Sin muro no hay paraíso

No, este no es el artículo que leería Ho Chi Minh en la jungla. Acabamos de vivir dos años en los que la lógica política que había regido nuestra forma de situar los sucesos se ha venido abajo. No ha pasado por ser un proceso natural inevitable (nada en política lo es), sino porque se ha producido una crisis de representatividad por muchos frentes. Cuando pongo sobre la mesa que «sin muro no hay paraíso», tiene un punto de metáfora y otro de sentido literal. Metáfora porque en ningún caso ir en contra de los intereses de la gente es el objetivo asumido voluntariamente por la izquierda. Pero literal porque es lo que ha hecho. El muro es un paraíso en el que vive una parte sustancial de la izquierda. Porque es cómodo. Porque mirarte al espejo y verte guapo nos gusta a todos. Cuando no te manchas de cotidianidad tienes la posibilidad (y a veces la capacidad) de construir una realidad casi virtual. Es radicalmente sencillo hacer política desde una posición marginal porque no asumes riesgos. Y cuando no asumes riesgos, no puedes equivocarte.

Es evidente que perder una guerra civil se convierte potencialmente en perder culturalmente un país. Y a eso le sigue inevitablemente la tarea política de recuperarlo. Pero la cultura de la derrota es terriblemente reconfortante porque te permite irte a dormir sabiendo que los demás son idiotas, pero que tú tienes razón. Y los que buscan consuelo a sus errores en su propia verdad absoluta podrán ser muchas cosas, pero no revolucionarios. Y no es que quiera yo apropiarme de la capacidad para repartir carnés, eso lo van a seguir haciendo los que (con dudoso criterio) siempre lo han hecho.

Creo además que la izquierda debe repensarse a sí misma para salir de su burbuja. Debe repensar su manera de actuar, sus dogmas, sus verdades absolutas, su posición de faro-guía del “rebaño idiota”… debe repensarse para dejar de ser lo que es ahora. Debería, por ejemplo, dejar de asumir que la calle son las manifestaciones y que el poder se consigue mediante la movilización. Es de una mira muy corta entender como “calle” a un grupo de militantes haciendo una manifestación (de mayor o menor envergadura). La calle es mucha gente que nunca ha pisado una manifestación. Es gente que no sabe qué significa una bandera u otra. Querer construir un proyecto político solo con la gente que ya se mueve en las mismas sensibilidades que tú es un error estratégico fatal.

Cuando la izquierda española mira a Latinoamérica y dice “fíjate qué bien, en Venezuela o en Ecuador la gente es de izquierdas” comete un error enorme. En Latinoamérica la gente no se despertó un día y como consecuencia de un magnífico trabajo discursivo de comunistas y socialistas se volvió de izquierdas. No cantaron la Internacional en comunas en Caracas, cantaron el Gloria al Bravo Pueblo haciendo coro a Hugo Chávez. Pero es más sencillo pensar que la gente que antes no veía las cosas como tú, ahora, mágicamente, ha comenzado a hacerlo. Porque el muro es tranquilizador, erótico y cariñoso. Pero como pasa con toda ruptura, la izquierda tiene que ir superando ya que el muro cayó en el ’89 y que el siglo XX le dejó sin nota de despedida.

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