¿Populismo de derechas o reaccionarios?

El segundo martes de noviembre de este año no ha sido un día cualquiera para EEUU, como para ningún país del mundo. El magnate Donald Trump consiguió entrar por la puerta grande de la Casa Blanca: una persona cuyos ideales propugnan, entre otras cosas, el cierre de fronteras o el incumplimiento de los acuerdos internacionales por el cambio climático. A cambio defiende un proteccionismo económico que devuelva a EEUU y a sus ciudadanos la grandeza que tanto añoran. Sin embargo, no solo Donald Trump ha conseguido convencer a una gran masa social para su proyecto de país, otros movimientos y grupos políticos del mismo corte, proponen la misma ruptura con el sistema político y económico actual. De momento están ganando, fijémonos quienes han resultado ganadores del Brexit, o quienes lideran actualmente las encuestas de los sondeos electorales de Francia. Todo ellos, con un marcado discurso reaccionario radical, están siendo abrazados socialmente en muchos países. El presente artículo, propone una revisión crítica del sistema político actual, a través de sus grandes transformaciones y cambios en las últimas décadas.

Donald Trump, Nigel Farage, Marine Le Pen, Victor Orban, entre otras figuras políticas, son los nuevos líderes de la extrema derecha. Entre sus proposiciones, está la feroz crítica a la inmigración, a los musulmanes, pero también al sistema político actual. Critican la Globalización y la ideología que la sostiene, el neoliberalismo. El lema principal es la defensa de los ciudadanos autóctonos y nacionales frente a las personas foráneas, quienes, según los mismos, aprovechan este sistema para beneficiarse y perjudicar a los del propio país. Por tanto es un discurso crítico con la situación actual. Rechaza este modelo, cuando el mismo está en crisis, por lo tanto resulta fácil que muchos ciudadanos lo asuman y lo acepten. Donald Trump, mediante un discurso construido sobre el eje de la anti-inmigración, ha ganado las elecciones; Marine Le Pen, con semejante radicalidad ganó las elecciones regionales de su país; y UKIP, anti-europeísta y anti-inmigración, ganó las elecciones europeas de 2014 y consiguió el brexit.

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¿A qué se debe todo esto? ¿Las sociedades occidentales son cada vez más racistas y xenófobas que antes? ¿O abrazan aquellos modelos políticos críticos con el sistema actual que ofrecen soluciones a sus problemas cotidianos? Diferentes autores, críticos con el sistema mundial actual, intentan ofrecer respuesta a este repunte del populismo de derechas. Más adelante nos referiremos a esto, pero una cosa debe quedar clara: el análisis no debe radicar en el repunte del racismo o la xenofobia, más bien, en el hartazgo social que ha sido canalizado en gran medida por fuerzas políticas poco convencionales. Esta deriva social es resultado, inevitablemente, de la crisis económica, política y social que arrastran nuestras sociedades. El estallido de la crisis del 2008 no fue sólo económico, también político. La ciudadanía, cada vez más precaria (Standing, 2013) y en condiciones de empleo y de vitalidad dificultosas, empezó a alejarse progresivamente de la política convencional, considerándola una esfera que no responde a sus necesidades.

Los partidos políticos también entraron en crisis, como es lógico, siendo actores fundamentales de este sistema (Mair: Gobernando el vacío. La banalización de la democracia occidental, 2013) Los ciudadanos, hartos de su situación social y económica, se han desencantado por este sistema. La política actual no sirve, según el politólogo Peter Mair (2013) los ciudadanos no toman las decisiones más importantes, puesto que son tomadas por entidades supranacionales o por organizaciones fuera del control político. Circunstancias favorables a la desintegración de la ciudadanía con la política institucional. La transformación de los partidos políticos se produce cuando dejan de ser partidos de masas y defensores de intereses sociales, para ser partidos vacíos de ideología y por tanto de identidad ciudadano-partido.

