Qué significa y qué puede significar la abstención del PSOE

Pues ya ha ocurrido. El Partido Socialista, y después de diez meses, ya se ha decidido. El Comité Federal del partido reunido ayer decidió por 139 votos a favor y 96 en contra la abstención del grupo parlamentario en la investidura de Mariano Rajoy.

El Partido Popular, por tanto, va a poder pasar el trámite de la investidura y formar Gobierno el 31 de Octubre al conseguir más “síes” que “noes”.

Cuántos/as de los diputados socialistas van a desobedecer la disciplina de partido no lo sabemos, aunque ya se cuenta con candidatos seguros: los siete del PSC, los dos de las Islas Baleares, la independiente Margarita Robles, y la duda de que hará el ex secretario general Pedro Sánchez. Cuantos más desobedezcan mayor será la muestra de “vida ideológica” dentro del partido…al mismo tiempo que mayor la escenificación del desgarre interno. Si todos obedecen será menor la imagen de división… al mismo tiempo que mayor la de deriva política del partido. “Muerte o muerte”.
A favor de la abstención se han posicionado los 20 diputados de la “todopoderosa” federación andaluza, los de Extremadura y los de Castilla-La Mancha. Toda una radiografía de la división geográfico-política del partido y también, seguramente, del país.

Todo ello sin dejar votar a la militancia. Obviamente, a nadie se le escapa, porque sabían perfectamente qué habría votado. El giro conservador del PSOE se muestra también en esto, la asunción repetida de una máxima peligrosa: “a veces la gente no debe poder opinar”.

La crisis y la decisión tomada por el partido no es comprensible de buenas a primeras; sólo como fruto de una evolución política de años. Al mismo tiempo, en ellas (crisis y decisión) se plasman como en ningún otro elemento la situación actual del sistema político nacido de 1978. Ambas cosas hacen que sea importante pensar cómo hemos llegado hasta aquí y qué escenario político e institucional se abre en el país a corto y medio plazo desde la óptica de cambio.

Militantes del PSOE a las puertas de Ferraz (vía EFE)
Militantes del PSOE a las puertas de Ferraz (vía EFE)

Cómo hemos llegado hasta aquí y qué significa esta abstención

Que el Comité Federal del Partido Socialista decidiera ayer la abstención es la última manifestación  -y seguramente la más mediática- de un proceso de estrechamiento político del sistema político español.

Manteniéndonos en el marco de esta crisis y su gestión, podríamos decir que este estrechamiento se manifiesta por primera vez el 10 de mayo de 2010, con el anuncio del presidente José Luis Rodríguez Zapatero de la batería de recortes sociales más grande aprobada en los años de democracia[1].

Desde entonces las medidas de recortes se suceden, pero el verano de 2011 supone seguramente el punto de inflexión de ese estrechamiento político en España entre las dos principales fuerzas con opciones de gobernar. PP y PSOE (aún en el Gobierno) acuerdan modificar el artículo 135 de la Constitución para priorizar el pago de la deuda sobre cualquier otro gasto del Estado. La deuda, entonces, pasa a estar por encima de los servicios públicos y por tanto, implícitamente, de las condiciones de vida de los españoles. “Constitucionalización del neoliberalismo” es un término que creemos que se ajusta bien a lo que implica esta medida: la imposibilidad de que el Estado, en momentos en que la situación así lo requiera y aunque sea de forma temporal, pueda incurrir en déficit. Diciéndolo de otro manera, la imposibilidad de efectuar políticas contracíclicas.

Las distintas medidas aprobadas por el Partido Socialista durante sus años de gobierno suponen entonces:

  • En términos materiales, una regresión en derechos sociales conquistados durante años (muchos durante los propios años de gobierno del Partido Socialista).
  • En términos ideológicos, el hecho de que sean tomadas por el principal partido de izquierdas en España[2] implica una asimilación con las políticas de la derecha en Europa y, lo que quizá es más relevante, el inicio de la reproducción de que “no hay otra política posible” ni otro modo de gestionar la crisis.

Si bien las políticas en el ámbito socioeconómico suponen el núcleo que explica su evolución, la agudización del problema territorial (catalán) en el Estado y el comportamiento de los distintos partidos políticos -también del PSOE- supone otra pata necesaria para entender esta decisión.

La tensión de la cuestión catalana, fruto de la inexistencia de vías democráticas para tratarla (las únicas posibles cuando hablamos de un problema político),
ha desembocado tras años de maduración en que se fueran eliminando del debate las posturas grises para sólo quedar las dos antagónicas: o el “sí” a la independencia de la CUP y JpS, o enfrente un “no” a cualquier diálogo por parte del Gobierno y del Partido Popular. El PSOE, como en muchas otras ocasiones, se habría quedado en medio, con una postura tímida del PSC y de la dirección de Madrid por una solución federal. Mientras, los sectores meridionales del partido (los mismos que de manera más o menos activa han participado en el “golpe” interno) se habrían decantado de nuevo por la posición centralista y contra el diálogo mantenida por el Gobierno. Son terribles las palabras de Susana Díaz en un mitin de campaña para el 26-J, diciéndole fervientemente a los suyos que “Los votos de los andaluces no van a pagar los privilegios de la señora Colau”[3].

