hipsters

Comerse una galleta María es revolucionario

Supongo que, como las chaquetas vaqueras, las camisas de cuadros y los zapatos horteras, Ayn Rand se pone de moda, creo que, no hay palabra mejor para definir este acontecimiento. Estoy seguro que Ayn Rand en pleno siglo XXI sería un hipster, como dice Víctor Lenore en su libro Indies, Hipsters y Gafapasta los hipsters son la primera subcultura que, bajo la apariencia de rebeldía, defiende los valores impuestos por el capitalismo contemporáneo. Palabras como independencia, creatividad o innovación son la cara amable del espíritu individualista y competitivo que propone el sistema, y la presunta exquisitez de criterio de los hipsters ha creado un consumismo que no avergüenza, sino que genera orgullo.

Pese a quien le pese, el suyo es un acercamiento al término desde una perspectiva política y social post-15M, que nos habla del poder establecido y de cómo se ejerce esa “hegemonía cultural”. Los hipsters proponen una rebelión que no se enfrenta nunca con el sistema, sino que desprecia a la gente que no le da la importancia suficiente a consumir, algo así como Ayn Rand en su búsqueda de arquitectos de vanguardia, industriales e inventores de máquinas, siempre egoístas monumentales, de piedra o hierra, pura fuerza creadora, sin contradicciones ni conflictos interiores. Lo que buscan los hipsters es un consumismo que provoque orgullo en vez de remordimiento como Ayn Rand y sus giras, charlas, fiestas, cenas en la Casa Blanca, viajes, cursos para aprender a vivir en los que nacería la vigente superstición de la autoestima.

Nuestro problema actual no son las “masas” aborregadas, sino las elites carroñeras, la desigualdad económica no solo es rechazable, sino que tampoco nos hace felices. Eso se ve claro en la cultura hipster, repleta de millonarios desquiciados, neuróticos y suicidas como Kurt Cobain, Pete Doherty y David Foster Wallace. Yo hablo de “hispters” como ellos hablan de los “canis”, “chonis”, “costras”, “perroflautas” y “pies negros” que como diría Ayn Rand gente que; come, duerme y mastican impotentes las ideas que otros ponen en sus cerebros. Lo que aporta el hipsterismo es recubrir de un aire de superioridad cultural lo que ante nos parecía rechazable. Los yuppies sabían que estaban siendo individualistas y codiciosos, mientras que los hipsters nos venden que están siendo creativos y rompedores. Bajo su apariencia de rebeldía, Ayn Rand vuelve, como la fe y el fervor de los años cincuenta y sesenta, cuando el culto a Rand conquistaba a discípulos entre la juventud, un reflejo del capitalismo contemporáneo gastando munición.

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¿Por qué tiene que ser la “independencia” mejor que la “colaboración”? de esto se ha dado cuenta hasta el propio capitalismo, que te ofrece proyectos colaborativos donde lo único en que no se colabora es en la recogida de beneficios. Pienso en Facebook, YouTube, Google, por ejemplo. Respecto a la “creatividad” diría que es una palabra coja: ¿creatividad para qué? Un ejecutivo de Wall Street puede ser muy creativo a la hora de diseñar productos financieros de alto riesgo y beneficio. Eso nos ha llevado al crack del 2008. También se puede ser creativo a la hora de diseñar y mantener un proyecto social como la Plataforma de Afectados por la Hipoteca. Lo que necesitamos ahora es una creatividad emancipadora y no una creatividad depredadora.

Respecto a la innovación, hemos tenido mucha en los últimos años, pero no tenemos un nivel de vida mejor que en los años sesenta. Es mejor conservar aquellas cosas que nos hacen felices (la seguridad social, educación pública gratuita) y dejar la innovación para las cosas con las que no estemos satisfechos (por ejemplo, librarnos de las cadenas de trabajo asalariado con mecanismos como la renta básica universal). La situación es que las élites tienen casi todos los medios de producción y comunicación y hacen circular, de manera constante y machacona, los mensajes que más les convienen.

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Hemos presenciado como en los años noventa la clase alta ya estaba cansada de sus relaciones sociales formalistas, envaradas y ostentosas. Les seducían ciertos ingredientes de la esfera bohemia y contracultural. Si lo pensamos bien ¿qué cosa puede resultar más gratificante que ser un bohemio con dinero? Los cachorros de las elites quieren la seguridad económica de sus padres y la vida de las experiencias extremas de la generación beat, los punks, los ravers y las estrellas de rock. Además, se pueden identificar con esa cultura de “yo no respeto las normas y hago lo que quiero”.

De hecho, el sector financiero se ha comportado de manera bastante punk y nihilista desde los años de Reagan y Thatcher, sin pensar en otra cosa que su propio placer y beneficio. El problema es que lo pagamos todos los demás. También es importante señalar que el sector de la publicidad aprendió muy pronto a aprovechar las ansias de liberación de la contracultura, despojándolas de cualquier sustancia política, hoy día es revolucionario y rebelde hasta comerte una galleta María, recuerdo bien las portadas del día en que falleció Emilio Botin con titulares que decían; “Emilio Botín, el gran revolucionario de la banca española” “el banquero sagaz”, “Muere Emilio Botín, el banquero valiente” ¿quién no quiere ser hoy día el loco descabellado rebelde? Es algo que se explica muy bien en el libro “La conquista de lo cool” del periodista Thomas Frank. Lo que une la mentalidad de la clase dominante con los hipsters es el rechazo a lo que ellos consideran “masa” (para entendernos: la gente normal y corriente).

Por eso suelo decir que la cultura hipster es el elitismo al alcance de todos.

Vuelve la pugna, el antagonismo y el conflicto en forma de chapa, la era post-política finaliza y el mundo de Ayn Rand vaciado de contradicciones y conflictos interiores se derrumba a cachos y a velocidad de vértigo. Las élites dominantes continúan gastando munición y ponen a disposición todo un arsenal cultural para frenar la era que se avecina.


Bibliografía:
– NAVARRO, J. (27/12/2009). La resurrección de Ayn Rand. diciembre 27, 2009, de EL PAÍS Sitio web: http://elpais.com/diario/2009/12/27/cultura/1261868403_850215.html
– LENORE, V. (octubre 24, 2014). Indies, hipster y gafapasta. Madrid: Capitan Swing.

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