Los unicornios y el fenómeno aposicional

Animal fabuloso con figura de caballo y con un cuerno recto en mitad de la frente.”

Cuando leas este título igual querrás saber si realmente, tras un exhaustivo trabajo de investigación, alguien ha conseguido cruzarse al fin con esa criatura mitológica y comprobar en sus propias carnes que existe de verdad.

Siento decepcionaros, pero siguen sin ser reales.

No obstante, véase la contradicción, en el mundo del deporte, la silueta de lo nunca visto significa siempre algo más. Es adentrarse en un perfil completamente desconocido y aún por revelar al mundo. Resulta intrigante, por encima de todo, su potencial desarrollo.

Es más, como bien dice la descripción, es ser fabuloso. Un personaje fuera de lo tradicional y convencional, que nunca hubiéramos imaginado que llegara a existir en algún rincón del mundo.

A lo que voy es, en el mundo del baloncesto, cada vez es más habitual encontrarnos con distintos perfiles que enamoran a primera vista, que conmueven por su forma de desenvolverse dentro de una pista. Alteran el orden de un sistema, convirtiéndose en un foco de atención inevitable que genera la atención de todos.

Y no sólo en estos tiempos que corren, sino que ya viene de mucho antes. Poco a poco, han surgido especies las cuales, con sus atípicas peculiaridades, se han hecho un hueco en la liga, desafiando a toda ley física conocida y por conocer.

Pero, ¿qué suele ser lo que principalmente resulta más llamativo en una primera impresión?

Pues lo primero que podemos percibir: lo corporal. La anatomía y toda su estructura. Pero por otro lado, por sí solo no es lo único que hace que se distinga de los demás. Hay valores mucho más vitales.

Todo lo relacionado con dominio del balón, la técnica, la mentalidad y la comprensión del juego como tal. Esto es lo que hace que se engendre una especie de -en este caso- baloncestista atípico e inusual. Crea lo diferencial, como si de especies en peligro de extinción se tratase. Modelos únicos y originales.

De arquetipos los hay para aburrir, incluso inacabables. Pero hay un tipo que, en el nuevo modelo de baloncesto moderno, llama (todavía más) la atención del espectador: la del ‘unicornio’ aposicional, el cual se ajusta a cualquier ecosistema.

Kripstaps Porzingis (Getty Images)
Kripstaps Porzingis (Getty Images)

PREMIANDO LA DIVERSIDAD

Lo que sí que es cierto es, por otra parte, es que gracias a esos fenómenos que se han ido originando a lo largo del tiempo, este deporte ha empezado a dejar de englobar a ciertos jugadores por posiciones específicas, porque por técnica y capacidades, se hace complejo.

Mucho antes, el baloncesto se definía por un rol concreto en función de su posición: el base distribuye, el escolta anota, el pívot tapona, etc. Ahora, vivimos una etapa donde la constante evolución está a la orden del día. Caracterizarse por un único rasgo resulta insuficiente para siquiera destacar. Hay que reinventarse.

En resumen, se premia la diversidad. De ‘3&D’, ‘2-way player’ o, directamente, a interiores que se salgan del guión para salir al perímetro y lanzar para ofrecer más posibilidades en los ataques. Ese fenómeno, lo aposicional, incluye la figura del ‘unicornio’, que destaca por realizar diversas funciones y que le separa por una línea fina del resto de patrones hoy día establecidos.

Más bien, la figura de ese elemento ha ido ensanchando fronteras, convirtiendo esta rareza en algo más común en nuestros tiempos, por suerte nuestra, siendo algo que poco a poco va siendo más habitual.

Actualmente, lo vemos ejemplificado en jugadores del estatus de Giannis Antetokounmpo, cuya técnica individual, comprensión del juego y capacidad para jugar no se asemeja a la de ningún otro en todo la liga teniendo en cuenta su altura e infinita envergadura. Ha ido evolucionando a pasos agigantados, mostrándose como un ejemplar único en su especie. Bote y manejo espléndido, capacidad de defender a todo tipo de jugador, de ejercer de playmaker, etc. Una rara avis en todo su esplendor y que, al igual que un (ya) prodigio histórico como lo es LeBron James, destaca por ser un point forward (sin terminar de definirse en una posición exacta). Sin olvidar, por cierto, a un nuevo portento más que sugerente como Ben Simmons.

Karl Anthony Towns (USA TODAY Sports)
Karl Anthony Towns (USA TODAY Sports)

Lo mismo sucede con otros ejemplos. Uno de ellos lo es Kristaps Porzingis que, a pesar de su altísima estatura y envergadura, es un interior con una habilidad innata para lanzar desde fuera, con una gran capacidad de interpretar lo que sucede en la cancha, desenvolverse en ella y, además, defender con solvencia. Esa inteligencia y técnica es lo que hizo que Pau Gasol encajara en cualquier sistema posible o esa depuradísima capacidad anotadora de Dirk Nowitzki la que hizo del alemán un jugador eterno y diferente durante sus primeras etapas en la liga hasta ahora. Porzingis es, por lo tanto, una fase más de un progreso fascinante y significativo.

Al igual que otro lo podría ser Karl-Anthony Towns, el cual podría ser el paradigma de lo que puede llegar a ser el pívot en el baloncesto moderno. Condiciones físicas privilegiadas, con tiro, buena técnica, inteligencia y una presencia importante atrás. Un tipo de ‘center’ que a la vez, nunca visto, puede servir de espejo para las próximas generaciones. Lo mismo sucedió en su día con un modelo similar como Anthony Davis, el cual es otra muestra de la constante evolución de lo técnico. Así como Shaquille O’Neal también lo fue en su día desde la perspectiva exclusivamente física. Éste, especialmente, completamente superior y extraordinario en comparación al resto de los mortales presentes en una pista.

Lo que está claro es que, si no mirásemos hacia atrás en el tiempo, no podríamos ponerlo en perspectiva ni hacer un balance de lo que había entonces ni de lo que hay ahora. En su día, Magic Johnson era toda la sorpresa de la evolución y toda una revolución en el juego. “¿Cómo era posible que alguien que midiera más de 2 metros de altura fuera capaz de jugar de base?”, esa era la gran cuestión que, con el paso de los años, hemos observado que hizo un gran favor a la historia y al desarrollo de ésta. Se empezó a formular la pregunta de si, realmente, englobarse en posiciones según su tipo rareza tenía sentido si su finalidad era la de acabar produciendo lo máximo posible para su equipo en la cancha.

Porque eso, en parte -porque Magic no fue el único ni mucho menos- generó diversos cambios y en la NBA, tarde o temprano, se empezó a ver ese fenómeno de la evolución -tanto física, técnica como aposicional- como algo más corriente, sobretodo en estos últimos años.

Pero paradójicamente, sucede esto: y es que pase lo que pase y tengan las características inusuales que tengan, es prácticamente inevitable (para el que lo percibe y analiza) el tener que clasificarlos por posiciones específicas.

Lo extraño e insólito deja huella, y las últimas generaciones son una muestra cada vez más constante de ese fenómeno.


1) “Apología del cuerpo”, Gonzalo Vázquez: http://www.acb.com/redaccion.php?id=44909

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