La cadencia del cisne

Alcanzar la gloria es una pugna continua. Una lucha que se resume a un segundo concreto. Cuando todo se para. Las pupilas se dilatan, los focos se centran en un punto, el silencio tiene sabor y el aire es denso.

Todo parece perdido, quedan 19 segundos y San Antonio acaba de anotar para aumentar la distancia a 3 puntos de diferencia. Otra vez. Otra vez te vas a quedar a las puertas de la gloria. Esta vez no será Kobe Bryant, no será Allen Iverson, el juego ha querido que tu verdugo sea Tim Duncan.

Mario Chalmers sube la bola, hay un cambio defensivo que le empareja con Kawhi Leonard liberando al más feroz depredador del baloncesto para acabar con su presa. Chris Bosh bloquea la ayuda de Tony Parker e impide llegar a Boris Diaw a puntear, LeBron James está solo para anotar. El balón sale de sus manos y es escupido por el aro. El caos se apodera del American Airlanes Arena, ese rebote decidirá el campeonato. Prórroga o anillo para San Antonio. El esférico lo recoge Bosh y ahí estás tú. Tú, que te has preparado para este instante desde que ibas de base militar en base militar cuando eras adolescente.

Expandes el campo, caes en dos tiempos. Izquierda, derecha. Los talones en el aire, sobre las puntas de tus pies, lo necesario para mantener la fuerza y tensión en tus piernas y así elevarte. Una parada de libro. Pero correr hacia atrás hace que todo tu peso esté delante, así que te equilibras en el salto con tu cadera. Te elevas y asciendes mientras América y el mundo entero contienen la respiración.

Back out to Allen, it’s three point shoot… Bang! IT’S IN! TIE GAME WITH 5 SECONDS REMAINING!

Tumbada la muralla queda lo más complicado: tomar la ciudad. Primero tendrás que aguantar el último envite que te permitirá adentrarte entre las callejuelas. Parker fallará su semi-tiro y tú y tus compañeros os jugaréis continuar con vida durante cinco minutos más. Días después cuando la bocina suene, el confeti caerá del cielo y el champagne fluirá sin control, habrás tocado la cima por una última vez.

vía CBS
vía CBS

Resulta curioso cómo funciona la mente humana en el deporte y más aún en estos momentos críticos, donde el individuo apoyado en el resto de compañeros y público es capaz de sacar fuerzas de donde no había para alcanzar un estado mental superior. Creer a partir de otros, un estado de enajenación en el que las consecuencias carecen de sentido porque sólo hay un objetivo. Esa rabia, ese miedo, esa tensión contenida que se canaliza con un grito descomunal cuando el balón entra o suena la bocina.

Durante la última década, madrugada tras madrugada hemos visto danzar por la pista a un sujeto de 1,96 de tez oscura y frialdad impasible. Ray Allen (1975) representa la perfección técnica, el culmen individual llevado hasta el extremo. Aquello que se dice de pulir el detalle tenía su personificación en el californiano. La llama de Sugar Ray ha alumbrado a varias generaciones de aficionados al baloncesto que han disfrutado viendo el baile de este cisne por las canchas de toda América.

Porque Allen no corría, él danzaba. Una coreografía perfecta y delicada que se transformaba en la más bella mecánica que un servidor ha podido ver. Quizás el último espécimen del estilo del tirador clásico del que toda su fuerza proviene de sus piernas. Al contrario que muchos jugadores actuales como Stephen Curry, Klay Thompson, Kyrie Irving o Carmelo Anthony que generan su fuerza desde la cadera, liberando a los tobillos de mucho sufrimiento y peso.

Jesus Shuttlesworth hizo de la esquina su hábitat natural. Anotador compulsivo y devorador de espacios asombró con su eficacia durante los primeros años de este siglo con una parsimonia que no dejaba indiferente a nadie.

And the voices telling you you’re the man? Those are the voices to keep out. When you start getting some national attention in high school, you’ll hear things like, “Ray’s jumpshot is God-given.”

Listen: God doesn’t care whether you make your next jump shot.

God will give you a lot of things in life, but he’s not going to give you your jump shot. Only hard work will do that.

 

Sobre bote, tras bloqueo directo, en transición, catch & shot. No había inconveniente que parase a Allen, únicamente su propia cabeza y sus fantasmas serían los culpables de arrebatarnos a Ray. Ayer anunció su retirada tras estar dos años en el dique seco, mañana tras mañana nos levantábamos con rumores sobre su regreso. Cleveland, Golden State, Milwaukee… Cualquier destino era válido para un último baile, un baile que ya jamás será. «I write to you as a man who is completely at peace with himself», escribe a su yo del pasado tras dos años de auto-presión. La paz ha llegado por fin al hombre que hizo de la rutina su método para alcanzar la gloria.

Retraído, ensimismado, encerrado en su propia jaula. «La mayoría de la gente nunca llegará a conocer tu verdadero “yo”. Pero conocerán tu trabajo». Adiós a Sugar Ray, adiós al trébol de cuatro hojas.

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