Un muro contra las encuestas

8 de noviembre de 2016, 23:45 hora española, aproximadamente. Muchos nos enganchábamos a la televisión ante lo que iba a ser un evento político de profundo interés pero que nos dejaría irnos a dormir a las dos o a las tres, cuando se confirmase que Hillary Clinton se había llevado los electores de Florida, pero no. En disputa hasta el 60% del escrutinio… y Hillary toma ventaja. Los whatsapps volaban anticipando que, efectivamente, al final Clinton se llevaría los 29 votos y ya estaba todo en orden. Ohio igualada, como Pensilvania o Carolina del Norte. Y Trump remonta en Florida, algunos no nos lo podíamos creer porque entendíamos que, desde ese momento, había posibilidades reales de que Donald Trump fuera presidente de los Estados Unidos. Y resulta que se lleva Ohio. Y Pensilvania. Y Carolina del Norte.

Y sí, al final sí que pudo ser. Al final ganó lo sentimental, la extravagancia y el patriotismo reaccionario a la frialdad y la “inteligencia”. Nadie daba nada por él antes de empezar el escrutinio, ninguna encuesta, ningún analista, ninguna figura relevante… nadie. Hillary iba a ganar las elecciones y la duda era si iba a ser por más de 3 puntos. Pero la política (en especial la estadounidense) tiene estas cosas, es espectacular en el sentido más estricto de la palabra y nos regala noches, mítines, spots y debates inolvidables.

Es profundamente significativo que Hillary gane en votos totales pero Trump vaya a ser el presidente, parece que a los demócratas se les olvidó que más allá de las grandes ciudades y de internet, la gente también vota (y de forma masiva si tienen un motivo para hacerlo). De todas formas, esto no es casual. Pensar que Donald Trump es un “populista” (habrá que ver qué se entiende por populista) que ha engañado a mucha gente desencantada sacando su espíritu racista y machista es quedarse muy corto para entender lo que ha ocurrido. Estados Unidos vivía con mayor profundidad la crisis política que lleva siendo prácticamente intrínseca durante décadas… y en esas, llegó Trump. La política no tiene que ver con la gestión institucional o con los debates profundos entre élites intelectuales, tiene que ver con pasiones. Y esto lo demostró Bernie Sanders y todo su movimiento, que ni de lejos ha apoyado en bloque a Hillary Clinton. La candidata demócrata empezó ganando, pero le regaló la posesión (lo emocional) a Donald Trump.

La hipótesis sobre la mesa es: ¿habría ganado Bernie Sanders a Trump? Es más cauto no mojarse, no por una suerte de miedo a equivocarse, sino por lo que nos han vuelto a demostrar estas elecciones: la importancia de la campaña en Estados Unidos. Desde luego, Sanders habría chocado de frente en algunos aspectos clave como la cuestión de patriotismo reaccionario-patriotismo progresista o el hecho de ser dos figuras morales y éticas radicalmente diferente y esto podría haber supuesto una ventaja añadida para el candidato demócrata.

En cualquier caso, welcome to USA.

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