La sonrisa que cautivó Barcelona

Él hizo que cambiara la historia del que, hasta el momento, es el club más laureado del siglo XXI. El 19 de julio de 2003, después de unas complicadas negociaciones, el FC Barcelona hizo oficial el acuerdo con el Paris-Saint Germain para la llegada de Ronaldo de Assis Moreira al club de la Ciudad Condal, por una cantidad superior a los 27 millones de euros (en aquel momento, una fuerte apuesta, ahora mismo, una cifra prácticamente irrisoria). El brasileño tenía otra oferta sobre la mesa: la del Manchester United, pero como años más tarde dejaría claro, su único objetivo era vestir la zamarra azulgrana: «Fue la elección correcta. A los brasileños siempre nos ha gustado el Barça, tenemos historia ahí. Además, fuera del terreno de juego mejor allí que en cualquier otro sitio de Europa. Extraño mucho Barcelona. Pasé cinco temporadas maravillosas, un equipo al que le gustan los delanteros y los jugadores con talento» (1).

La historia por aquel entonces era totalmente diferente a la que vivimos ahora… El FC Barcelona acabó sexto en la clasificación de LaLiga de la temporada 2002/03, y después de unos problemas en el banquillo, llegó Frank Rijkaard, entrenador que, años más tarde, el propio Ronaldinho lo catalogaría como «el mejor entrenador que tuve» (2). La primera temporada del brasileño fue la primera de ambos, y de la sexta posición pasaron a lograr el subcampeonato español (por detrás del Valencia): Ronaldinho marcó 15 goles en 32 partidos, y además, fue galardonado por la FIFA como el mejor jugador del mundo.

No tardó mucho en adquirir el estatus de ídolo entre el aficionado azulgrana. Su sonrisa maravilló al Camp Nou, e hizo que los aficionados esbozaran la suya propia. En la siguiente campaña, el Barça se hizo con el título liguero, mientras que ‘el Gaucho’ consiguió de nuevo el trofeo FIFA World Player, al que se le añadió el Balón de Oro, catalogándolo como el mejor futbolista mundial.

vía 'Squawka'
vía ‘Squawka’

La siguiente campaña, la 2005/06, el Barça levantó la Champions League por segunda vez en su historia, pero la final de París contra el Arsenal fue el principio del fin para Ronaldinho, que mostró un nivel muy por debajo de lo mostrado anteriormente. Pasó una temporada más, donde el brasileño tuvo un nivel decepcionante y además, un estado físico pésimo. Un año más tarde, el conjunto azulgrana pasó la temporada en blanco, y al siguiente verano llegó Pep Guardiola, que no tardó demasiado en despedirlo y enviarlo al AC Milán.

Probablemente, el aficionado que no tenga demasiada memoria únicamente recuerde a Ronaldinho como un fiestero (en 2008 él mismo afirmó que le gustaba divertirse en las discotecas: «Tras el trabajo me gusta divertirme. Y las discotecas están para eso, al diablo con los moralistas» (3)), pero a mí me gusta recordarlo como un jugador espectacular, que me devolvió la sonrisa cuando mi equipo estaba en momentos francamente decepcionantes, pero siempre se me quedará (al igual que a gran parte del resto del barcelonismo) la espinita clavada de lo que pudo ser y no fue…

Es importante recordar que, con prácticamente total seguridad, sin él, el FC Barcelona no sería lo que es actualmente.


(1) Declaraciones a FourFourTwo.

(2) Publicación en su Instagram personal.

(3) Declaraciones a La Stampa.

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