El error de Trump

En primer lugar, este texto no pretende entrar a valorar las ideas de Donald Trump. Si bien los posicionamientos en política son siempre imprescindibles, en este caso no nos interesa abordar si las propuestas de Trump son más o menos buenas. Lo que vamos a tratar es la posibilidad que abre al progresismo estadounidense que alguien como Trump se haya convertido en personaje público.

Con las presidenciales llamando a la puerta y con Hillary Clinton como clara favorita -cuidado con adelantarse, estamos hablando de Estados Unidos-, desde luego la cuestión de la inmigración ha sido una de las más polémicas que se han tratado en campaña. Lejos de estigmatizaciones en positivo -y en negativo- debemos dejar claro que tanto las propuestas de Clinton como la gestión de Obama en sus dos legislaturas, son algo que se aleja bastante de las “fronteras abiertas” de las que habla Donald Trump al criticarles. Trump, de hecho, ha sido muy reiterativo en lo que a cometer errores en discursos, debates y mítines se refiere. Como todas esas ocasiones en las que ha dicho que los inmigrantes que viven en Estados Unidos reciben un mejor trato que los veteranos de guerra. Esto es falso por muchos lados, así como cuando dijo que Estados Unidos podría tener 30 millones de residentes sin permiso.

Pero de nuevo, no será en las medidas concretas que Trump pretende llevar a cabo en lo que entraremos aquí. Lo que nos ocupa es cómo las salidas de tono y las palabras de Donald Trump son una oportunidad de oro para que la sociedad estadounidense dé varios pasos adelante en la aceptación de que son un país con diversidad étnica, religiosa y lingüística. Trump es un xenófobo, sí. Pero no es profundamente más xenófobo de lo que históricamente han sido los gobiernos y la política estadounidenses. La única diferencia es que Trump es un racista, machista y homófobo explícito. Trump no intenta parecer considerado y preocupado por las dificultades que sufren millones de personas en Estados Unidos por el hecho de no ser hombres blancos heterosexuales de clase media.

Donald Trump se está convirtiendo en el elemento que pone encima de la mesa los debates. Sí, es cierto que tiene un apoyo considerable del pueblo estadounidense y que, si no gana, se llevará de igual forma un puñado de votos muy interesante en las presidenciales. Pero por otro lado, es Trump precisamente quien ha recibido una respuesta con una contundencia sorprendente a nivel mediático en Estados Unidos. Tanto la televisión como Internet se están llenando de memes, caricaturas y críticas no solo contra el personaje, sino contra las ideas mismas que defiende. Trump está siendo el ellos que sirve para dar una vuelta de tuerca al pensamiento colectivo de la sociedad estadounidense.  El nosotros está teniendo que ver con una idea de Estados Unidos diversa y solidaria.

En un artículo de Héctor Schamis en El País se comentaba una idea que considero esencial para entender a Trump: que su posible derrota no sería por ser populista sino, de hecho, por no serlo. Al analizar a Trump se cae en el aburrido tópico de quienes no entienden lo que es el populismo. Decir que el populismo es alguien que grita o que es ser más o menos radical es de una ingenuidad política enorme, ser populista es construir colectividad entendiendo cómo es la gente a la que quieres apelar para conformar ese sujeto (nosotros) frente a ese otro sujeto (ellos) al que das forma a través del discurso. Pero Donald Trump se ha equivocado al centrar el “ellos” en los latinos, los inmigrantes, las mujeres… en fin, en más del 50% de la población estadounidense (es decir, del sujeto a apelar). Dice Schamis en el artículo que, de hecho, un verdadero populista no hubiera hablado de los inmigrantes y los latinos, hubiese hablado de Putin.

Pues bien, es precisamente este rechazo a Trump el que está sirviendo de puente para que las ideas integradoras lleguen al primer plano político. Sí, es cierto que las propuestas de Trump alarman a muchas personas. Sí, es cierto que su aplicación sería muy negativa para muchos seres humanos. Sí. Pero no es menos cierta la dificultad que tendría para sacarlas adelante en caso de salir elegido Presidente de los Estados Unidos y, además, su personalidad genera una aversión muy grande entre un sector muy amplio de la sociedad estadounidense. Personas que quizá nunca habrían conectado directamente con las ideas progresistas que vienen habitualmente de la mano a las críticas a Trump y que, al tener ahora la caricatura perfecta del conservadurismo más rancio, al ser más gráficos los posicionamientos, sí pueden sentirse apelados por las visiones progresistas.

Ojo, esto no es una predicción, ni pretende ser una alabanza a Donald Trump. Es simplemente un punto de vista que entiende que Donald Trump puede ser el peor aliado para esos Estados Unidos xenófobos, homófobos y profundamente machistas que pierden terreno década a década.

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