Heil Führer

En el fútbol, como en la vida, siempre necesitamos a alguien que nos guíe y nos enseñe el camino correcto a elegir, que nos haga ir por el camino de la victoria. Se suele decir que el motor de un equipo es el mediocampo, es cierto, los mediocentros llevan la batuta del juego, dirigen el balón de lado a lado, manejan los tempos y hacen que el equipo se mueva como un acordeón en perfecto estado. A menudo, esos mediocentros se convierten en jugadores mecánicos, pierden corazón, pierden el espíritu de jefe. Es entonces cuando hace falta un führer, alguien que los guíe, que haga que ese equipo, esos diez jugadores de campo se mantengan en pie.

Cuando se habla de la posición de defensa central uno imagina a los grandes de este siglo, uno piensa en Carles Puyol, en Paolo Maldini, en Fabio Cannavaro, en Jamie Carragher, en un jugador que se impone sobre el resto y se deja la cara en el campo. Es entonces cuando uno mira al presente, a 2016 y se lleva una agria sorpresa, en donde este tipo de jugadores están desapareciendo, quedan pocos, y seguramente el máximo estandarte sea Sergio Ramos – pese a perder la posición finde sí, finde también- , y unos puestos por detrás jugadores como Nicolas Otamendi o Laurent Koscielny. Cuando uno piensa en este tipo de jugadores no piensa en su calidad con el balón, también necesaria, piensa en su carácter. El contagio de actitud al resto de compañeros a veces es más importante que saber hacer de manera perfecta tres o cuatro cambios de orientación, dejémosle eso al pivote, que se encarguen otros.

Los mediocentros son la extensión del entrenador, manejan el juego, los “führers” son la extensión del aficionado más hooligan. Entre nuevos modelos de botas, colorines y detalles estéticos tiene que permanecer en el fútbol este tipo de jugador, algo que conserve la esencia dentro del campo. Franco Baresi dijo hace un tiempo algo sobre Carles Puyol que remarca este espíritu: «Puyol pone la cara donde a cualquiera le daría miedo meter el pie», y no le faltaba razón, pero, ¿eso lo harían todos? En el momento en que se pone en duda este hecho, se cae en la decepción futbolística. La pérdida de estos valores en el fútbol es un hecho prácticamente irremediable, porque no nos engañemos, el gran porcentaje de los niños (y niñas) no se fijan en el muro que era un jugador como, por ejemplo, Marco Materazzi, se fijan en lo bien que celebra los goles Cristiano Ronaldo o en las frases polémicas de Zlatan Ibrahimovic o Gerard Piqué. Pero queramos o no, esta figura siempre será necesaria, mientras permanezca se le seguirá admirando, tras su desaparición en favor de centrales técnicos y fríos, se les echará de menos.

Pero no caigamos en el error, no puede haber dos jefes. Al lado de él debe de haber alguien que transmita calma, alguien que use la cabeza los 90 minutos. Porque al final, en la vida como en el fútbol, en el equilibrio está la virtud, y al final siempre ganan los más listos y los que consiguen jugar a la vez con el corazón y con la cabeza, los que juntan a Otamendi con Stones, y no a Otamendi con, por ejemplo, Gary Medel.

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