Si bien este tipo de intervenciones (en contenido y en forma) no son la norma en el partido, en todo caso preparan el terreno –y esto es lo importante- para una demonización del independentismo que permite pensar, incluso, que es “menos malo” entregar el Gobierno al partido antagónico ideológicamente que además se encuentra enfangado en la corrupción, que intentar dialogar y acordar con unas fuerzas políticas que, en algún caso, se han vuelto independentistas después de lo que han entendido como inexistencia de vía política alternativa en Catalunya.
Si el obstáculo real eran los independentistas o era Podemos resulta hasta cierto punto irrelevante porque, de hecho, quienes más agresivos eran contra el independentismo también lo eran frente a Podemos (Susana Díaz de nuevo a la cabeza en ambos casos).
Por tanto puede ser que la posibilidad de intento de acuerdo con los grupos catalanes fuera “la excusa” que necesitaban algunos para matar tres pájaros de un tiro: recuperar el carácter de “partido nacional” del PSOE (que se traduce, para quien lo dice, en no hablar con las fuerzas de una parte del Estado); evitar al mismo tiempo el acuerdo con Podemos y, por último y no menos importante, cargarse al molesto y pusilánime secretario general.

Amistades peligrosas (vía lasvocesdelpueblo.com)
Amistades peligrosas (vía lasvocesdelpueblo.com)

En el Parlamento y más allá. ¿Qué situación se abre?

Desde el punto de vista del propio Partido Socialista la situación que comienza ahora con el inicio de la legislatura va a estar marcada por su imposibilidad para reproducir un discurso creíble –si quiera inteligible- sobre su actuación.  Algo así como <<Nos abstenemos para que pueda haber Gobierno pero no apoyamos al PP y no queremos que gobierne bien y se lo le vamos a poner muy difícil desde el Parlamento>> resulta desde todo punto de vista incomprensible para sus votantes y para cualquier ciudadano.

¿Qué hará entonces el PSOE? ¿Corregirá su rumbo? Su necesidad evidente sería distanciarse del Partido Popular en la actuación política diaria. Pero algunas de las intervenciones públicas de sus dirigentes estos días (especialmente a raíz de la protesta de los estudiantes de la UAM contra Felipe González), se dirigían con rabia contra Podemos[4], con una agresividad propia de quien ve que le van a comer la tostada.
Como si Podemos, por el hecho de explicitarla, fuera el responsable de la derechización y consecuente crisis del PSOE.

En este periodo que se abre nada peor podría hacer el PSOE que enrocarse frente a Podemos y en la defensa de aquellos que han precipitado -de forma escandalosa y por supuesto ajena a cualquier cauce democrático-, de forma sucesiva: la crisis del partido, la convocatoria del Comité Federal y la decisión de abstenerse deseada por Felipe González y Juan Luis Cebrián[5].

Al margen de ello creemos que Podemos no debe dejarse arrastrar a “la pelea” que, si no el Partido Socialista, sí va a seguir tratando de protagonizar el diario El País[6]. Ello conduciría a un rifirrafe constante “dentro de la izquierda” que nos dificultaría, de nuevo, hacer aquello con lo que siempre ganamos posiciones: hablar de lo que ocurre en nuestro país, del recorte de derechos durante años y de la posibilidad de un horizonte democrático nuevo que tenga como fin recuperarlos.

Tampoco parece aconsejable una “especial dedicación” a explotar las contradicciones internas del PSOE. Recordemos que, muchas veces, intervenciones que van (o que parecen ir) en esta dirección fuerzan el reagrupamiento al enemigo común. Reagrupamiento que, precisamente, supera las divisiones y las vergüenzas propias.

La dinámica institucional ya va a conducir al PSOE a la elección constante entre participar de las mayorías parlamentarias junto a Unidos Podemos -y más grupos- frente al Partido Popular, y por tanto evidenciar “el Gobierno que podría haber”… y dejarse secuestrar por el PP en el cumplimiento de las órdenes de Bruselas de recorte del gasto público. Recorte o aumento de recaudación que, es de suponer, el Partido Popular no tratará de obtener de los que más tienen sino, de nuevo, de la inmensa mayoría de los ciudadanos del país.

De un modo u otro la situación coloca de facto a Podemos como la oposición al Gobierno de PP, y en la posibilidad de encarnar el horizonte futuro que el PSOE ha abandonado poco a poco y que representa hoy menos aún que ayer. Ni más ni menos que el de un país con derechos en el que los más ricos (sea para aprobar leyes a su favor o para cambiar la decisión de un partido) no se salgan siempre con la suya.

 

_________________________________________________________________


[1]
http://www.expansion.com/2010/05/12/economia-politica/1273648244.html

[2] Y aquí creemos que da igual hasta qué punto sea “objetivamente” de izquierdas, lo es en cuanto principal partido –especialmente lo era en aquél momento- al que vota la gente que se identifica como de izquierdas en España

[3] http://www.elmundo.es/andalucia/2016/06/11/575c3c4622601d531a8b4572.html

[4] Tratando de establecer una vinculación absurda y orgánica entre la protesta y Podemos. Más, en algunos casos, de lo que se ha aventurado a hacer la derecha.

[5] El 28 de septiembre dimitían 17 de los 35 miembros de la Ejecutiva del Partido para forzar la caída de Sánchez; al día siguiente Felipe González decía en una entrevista sentirse “engañado” por el secretario general y el diario “El País”, ese mismo día, decía abiertamente en su editorial que “El cese inevitable y legítimo de Pedro Sánchez es la única salida para el partido”. Dos días después, el sábado 1 de octubre, Sánchez dimitía en el Comité Federal del partido.

[6] El otro día vimos un buen ejemplo de ello: http://politica.elpais.com/politica/2016/10/19/actualidad/1476874957_452164.html

 

Anuncios

Un comentario en “Qué significa y qué puede significar la abstención del PSOE

  1. Estupendo análisis. Gracias!
    Yo también opino que Unidos Podemos mejor que no entre en “asuntos internos” y vayamos haciendo nuestra labor de hormiguita hacia el necesario cambio de régimen para la gente. Salud.

    Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s