Dellafuente es la voz de la gente

Un grito de desesperación, de impotencia, de dolor. Así suena Dellafuente, un artista capaz de unir una vanguardia musical como es el trap con algo que vive adosado a la cultura española como es el flamenco. Han corrido ríos de tinta en referencia al artista granadino que ha puesto patas arriba al siempre inestable panorama del rap patrio. Este no es otro cúmulo de palabras unidas con cierta pericia para atraer un puñado de visitas. Porque Dellafuente es algo más que una fusión, Dellafuente es la voz de los que no tienen voz. De aquellos que carecen de un espacio para expresarse. La voz de los masacrados por la crisis y el Gobierno. La voz de la gente.

Hablaba el sociólogo Jorge Moruno que «lo interesante del trap no es lo que se dice sino lo que cuenta, lo que sirve para comprender los cambios en la sociedad, los deseos que impulsa y las maneras de plantear una intervención política y cultural». Palabras cargadas de un mensaje que va más allá de enrevesados análisis líricos típicos, Dellafuente habla con normalidad de ir justo a final de mes porque es su día a día. Una realidad que desgraciadamente no se trata de un caso particular e individual de un hombre de Granada, pone letra y música a la situación de millones de personas en este país.

Desde los símbolos hasta las carátulas de los temas, Dellafuente hace de lo popular y plebeyo (en el buen sentido) su seña de identidad. La España real, la España de la gente corriente que vive con un sueldo precario, que se emociona con el flamenco y disfruta con la gente de su barrio.

Durante mi adolescencia fui a una cantidad considerable de conciertos de rap y ahí además de la música como tal, siempre había el mismo espectro de la sociedad, la clase media y media-alta. Algo que me sorprendió cuando fui a un concierto de Dellafuente fue ver en el recinto a chicos y chicas pertenecientes a las llamadas minorías étnicas que vienen de barrios muy humildes y que son demonizados y catalogados como despojos sociales por el mero hecho de no tener los mismos recursos que el resto. Dellafuente integra y articula, aglutina desde el quinceañero gitano que se salta clase para estar en un banco hasta a ese grupo de chicos y chicas de barrio popular. Ahí reside la importancia de Dellafuente como elemento popular y voz de la gente.

Basta con escuchar uno de sus temas más conocidos A lo mejor para comprender qué demonios estoy diciendo:

El día de cobro que no llega
y se va vaciando la nevera.
Otra semana más que no comemos por ahí fuera.

Lejos de sesudas letras cargadas de un contenido político y teórico que sólo entienden aquellos que pueden permitirse tener tiempo para poder estudiar a los filósofos de referencia, Dellafuente te da un baño de realidad, de barrio, de normalidad, en definitiva. Escuchar al granadino decir que «casi to los problemas del mundo tienen que ver con los putos dineros» tiene una fuerza tremenda en los jóvenes de este país. Mucho más si lo comparamos con los jefes del rap político patrio, Los Chikos del Maíz. Mientras Tony y Nega divulgan aquello de «Zombis alienados deambulando babeando en los escaparates».

Frente al desprecio clasista de aquellos que reniegan de su propio pueblo, Dellafuente surge como la esperanza de la gente que pide disfrutar de una música que les represente en un mundo de inseguridades y falta de certezas.

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