Diego y la revolución

Autor: Pedro Barata (@pbarata95). Publicado originalmente en http://latrivial.org/

La Guerra de las Malvinas fue un enfrentamiento bélico entre la República Argentina y el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte que tuvo lugar en las islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur. La guerra se desarrolló entre el 2 de abril, día del desembarco argentino en las islas, y el 14 de junio de 1982, fecha acordada del cese de hostilidades en Malvinas, aunque los británicos invadieron las Sandwich del Sur y el 20 de junio desalojaron las instalaciones de la Base Corbeta Uruguay de la Argentina, en el marco de la Operación Keyhole.

Ciudad de Mexico, 1986. En el Estadio Azteca, juegan Inglaterra y Argentina. El partido va 1-0 para los Sudamericanos cuando un tipo de 26 años nacido en el barrio pobre de Fiorito recoge la pelota en la mitad de la cancha. Lo que pasó después no ha sido contado mejor por nadie que Vitor Hugo Morales, el mítico narrador de fútbol uruguayo que estaba contando el partido en directo (y esto que yo siempre me he decantado por pensar que las cosas se cuentan mejor con un poco de distancia): “La va a tocar para Diego, ahí la tiene Maradona, lo marcan dos, pisa la pelota Maradona, arranca por la derecha el genio del fútbol mundial, deja el tendal y va a tocar para Burruchaga… ¡Siempre Maradona! ¡Genio! ¡Genio! ¡Genio! Ta-ta-ta-ta-ta-ta-ta-ta… Gooooool… Gooooool… ¡Quiero llorar! ¡Dios Santo, viva el fútbol! ¡Golaaazooo! ¡Diegoooool! ¡Maradona! Es para llorar, perdónenme… Maradona, en recorrida memorable, en la jugada de todos los tiempos… Barrilete cósmico… ¿De qué planeta viniste para dejar en el camino a tanto inglés? Para que el país sea un puño apretado gritando por Argentina, Argentina 2 – Inglaterra 0. Diegol, Diegol, Diego Armando Maradona… Gracias, Dios, por el fútbol, por Maradona, por estas lágrimas, por este Argentina 2 – Inglaterra 0.” Se terminaba de marcar el gol del siglo. El mejor gol alguna vez visto en un escenario como la Copa del Mundo.

Minutos antes de esta genialidad, vino la trampa. Hay un rebote en el área y la pelota vuela, y en el momento que la iba a atrapar Shilton, el mítico portero británico, salta d10s disfrazado de humano y, con la mano, mete la pelota en la portería.

En estos momentos, mi querido lector ha tomado ya una de dos actitudes: o ha parado ya de leerme y ha seguido con su preciosa vida, o está un poco atónito con la marcha del discurso. Pero la verdad es que en ese día 22 de Junio, en los Cuartos de final del mundial, Diego Armando Maradona ha dado un mensaje al mundo: con tanques y espingardas los ingleses nos han ganado la guerra, pero dentro de una cancha, 11 contra 11 con una pelota por el medio y sin nada mas, nosotros somos más que ustedes. Y, después de todo el desastre de las Maldivas, una pequeña trampa como meter un gol con la mano no era anti-reglamentario, sino justicia poética. O divina. O futbolística. Vamos, todos sinónimos.

Cielo de Sudamérica, 2005. Uno de los políticos mas emblemáticos del mundo y un recién-salido de una clínica de rehabilitación en Cuba comparten un vuelo de helicóptero. El político habla de una de sus grandes pasiones, el béisbol, mientras, en cambio, escucha historias de un deporte, que en su país es muy débil, como es el fútbol. En el medio de la charla, el Comandante Hugo Chávez le cuenta a Diego Armando Maradona que tiene muy enraizada en su cabeza la idea de crear una canal de TV que hiciera la unión de los pueblos latino-americanos. La CNN del Sur. La Telesur, instrumento que se vino a revelar una de las mejores formas de propaganda del socialismo chavista en todo el continente en la ultima década.

En estos momentos, Maradona había dejado ya su piel de futbolista. Habíase apartado de las canchas, había sido acogido por “una blanca mujer de misterioso sabor y prohibido placer” (Potro Rodrigo, La Mano de Dios) y, en el medio de todo, se había convertido en un instrumento político. Siempre conocido por su vertiente izquierdista y revolucionaria, se había tornado en intimo de Evo Morales, Chávez o Fidel. Ha acudido a Caracas para escuchar las interminables charlas del Comandante. Mientras los estadistas erigen su voz contra los USA, él habla en contra del poder dominante del futbol, la FIFA. A la gente que se ve ilusionada con el discurso anti-norte le seduce un tipo que les ha ganado a los poderosos por talento, magia y arte, pero también con pillería y trucos propios de los potreros del río de la plata. Los latino-americanos podían ganarles a los ricos y poderosos, no con el dinero o los recursos de ellos, pero con sus propias armas y formas. La pelota como revolución. Como medio de conexión entre la tribuna y el pueblo.

En medio de todo esto, hay un hombre al cual los años pasarán sin piedad. El jugador se hizo mito, el mito se hizo leyenda. Diego dejó de ser Diego. Ha pasado a ser un icono. Algo poco real, más sueno que hecho concreto, más historia de padres para hijos que algo que los ojos miran. Solo ha sido feliz dentro de una cancha, y después de que lo sacaran de ahí su vida se convirtió en una referencia de vida para otros, mientras su vida perdía vida y se convertía en causa de otros.

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