Calladitos estáis más guapos

Un grupo de violentos manifestantes impide a Felipe González participar en un debate en la Universidad Autónoma. Las hordas anárquicas toman las calles por la fuerza. La democracia en peligro. Que vienen los rojos a destruir la sacrosanta civilización cristiana occidental. Todos estamos en peligro. La culpa es de Podemos y ese tío tan chungo de la coleta. Etc, etc, etc.

Esto es más o menos (exagerado ligeramente para que usted, querido lector, se eche unas risas y olvide durante unos segundos la triste naturaleza de esta situación) lo que el transeúnte despistado puede encontrar como programación estrella del circo mediático si decidiese asomar la cabeza para ver qué se cuece en el panorama nacional. Parece que la mayor preocupación del Estado español es el boicot que un grupo de estudiantes  realizó a un acto en el que iban a participar Felipe González y Juan Luís Cebrián, héroes democráticos donde los haya. El debate fue suspendido, y ambos se quedaron sin espacio para expresar sus ideas. Supongo que debe de ser una sensación a la que no están acostumbrados y claro, eso escuece.

Más allá de querer reconocer el mérito periodístico que corresponde a estas dos figuras, al haber conseguido lo que no hace tanto parecía imposible, a saber, situar en la misma línea a La Razón, ABC y El País, quería utilizar este episodio del que ya mucho se ha hablado para ejemplificar una humilde cuestión: ni se te ocurra protestar saltándote las normas. Porque entonces eres un peligroso radical que desea la destrucción del sistema democrático y atenta contra las libertades civiles. Y probablemente disfrutes con las películas de Adam Sandler.

Tampoco es que os esté descubriendo la pólvora. Con el Partido Popular al timón, España ha tomado un rumbo cada vez más restrictivo en lo que respecta al margen que poseen los ciudadanos para expresarse mediante la protesta. Al fin y al cabo, es algo que perturba el orden existente, y sin orden seguramente los guiris se vayan a veranear a otra parte. Sin embargo, lo cierto es que los movimientos contestatarios han visto como su imagen se iba degradando cada vez más. Convertidos en elementos peligrosos que amenazan la integridad del sistema, aunque se trate de uno corrupto y lleno de injusticias.

La ley y el orden se emplazan como los pilares básicos de la sociedad. Los elementos que sustentan nuestro mundo y lo resguardan de cualquier peligro, y por ende a nosotros también. Sin embargo, basta con abrir un libro de historia para darse cuenta de que el orden no implica justicia, y si esa sociedad civil de la que tan orgullosos nos sentimos ha llegado a ser lo que es, ha sido gracias al esfuerzo de multitud de personas que arriesgaron su integridad para luchar contra la furia mecánica del Leviatán. Aquellos que lucharon contra el sistema para hacer de este un lugar mejor.

Así pues, ¿por qué hemos llegado a temer tanto la posibilidad de acciones que desacaten las normas vigentes, en pos de un bien mayor? ¿Por qué la actuación de un grupo de jóvenes universitarios representa tal amenaza? Resulta curiosa la reivindicación que muchos partidos políticos hacen de acontecimientos como el Mayo Francés o el Movimiento por los Derechos Civiles, y que representaron un choque directo con el sistema, mientras miran horrorizados al 15-M o las actuaciones de la plataforma Stop Desahucios.

Desventajas de pertenecer a ese sistema que, de nuevo, lucha contra el cambio supongo.

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