Los orígenes femeninos de la Humanidad

Un incienso se consume según cada verso recitado, el aroma de arte en ceniza, nos predispone a percibir por varios sentidos la experiencia de una lectura distinta. Cerramos los ojos, abrimos la mente… suena Boccherini.

La figura de la mujer es una constante cuestión de embrujo, misticismo, adoración, de culto feroz; una razón de peso para esgrimir la pluma y liberar ríos de tinta, dónde acercarnos a ver reflejado el alma del poeta enamorado. La opresión y censura de la libertad personal de las mujeres por parte de las diferentes generaciones de sociedades patriarcales, desde tiempos remotos hasta nuestros días, es una realidad que no siempre, mejor dicho: casi nunca, ha defendido el torrente furibundo del vate, ya haya estado enamorado, ya haya naufragado en la friendzone de sus húmedos desvaríos.

Fantástica poetisa de la tierra:
Sabe las sombras de una noche hermosa
Y canta y pinta cuanto en ella encierra

Aunque, siendo paladines de la verdad, hemos de reconocer que día a día su papel social es cada vez más igualitario e importante en muchas sociedades actuales del mundo. No por ello hemos de obviar la realidad de millones de mujeres que minuto a minuto, lloran la sangre de sus cadenas silenciosamente, mientras son víctimas de la más absoluta misoginia  y ven sus libertades individuales claramente vetadas; siendo su principal función la del cuidado de los progenitores e hijos, las labores domésticas, y la satisfacción sumisa de los deseos del marido; además, han de colaborar en las duras jornadas de trabajo propias del sector primario (agricultoras, tejedoras, artesanas…) que impera en estos países tan “tradicionalistas”.

matriarcado-shyam-raman

Para entender mejor el actual machismo hemos de analizar de dónde surge todo esto. Ahora nos pondremos algo espléndidos, realizando una introspección histórica por el laberíntico pasado de estos temas. Ya que las sociedades que no conocen su pasado, son sociedades avocadas a recorrer los mismos caminos.

La existencia de divinidades femeninas, el culto a la luna y la tierra son para Banchofen1 pruebas de una ginecocracia, o matriarcado, anterior al patriarcado, sosteniendo que el transito se realizó al tomar conciencia el hombre de su rol en el proceso reproductivo, suplantándose los cultos femeninos por los cultos masculinos, es decir: la adoración de la Luna por la del Sol.  Esto se correspondería con la era del Bronce final y la desaparición de la familia matricéntrica obedecería a la percepción de la diferencia biológica de los sexos, dando lugar al surgimiento de los “roles de género”, y la oposición del espacio público (= masculino) con el espacio domestico (= femenino). La subordinación del rol femenino es una valoración cultural que según Adam Smith2 se relaciona con la producción de bienes económicos o aporte de la mujer a la economía familiar. Tanto para Smith como para Morgan, el matrimonio se inicia con la propiedad, es decir, cuando los bienes dejan de pertenecer al total del grupo humano y el hombre necesita la legitimación de su descendencia.

Poblamento en el Bronce FinalPoblamiento en el bronce Final

Ya se puede ir entendiendo entonces el alcance que tiene el Derecho dentro de una comunidad, puesto que tiene como matriz a la dimensión religioso-cultural; de esta forma, pues, se puede entender la afirmación de Bachofen respecto de que el derecho materno es un derecho natural, esto es, la expresión máxima de la vivencia que tiene el hombre arcaico de la identidad que percibe entre la “Phýsis” y el “Dikaion“, entre la Naturaleza y el Derecho.


A esto habría que agregar una breve consideración acerca del dionisismoDioniso se vuelve doblemente seductor para la mujer, por la conjunción sublime en él de lo sensible y lo suprasensible. Bachofen hace un profundo estudio de las relaciones que se generan entre la mujer y la institución de la religión dionisíaca y, fundamentalmente con la mujer del matriarcado demétrico: es a través de la dimensión erótica que otorga la religión dionisíaca a la vida femenina que logra paulatinamente desplazar la severidad y la castidad del matriarcado demétrico, conduciendo finalmente de nuevo la vida hasta aquel heterismo afrodítico de los primeros tiempos, representado, como ya dijimos, por la absoluta espontaneidad de la vida de la naturaleza.

