El sándwich que cambió Europa

El sándwich que cambió Europa

Hay un viejo dicho popular que viene a decir algo así como «comer sin trabajar no se debe tolerar», no recuerdo muy bien dónde lo oí, pero se quedó en mi mente durante un tiempo. Anidando, esperando la ocasión para salir. Todo cogió sentido un día que revisando información sobre la I Guerra Mundial me topé con una anécdota que me hizo recordar ese refrán, «comer sin trabajar no se debe tolerar». La I Guerra Mundial o Gran Guerra como fue conocida tras el fin del conflicto armado supuso el fin de una época, el adiós al modelo de guerra clásico basado en el enfrentamiento cuerpo a cuerpo. Una pugna de intereses que se cobró 2.533.700 de vidas únicamente de nacionalidad alemana, incluyendo a soldados y civiles. Es importante matizar la pérdida de civiles en la Gran Guerra porque es a partir de este momento cuando empieza a desarrollarse la guerra total que incluye el debilitamiento de la población para mermar al enemigo.

Regresando al refrán y a qué demonios tiene que ver el comer con una de las más sangrientas guerras de la historia reciente, nos situamos en el Sarajevo de 1914. El calor abrasa la capital de la actual Bosnia y Herzegovina, es 28 de junio y el flamante archiduque austrohúngaro Francisco Fernando, también conocido por Franz Ferdinand (no, no tiene nada que ver con el grupo de música) se presenta en la ciudad balcánica en medio de un tenso ambiente dentro del imperio Austro-húngaro y a escala internacional. Las alianzas entre países están a la orden del día ante el inminente conflicto, por un lado Austria-Hungría se ve incapaz de poder gestionar su basto imperio ante el auge de los movimientos sociales y por otro lado, se incrementan las ideas nacionalistas de finales del siglo XIX. El ascenso de la idea de nación pone en jaque su hegemonía y por tanto la prolongación de su régimen político. El imperio austro-húngaro ha llegado a acuerdos con Alemania y el imperio Otomano entre otros. ¿Qué significan estas alianzas? En caso de que uno de sus aliados se vea en una situación de guerra, el resto le respaldarán. Poniendo en marcha una telaraña de apoyos y ayudas que como bien sabemos derivó en la I Guerra Mundial.

Así pues, el Reino de Serbia tras el asesinato del rey Alejandro I se había alejado de los austro-húngaros y habían hecho buenas migas con sus amigos de Rusia haciendo que el nacionalismo serbio creciera exponencialmente. La nueva dinastía serbia empezó por todo lo alto con una campaña de anexión de sus territorios colindantes como Macedonia y Kosovo (un territorio con mucha miga) y los autro-húngaros decidieron que Bosnia y Herzegovina sería suya. La cena estaba servida y la lucha por el último trozo del pastel no se haría esperar. Bosnia era el plato del que todos querían comer y en el más sangre ha visto derramada durante el último siglo.

Serbia buscaba por encima de todo vengarse por la anexión de sus vecinos balcánicos, de esta forma Dragutin Dimitrijević, planeó desde la sombra un movimiento conocido como Mano Negra (Црна рука en cirílico) destinado a unir a todos los serbios en una sola nación. Este movimiento aparece a partir de la idea de que los serbios no lo son por haber nacido en territorio croata, macedonio, etc. sino porque poseen una serie de características culturales que les hacen ser serbios y que se asienta principalmente sobre la religión ortodoxa. De esta forma la anexión de Bosnia y Herzegovina estaría justificada y no respondería a pretensiones expansionistas. La Mano Negra tenía su objetivo, Franz Ferdinand y tenía un plan, acabar con el archiduque. Para ello reclutó a cuatro serbios de Bosnia, conocidos como Danilo Ilić, Mehmedbašić, Vaso Čubrilović, Nedeljko Čabrinović, Cvjetko Popović, Trifun Grabež y Gavrilo Princip, el hambriento joven que desestabilizó Europa.

El sándwinch que cambió Europa
vía gaceta.es

El 28 de junio, Franz Ferdinand y su séquito son recibidos en Sarajevo entre vítores y aplausos para visitar un cuartel para más tarde retirarse hacia el ayuntamiento bosnio. La comitiva del archiduque se desplazó en tres coches, uno ocupado por Francisco Fernando y su esposa Sofía, junto al gobernador y a un conde de relativa importancia, el segundo vehículo fue integrado por el alcalde de Sarajevo y el jefe de policía y por último diferentes agentes de seguridad.

