Eddie ha sido la única persona que ha podido parar a Eddie» Kevin Garnett (2004)

Creció rápido, vivió poco, y sufrió más. Esa joven promesa que iba a comerse el mundo acabaría siendo devorado por sus propios demonios.

Al final, Kevin Garnett tenía razón. Él mismo era el único capaz de pararse. Pero esta vez para siempre. 


[Fuentes: Houston Chronicle, Associated Press, Grantland, ESPN, USA Today, New York Times, Philly.com]

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