Gracias, Nico

Como Schumacher en su momento, como Prost, y como Ayrton Senna, como Gilles y como Stoner, Nico Rosberg ha hecho lo que muy pocos en el mundo del motor y del deporte han conseguido, se ha ido luchando en la cima, se ha ido por la puerta principal, con la corona de flores en el cuello.

El hijo de Keke ha tenido un periplo por la Formula 1 rápido pero intenso, su estreno fue en una escudería tan histórica como Williams en 2006 después de ser merecido campeón de la GP2 en su primer año. Como todo piloto novel, sus primeras carreras en Fórmula 1 fueron una oda a la agresividad y el peligro en pista a la par con la genialidad y la frescura.

En su primera carrera se vio obligado a parar en boxes en su primera vuelta por un toque con Klien, pero en la segunda consiguió clasificarse en un espectacular tercer puesto. Un nuevo gallo había llegado a la parrilla, de aquellos que estaban predestinados a hacernos olvidar a los Raikkonen, Schumacher, Villeneuve y compañía.

El estilo de Nico Rosberg es probablemente uno de los más elegantes vistos en los últimos años en la Fórmula 1, de aquellos en los que se dice que los componentes del coche parecen los de una sinfónica perfectamente sincronizada gracias al director de orquesta. Sin destacar como gran calificador ni enorme cuidador de neumáticos, ni como gran frenador ni gran adelantador, Rosberg parecía tener un talento innato para entender qué necesitaba su coche y la carrera en cada momento, era el estilo moderno en su máximo esplendor, una conducción académica hecha a medida de los coches actuales, un pionero de lo que está por llegar, los pilotos de simulador, de telemetría y de cabeza.

En cambio, si algún lector ha traducido cualquiera de los conceptos descritos en el párrafo anterior al ‘débil’ del castellano coloquial, es que no ha entendido nada. Su fichaje por Mercedes AMG en 2010 le deparó dos de los retos más duros a los que se ha tenido que enfrentar un piloto en toda la historia de la Fórmula 1. Enfrentarse a Michael Schumacher y a Lewis Hamilton y salir victorioso en ambas ocasiones es algo que hasta el mismísimo Fernando Alonso ha tenido problemas en lograr.

Ni Michael ni Lewis se han hecho famosos por su excesiva limpieza en pista, y Rosberg no tuvo en ningún momento problema en bajarse al barro con estos dos titanes de las cuatro ruedas, brindándonos especialmente en estos tres últimos años con algunas de las mejores luchas cuerpo a cuerpo que hemos podido ver en una pista.

Nico Rosberg no ha sido el más rápido, ni el más agresivo. No ha sido el más carismático ni el mejor valorado, de hecho ni siquiera los jefes de equipo le han votado este año como el mejor piloto de la parrilla, pero quizás precisamente por esto se le echará tanto de menos. Rosberg ha sido un soplo de humanidad y de familiaridad en un mundo de superhéroes carismáticos, serios e intocables. Rosberg ha sido un mensaje para nosotros, para los humanos de a pie: trabaja, trabaja y trabaja. Cuando hablen, trabaja, cuando duerman, trabaja. Cuando twitteen, trabaja, cuando ganen, trabaja, que tarde o temprano, ganarás tú.

Gracias Nico, te echaremos de menos.

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