Paquita Salas, delirio televisivo sin aditivos

Hace apenas unos meses se estrenaba en Flooxer, el Youtube del grupo Atresmedia para los despistados, Paquita Salas, una original webserie desarrollada por las mentes soñadoras y creativas de Javier Calvo y Javier Ambrossi, autores también de la obra teatral La Llamada, llevada ahora con éxito al cine.

Lo primero que sorprende cuando uno se sumerge en el mundo de Paquita, una auténtica estrella ya entre jóvenes y no tan jóvenes, es su campechanía y realismo. El personaje, interpretado por el actor Brays Efe, simboliza a una representante de artistas en sus horas más bajas, acompañada siempre de su fiel e inocente –o no tanto- secretaria, a la que le da vida la omnipresente y maravillosa Belén Cuesta.

Nuestra protagonista y su mecanógrafa personal son personajes antagonistas. La diva entrada en años, megalómana, ambiciosa y soñadora y la empleada joven humilde, ignorante, algo necia y pragmática, hacen un dúo que se complementa estupendamente y que convierte la escena en una divertida narración de la realidad laboral frenética y un pelín esquizoide que vive la industria televisiva.

En los cinco capítulos emitidos, se resume muy bien el mundo de los artistas y de la televisión, con toda su parafernalia hipócrita incluida, por todos bien conocida. Hay cameos de actores famosos, como Macarena García, Secun de la Rosa o Natalia de Molina, que añaden todavía más naturalidad si cabe al relato y que suman fabulosos gags humorísticos críticos con la profesión, hasta hoy bastante difíciles de encontrar. Y es que no es común ver en la ficción española a actores reírse de su trabajo, en una suerte de caricatura de sí mismos.

Sexo salvaje, alcohol, egos descontrolados y trastadas profesionales varias son muy bien retratados, y quien sabe si exagerados, en los algo más de veinte minutos que dura cada episodio. El clásico artisteo se convierte así en estrella por unos minutos, más por sus sombras que por sus luces, algo que también ha sido representado recientemente en series tan acertadas como ¿Qué fue de Jorge Sanz? de David Trueba, donde se ridiculiza el ocaso de la fama,  o películas como Mi gran noche, de Álex de la Iglesia, que juegan con la ambición entre bambalinas.

La webserie, parida por el talento, es un avance muy positivo en el audiovisual de nuestro país y da pie dos reflexiones interesantes a modo de conclusión. Por un lado, hay que reconocer que la ficción hispana todavía debe desarrollar su vis más innovadora ahora que se encuentra en su mejor momento desde hace años, apostando más por formatos tan irreverentes y políticamente incorrectos como Paquita Salas y olvidando el abuso de las típicas series costumbristas, necesarias, pero que en grandes dosis tan solo generan parálisis mental y conformismo en el espectador. Sin embargo, este proyecto deja entrever, por otra parte, que hay iniciativa e ideas, y que tan solo se necesita de productores y empresas que crean e inviertan en nuevos lenguajes para terminar por revolucionar el sector y pluralizar y democratizar aún más las audiencias.

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