El superhéroe que toda ciudad merece

Después de haberlo conseguido todo, regresó. Hacer las maletas, guardar la capa y emigrar. Algo que no hacía desde que llegó al primer plano de la liga. Hubo algo que cambió. Su perspectiva de las cosas era distinta. Ya había pasado por todo.

 

La élite siempre ha sido el hábitat natural de Dwyane Wade. Miami siempre ha sido su casa, la que le vio crecer como jugador, como ídolo de masas, como algo más que un simple jugador de baloncesto. Él fue el alma de Miami. Un icono que puso a la franquicia de South Beach en el mapa, y eso ahí no se olvidará jamás. Situó a los Heat en la élite.

 

Superman & Batman
Superman & Batman

 

Y como todo superhéroe, en una misión de alto riesgo hay que reunir aliados y sacrificar una parte del orgullo. Todo para terminar ganando la batalla. Hacerlo en soledad es posible, pero su índice de acierto es generalmente bajo. Hacerlo bien acompañado, por otro lado, hace que aumenten significativamente las probabilidades de éxito.

Existieron los sacrificios -en este caso económicos- pero el esfuerzo valió la pena. Los anillos en su mano lo corroboran. Él es y será algo más que un jugador de baloncesto para esa ciudad.

 

Pero los años empiezan a pasar y el premio de verse recompensado por prestar tus mejores servicios durante toda la carrera a la franquicia que le vio nacer sigue sin aparecer. Wade nunca fue el mejor pagado de los Heat. Ni con Shaquille, ni con LeBron, ni con Bosh. Y él, por una vez, reclamó su parte.

 

Desde arriba, por otro lado, los planes no estaban enfocados en esa dirección, sobretodo en la cabeza de Pat Riley. El contexto ya no era el mismo que en los ciclos pasados. Y aunque todavía existía el miedo a perder a todo una institución histórica de la franquicia, Miami ya no tenía un plan ganador a corto plazo y había que elegir: o Whiteside o Wade. Y si se quería mantener a ambos, uno de ellos tenía que sacrificar una parte. Y Dwyane no estaba por la labor de hacerlo una vez más.
Pero otro factor entraba en la lista: Experimentar sensaciones nuevas. Como si de un niño con zapatos nuevos se tratara. Chicago, como otros veranos, volvió a entrar en la lista, aunque esta vez de forma más improvisada. La situación entre los Heat y el jugador se había enrarecido hasta llegar a un punto insostenible. Los Bulls estaban al acecho, pero bien hubieran deseado ellos que esa situación se hubiera dado mucho antes.
La ocasión se presentó. Y esta vez no había ningún otro obstáculo que resultara más o menos simbólico salvo Milwaukee (y Denver en el caso económico). LeBron ya estaba fuera de mercado y el resto de proyectos prácticamente cerrados. Chicago, sin un proyecto exacto, esta vez se lanzó sin oposición y hacia el vacío, completamente decididos a abordar una contratación que pudo haberse dado años antes de no haberse producido una serie de acontecimientos que acabarían por hacer variar el rumbo de la liga drásticamente. Todos conocemos cuáles fueron.
NEW YORK, NY - OCTOBER 31: Dwyane Wade #3 of the Chicago Bulls shouts a command out to his teammate against the Brooklyn Nets during the second half at Barclays Center on October 31, 2016 in New York City. NOTE TO USER: User expressly acknowledges and agrees that, by downloading and or using this photograph, User is consenting to the terms and conditions of the Getty Images License Agreement. (Photo by Michael Reaves/Getty Images)
(vía Michael Reaves/Getty Images)
Tras 2010 y 2014, la tercera fue la vencida.
Los Bulls le proporcionaron lo que pedía -aunque a corto plazo- como medida desesperada para salvar una offseason, porque en un principio parecía impensable que surgiera esa opción hasta que apareció de la nada. Pero para Wade significaba algo más allá de lo económico. Era un nuevo reto, sobre todo emocional.
Hacer balance, perspectiva y cambiarlo todo. Por una vez, quiso pensar en algo que alimentaría sus ganas de seguir en primera fila. Chicago venía de hacer una de sus peores campañas de los últimos años, pero una llegada tan simbólica como la suya es equivale a generar un impacto extra en un vestuario. Digna de cambiar cualquier guión (y una cultura) que, como el de los Bulls, se antojaba impredecible como poco.
Y por muy complejos que sean, los superhéroes no dejan de buscarse nuevos desafíos por tal de avivar su espíritu competitivo. Como el que necesita agua para sobrevivir.
Porque Dwyane Wade tiene esa mística. Es uno de ésos, y lo será siempre.
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