El tipo más chulo de la historia

En el estrellato de la NBA cohabitan hombres de todo tipo, muy a menudo personajes con delirios de grandeza que no dejan de ser niños en cuerpos de adultos. Adultos que no han sabido superar la presión de la fama precoz que su talento les ha llevado, y que terminan siendo sus peores enemigos. DeMarcus Cousins, Michael Beasley, Gilbert Arenas, Lance Stephenson o J.R. Smith, jugadores de una increíble calidad que pueden desaparecer de la pista en un abrir y cerrar de ojos por una sola razón, su difícil personalidad.

Sin embargo, como reza el dicho, siempre hay una excepción a toda regla, que en este caso es Gary Payton. De él, se han contado mil y una historias, como cuando en la primera ronda de los Play Offs de 1994 llegó a intercambiar amenazas de muerte con sus rivales de los Denver Nuggets. Años más tarde, el que fuera su técnico por aquel entonces, George Karl, explicaba que había fuertes rumores de que jugadores de ambos equipos habían llegado a traer pistolas en sus bolsas durante esos partidos, con Payton de por medio. En cambio, su currículum es casi inmaculado: miembro del Hall of Fame, 9 veces All-Star, capaz de promediar 24 puntos y 9 asistencias por partido en una temporada y campeón de la NBA. No se puede pedir mucho más. Entonces, ¿Cómo puede ser que alguien con su historial haya mantenido una línea de rendimiento regular durante toda su carrera? Con mucha sangre fría y siendo el jugador más chulo de la historia.

Gary Payton no se cortaba un pelo. Desde que entraba a la pista hasta que se cerraba en el vestuario, podía estar insultando y hablando con el rival, intentando herir su orgullo y sus sentimientos. Él mismo lo llegó a reconocer en una entrevista para la radio estadounidense: “Les pediría perdón después, pero soy así. Si me enteraba de alguna historia personal con su hermana, su madre o algún cargo por drogas o alcohol, les golpeaba con eso”. El también Hall of Famer Shaquille O’Neal no dudó en hablar de la curiosa forma de ser de Gary, más allá de la figura de jugador, durante un episodio del programa NBA Open Court: “Lo más loco de GP en la cancha era que se comportaba exactamente igual fuera de ella. Podías encontrártelo en el centro comercial y te diría “¿Recuerdas esa vez que te rompí, grandullón? No puedes defenderme”.

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En su carrera como profesional, no se acordó de las madres de media NBA: desde insignificantes jugadores de rotación a los que les decía que no iban a durar dos días en la liga hasta el mismísimo Michael Jordan. El episodio más famoso lo protagonizó durante las Finales de 1996, cuando ambos se dijeron de todo y más. Años después se contraría con Scottie Pippen, compañero de Jordan en los Bulls que tumbaron a los Sonics, cuando jugaba para los Portland Trail Blazers. Damon Stoudemire recordaba algo que le había dedicado el bueno de Gary durante un partido en una entrevista a The Players Tribune: “Ya no eres nada, Scottie. ¿Dónde está Mike? No me asustas ahora, Scottie?” o “¿Sabes qué? No estás entre los 50 mejores de todos los tiempos. ¿Quieres que te enseñe mi lista? Te tengo en el 51, Scottie. En el 51.”

A diferencia de los clásicos “cabeza loca”, supo plasmar lo que él era en un estilo de juego: partirse la cara y luchar -to hustle-. 8 años consecutivos en el mejor quinteto defensivo de la NBA, premio al mejor jugador defensivo de la temporada 1995-96 y líder en la misma de robos por partido. Payton fue garra y pasión, solo se entendía así. Cuando el periodista de Sports Illustrated Phil Taylor lo vio entrenar en su etapa universitaria, ‘The Glove’ estaba haciendo ejercicios de tiro mientras hablaba y despotricaba: “No te gires, sabes que va dentro; Otra más; no puedes cubrirme, necio”, pero no tenía defensor, se encontraba totalmente solo en la pista. Cuando Taylor le preguntó, Payton se lo quedó mirando igual que miró a Michael Jordan tras sacarle de sus casillas y dijo: “Sale de dentro mío. Quien me conoce sabe que voy a hablar“.

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No cambió con el paso de los años porque nunca fue su intención, ahora con su hijo Gary Payton II como una de sus mayores preocupaciones. Su primogénito siguió sus pasos en el baloncesto universitario, en el mismo centro en el que un día inició su exitoso camino a la gloria, Oregon State. Payton II, cortado por los Houston Rockets recientemente, lideró a los Beavers bajo la atenta mirada de su padre, un habitual de la banda. Si alguien creía que Gary Sr. iba a ser amable y blando con su hijo, es que no entendía nada; el ex de los Sonics le tiraba puyas para que su pequeño se picase y diese lo mejor de sí.

Cosas de la genética y la mentalidad Payton, el chico llegó a comprender el mensaje de su progenitor. Gary Payton era un capullo con mayúsculas como jugador y tomaba decisiones que hacían dudar de su calidad humana, pero al final demostró tener su corazoncito repleto de ternura paternal en forma de ‘tough love’. Como estrella de la NBA, ha expresado en repetidas ocasiones que todavía lamenta haberse perdido muchas etapas del crecimiento de su chaval; con los años y pese a su dureza, los Payton han sabido forjar una buena relación con el deporte de por medio, algo que solo podían construir entre ellos dos.

Inscrito en el Hall of Fame en el 2013, a Gary solo le falta un último paso para reposar tranquilamente en el Olimpo del baloncesto: ver colgada su elástica en lo más alto de un pabellón en Seattle. Tras la relocalización de los Seattle Supersonics, franquicia en la que brilló y por la que siente un gran apreció, y posterior cambio de nombre a Oklahoma City Thunder, ningún jugador ha llevado el 20 de Payton en la espalda, pero al mítico base le importa entre poco y nada. Como activista en la lucha por devolver el mejor baloncesto a la ciudad de Seattle, Payton se niega a ver su camiseta retirada por los Thunder, que ya enterraron la poca historia que les unía con los Sonics cuando se negaron a llevar el parche conmemorativo en el interior del cuello de sus uniformes -todos los equipos lucen el recuerdo de sus anillos de campeones-.

El tipo más chulo de la historia solo tiene una casa y un legado. El Key Arena, su juego y su carácter, no hay otro final para Gary Payton.

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