Los viejos partidos políticos son percibidos como las grandes culpables de esta crisis, puesto que han admitido este modelo. La crisis de los partidos políticos se produce a partir de la legitimación de la realidad actual, pero también de la renegación de un modelo alternativo, crítico con la democracia de la Globalización y del mercado.  La izquierda política institucional, critica en su momento con el neoliberalismo, defiende la economía de mercado y el libre funcionamiento del mismo. Al igual que los partidos conservadores, la socialdemocracia acepta el encaje de la Globalización en el sistema actual. Esta tolerancia ha ahondado en el divorcio social y político de la ciudadanía con la política, puesto que percibe que todos los partidos políticos responden a las mismas exigencias e inquietudes del mercado.

Por tanto, queda un vacío importante en el tablero político, que según Mair puede ser ocupado por partidos populistas, puesto que aprovechen este caldo de cultivo, para hacer una determinada política, centrada en un discurso directo, fácil y de causa-efecto a la ciudadanía. El enemigo es el sistema actual, quien defiende lo ajeno frente a lo “de aquí”. Se centra el discurso en los inmigrantes como también se centra en los que no son iguales, es decir aquellos “diferentes”. Ofrecer respuestas a las necesidades de la ciudadanía es una forma de causar aceptación popular.

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Particularmente, dicho discurso se centra en la inmigración y en los inmigrantes porque son los más diferentes. Es decir, el grupo social más alejado de la ciudadanía. Porque además de ser eso, son los más vulnerables y precarios y también los más residuales del sistema (Bauman, 2005). No son tan ciudadanos como los autóctonos (Standing, 2013), puesto que carecen de contenidos expresos de los derechos más elementales. A todo esto, la problematización de la inmigración se ha intensificado por los contextos actuales: llegada de refugiados, “invasión de otras culturas a las nuestras”, como también el terrorismo internacional. Los partidos populistas de derechas aprovechan esta situación para introducir estos ingredientes en la preparación de la comida, que debe dar como resultado la aceptación social de este discurso.

Las viejas socialdemocracias han desocupado unos espacios para que los ocupen nuevos inquilinos, más problemáticos y radicales en sus discursos. La hostilidad hacia los primeros se convierte en complicidad a los segundos, puesto que pueden representar la esperanza. No se trata de sociedades cada vez más racistas y xenófobas, como tampoco se podría decir lo mismo de la Alemania que convirtió a Hitler en su Canciller. La realidad es más compleja, y tiene que ver con el abandono de las izquierdas de un proyecto político defensor de las clases trabajadoras. No es de extrañar que los votantes de la nueva derecha sean los colectivos sociales más perjudicadas (Jones, 2012) por este sistema, es decir, las clases trabajadoras y obreras, quienes sufren la precariedad laboral y vital en sus proyectos de vida.

El nacimiento de esta nueva forma de hacer política está ligado, indudablemente, a la crisis del proyecto de la Globalización, cuyo resultado más importante es la instauración de un  nuevo sistema ligado al mercado y a la economía, desentendiéndose de las necesidades sociales. Los partidos convencionales han abandonado su capacidad de intermediación entre la ciudadanía y la decisión política, para ser simplemente agentes legitimadores del sistema actual, sin mayor margen de maniobra. Al calor de todo esto, florecen estos nuevos movimientos políticos reaccionarios, ofertantes de un discurso centrado en la crítica de este sistema global.


Bibliografía

Bauman, Z. (2005). Vidas desperdiciadas: La modernidad y sus parias.  Paidos Ibérica

Jones, O. (2012). Chavs. La demonización de la clase obrera . Capitan Swing.

Mair, P. (2013). Gobernando el vacío. la banalización de la democracia occidental. Paídos.

Standing, G. (2013). El Precariado. Una nueva clase social. Barcelona : Pasado & Presente .

 

 

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Un comentario en “¿Populismo de derechas o reaccionarios?

  1. No sé por qué se habla de crecimiento del populista de derechas, cuando lo que crece durante las crisis son los populismos a secas. Encontrar un enemigo (extranjeros, ricos, judíos, mercados, globalización, Europa…) fácilmente identificable a quien culpar de todos los males del pueblo es la base del populista. La línea que separa populismo de izquierda y derecha es tan fina que suelen coincidir en casi todo, y es muy fácil ver traslados de uno a otro sin grandes problemas.

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