La Mano Negra tenía todo calculado, durante el recorrido que realizarían los coches oficiales habían preparado varios lugares para explotar un artefacto que acabaría con la vida del archiduque y más tarde el resto de atacantes les remataría con revólveres. Varias serían las estaciones en las que intentarían finiquitar al archiduque. Primero le tocó el turno a Mehmedbašić y Vaso Čubrilović que fueron incapaces de reaccionar ante la situación, echando abajo la primera parte del plan. La función debía continuar y ahora le llegaba el turno de salir a escena a Nedeljko Čabrinović, este atormentado serbio de Bosnia cuyo padre había abusado de él durante su infancia ha pasado a la historia como uno de los hombres más desdichados que la madre patria Bosnia ha conocido. En su intento por seguir el maquiavélico plan de Dimitrijević, lanzó la bomba al coche del archiduque con tan poca precisión que rebotó y cayó al suelo, provocando una explosión que hirió a veinte transeúntes. Ese fallo en el lanzamiento, impropio de un balcánico, le obligó a escapar y tomó la decisión de suicidarse ingiriendo una cápsula de cianuro y lanzándose al río Miljacka. Su desdicha y sus días no acabaron aquí ya que su organismo rechazó la cápsula y no surtió efecto, para más inri, la profundidad del río apenas sobrepasaba los doce centímetros por lo que el golpe contra el suelo fue considerable. Allí yacía el pobre Čabrinović, mojado, cubierto por su propio vómito y magullado por la caída. En su espiral de decadencia fue linchado por los allí presentes como regalo de despedida tras su detención.

Gavrilo Princip, Danilo Ilitch y Cabrinovic son conducidos hacia el juzgado
Gavrilo Princip, Danilo Ilitch y Cabrinovic son conducidos hacia el juzgado

Frustrados los dos intentos, el plan se fue al garete y el resto de participantes escaparon para evitar ser perseguidos por las fuerzas policiales. Entre tanto, el aspirante al trono acudió a su cita en el ayuntamiento de Belgrado donde mostró su irritación ante la reciente experiencia cercana a la muerte. Como relataba antes, los serbios se habían retirado después de fracasar y puesto que era ya el mediodía, uno de ellos, Gavrilo Princip decidió parar a comer algo en un establecimiento conocido como Appel Quay, que estaba a escasos metros de la calle Franz Joseph. Finalizados los formalismos de carácter oficial, el archiduque y su esposa emprendieron la marcha del ayuntamiento con un visible enfado. Muchas veces encontramos en la Historia sucesos que no siguen la norma establecida o que ponen en bandeja de plata un cambio radical de los acontecimientos. En esa mañana del 28 de junio de 1914, el chófer de Franz Ferdinand decidió hacer un cambio de ruta para evitar a la muchedumbre bosnia y hacer más llevadero el viaje (algo relativamente sencillo tras el paseo por la ciudad) Fue entonces cuando los caminos del archiduque y de Gavrilo Princip se volvieron a cruzar, esta vez en la calle Franz Joseph a causa de un fallo en el motor del coche oficial. El serbobosnio engulló su emparedado y empuñó su revólver, dirigiéndose con paso firme y determinante para atentar contra el austriaco. Gavrilo no dudó y con frialdad disparó dos veces, el primer tiro hizo diana en la yugular del archiduque y el segundo en el abdomen de su esposa, causando la muerte a ambos cónyuges.

De esta forma tan inesperada Gavrilo Princip dejó su marca en la Historia, aprovechando un instante de desconcierto, cuando todo el plan se había ido al traste y no había vía posible alguna. Este es sin duda el detonante más visible de la I Guerra Mundial, el sándwich que lo cambió todo. Hablar de detonante no significa que fuera la causa principal por la que se produjo la guerra, sino que dada la situación de tensión y conflictividad esto hizo que se pusiera en marcha un mecanismo de alianzas entre naciones para dar caza a los responsables del atentado.

Quién sabe qué habría pasado si el coche no se hubiera detenido en aquella calle o Princip hubiera decidido no atacar al archiduque. Existe consenso a la hora de afirmar que la Gran Guerra se hubiera producido tarde o temprano y es que en lo referente al desarrollo de los acontecimientos nunca hay una causa única que explique todo lo que ocurrió, sino que se articula a partir de un complejo entramado de fuerzas y batallas que van más allá de lo puramente bélico.

Sobre nuestro hambriento joven han corrido ríos de tinta, desde extensas biografías que más allá de centrarse en la vida de Gavrilo Princip preferían analizar los movimientos que produjeron su aparición hasta investigaciones destinadas a poner en duda la teoría del sándwich. Sobre él han hablado hasta sus descendientes, renegando de los calificativos que ha ido recibiendo Gavrilo desde que disparara sobre Franz Ferdinand y negando que «Gavrilo era un nacionalista radical serbio. No es cierto, formaba parte de un grupo multiétnico y creía en la diversidad.»

El relato histórico preferido ha defendido la hipótesis del emparedado como la versión más fehaciente a los hechos reales. Este reduccionismo del relato genera la mitificación del personaje como líder y desencadenante de la I Guerra Mundial. Al contrario que muchos historiadores, no seré yo quien critique la popularización y masificación de ciertos relatos históricos, puesto que a partir de esa “verdad a medias” puede ser una ventana a la proliferación del conocimiento de la Historia como ciencia para la gran mayoría.

Hay que entender a Gavrilo Princip como una oportunidad, una vía para expandir al máximo esta ciencia más allá de rechazos elitistas a la masa no intelectual. Un Gavrilo por y para la gente.

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