Foto: National Geographic España - CaixaForum Madrid. Las tres Gracias (siglo I-II d.C.), de la Villa Cornovaglia en Roma. Obra de la Colección Borghese y procedente del Museo del Louvre.Mujeres de Roma. Seductoras, maternales, excesivas

Y es que la figura femenina en la antigüedad como diosa preeminente, regidora de los destinos mortales y dadora de vida, es algo que a mí personalmente me ha parecido, desde que tengo uso de razón crítica, el hecho más clarividente de toda la teogonía y estudio de las religiones; es por ello que la creencia en una mujer primigenia que de su vientre fecundado realiza al parir el mágico acto de la vida, y en consecuencia de la Creación, es la idea más lógica y comprensible para enarbolar cualquier doctrina religiosa sobre un fundamento creíble y no carente de las grandes falacias y fábulas propias de la casi totalidad de las religiones que han existido, y existen. La idea de una deidad que crea vida, debe de ser un paradigma de algo tangible y terrenal, de un reflejo en la creación teológica de cualquier sociedad humana derivado de un elemento cercano y conocido, pues la mayoría de las invenciones humanas no son sino elucubraciones de varios elementos observados de los cuales se obtiene, mediante el intelecto y la creatividad, una conjunción de ideas complejas, que imbricadas en el pensamiento emanan nuevas ideas; las cuales son expresadas en teoremas, mas o menos, racionales; y éstos, mediante la transmisión a otros individuos, van conformando, mediante la aceptación progresiva de los grupos humanos, que los van transmitiendo generacionalmente, afirmaciones morales, éticas y religiosas.


Notas de ayuda a la lectura del artículo.

1  Juan Sebastian Bachofen es el gran iniciador de los estudios sobre los orígenes del matriarcado (Muterrecht), de  la “cultura ginecocrática” en la antigüedad. Pensador e investigador del siglo XIX, docente colega de Nietzsche en la Universidad de Basilea, Bachofen distinguió tres momentos esenciales en la constitución de lo matriarcal en el pasado griego y su pasaje a la nueva forma triunfante del patriarcado. El primer estadio fue dominado por la diosa Afrodita, la vida se hallaba entonces en una plena simbiosis con lo femenino de la naturaleza. El derecho natural que prevalece aquí es la fecundidad de la tierra, su capacidad creadora de sus frutos. La tierra es aquí la Gran Madre. En un segundo estadio brilla la bella cabellera rubicunda de Démeter. Lo femenino acepta la mediación del matrimonio en el plano social y la agricultura es la forma esencial en una todavía constante unidad con la naturaleza. En un tercer momento triunfa Apolo, el dios solar y resplandeciente. Aquí lo masculino inicia su desplazamiento de lo femenino. Se produce así el pasaje de lo matriarcal hacia la nueva forma cultural prevaleciente teñida por los valores de lo patriarcal. El patriarcado privilegia lo racional, la individualidad, la guerra y la autoridad de un dios celeste, solar, que se ejerce sobre el resto de las divinidades.

2Adam Smith (1723  17 de julio de 1790) fue un economista y filósofo escocés, uno de los máximos exponentes, si no el mayor, de la economía clásica.  En su “Teoría de los sentimientos morales” de 1759 empieza por la exploración de todas las conductas humanas en las cuales el egoísmo no parece jugar un papel determinante, como aseguraba Hobbes. Lo que se expone entonces es el proceso de simpatía (o empatía), a través del cual un sujeto es capaz de ponerse en el lugar de otro, aún cuando no obtenga beneficio de ello. Con esto se busca criticar a la concepción utilitarista, como aparece en Hume. El desarrollo de la obra lleva al descubrimiento del espectador imparcial, la voz interior que dictaría la propiedad o impropiedad de las acciones. Este espectador imparcial puede asociarse al concepto de superyó, de Sigmund Freud.

A lo largo de la obra el autor explica el origen y funcionamiento de los sentimientos morales: el resentimiento, la venganza, la virtud, la admiración, la corrupción y la justicia. El resultado es una concepción dinámica e histórica de los sistemas morales, en oposición a visiones más estáticas como las determinadas por las religiones. En términos filosóficos, la naturaleza humana estaría diseñada para avanzar fines o causas finales que no necesariamente son conocidos por los sujetos, que se guían por las causas eficientes.

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