Lo razonable de las sensaciones

Acostumbrados a interpretar el arte contemporáneo a un estilo abstracto e incomprensible, con el único fin de fijarse en el dibujo propiamente dicho y no en ver mas allá de este.

La opinión social hacia el arte contemporáneo está manchada por un carácter de singularidad y de desprecio hacia lo que no somos capaces de percibir y comprender.

Todos conocemos obras datadas en los siglos XVI-XVII conocidas, a las que les regalamos nuestra atención porque comprendemos lo que estamos viendo. A pesar de no conocer la historia de un cuadro, podemos describir un dibujo y relatar subjetivamente una historia con la utilización de las figuras y los personajes.

En cambio, a partir del arte del siglo XIX y la aparición de técnicas novedosas y desconocidas nos encontramos con una confrontación de nuestras ideas y conocimientos al observar algo desconocido para nuestra mirada. Algo que no podemos descifrar por más que lo miremos y que no podemos crear una historia.

Durante los siglos pasados el arte estaba dedicado a temas e imágenes religiosas, mitológicas y paganas, es en los siglos XIX-XX donde se da una revolución no solo pictórica, sino también política, social y cultural que se aleja del catolicismo. Esto nos aporta una revelación tanto de formas y colores como de materiales y técnicas.

No dejamos que una obra nos cuente ciertas sensaciones y emociones, nos hemos acostumbrado a poner nombre y conceptos a todo lo que vemos y que conocemos. Pero, ¿qué pasa cuando hay algo a lo que no podemos ponerle un nombre común? Ya que no estamos hablando de un objeto, o un relato sino que estamos hablando de algo personal, sentimental, emocional, una sensación que percibimos y que no sabemos describir.

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Tenemos un concepto equivocado de lo que un artista contemporáneo hace para conseguir que su obra sea una obra de arte mundialmente conocida. Esta idea se refiere a la utilización de cualquier material, uniéndolos de forma uniforme hasta crear algo incomprensible, absurdo, incluso infantil para los ojos del espectador. Existen situaciones de este carácter pero la generalización de este concepto ha creado un rechazo absoluto en el que se ha tachado al arte contemporáneo de una ‘broma’

Una característica muy importante de este arte es la utilización de materiales y la técnica empleada. No solo fue una manera de renovar e innovar frente a un cuadro sino que renovó la pintura en sí. Se comienzan a utilizar materiales de todo tipo, muchos de ellos, muy difíciles de conseguir, y por supuesto el material condicionará la obra, muchas veces siendo lo más destacado de ella.

Otra de sus características es su personalidad: no solo ha influenciado al mundo de la pintura, la escultura o la arquitectura, sino también al cine, al mundo textil, al mundo artesanal. Algunos ejemplos son la decoración de los manteles para mesas de cocina, también a la decoración del mobiliario y de azulejos, en muchos destacan las famosas Composiciones de Piett Mondrian, símbolo de la abstracción.

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La mezcla de las artes llega literalmente cuando el arte contemporáneo comienza a sumergirse en los tejidos y en el mundo de la confección creando prendas tan conocidas como las famosas camisetas de Keith Haring o el famoso Pop Art de Warhol, una gran revelación en la moda marcando una época llena de estilo propio. También el arte contemporáneo esta ligado a otras artes como la música, relacionando los sonidos con los colores según Kandinsky, como él decía ‘‘pintar el sonido y escuchar el color”.

A lo largo de la historia, sobre todo de la pintura, la composición se ha apoyado más en unos elementos formales que en otros. En determinadas épocas buscó más apoyo en la línea, dando esquemas compositivos básicos en los que se utiliza el principio de simetría lateral o el famoso esquema piramidal donde predomina la armonía, la proporción y el equilibrio. Estos fueron los ideales del Alto Renacimiento y de autores como Leonardo o Rafael Sanzio. Años más tarde, las vanguardias pondrán el acento en la importancia del color convirtiéndose en el elemento principal a la hora de ordenar la composición, así son por ejemplo las obras de Cezanne.

Ademas, también existe una idea equivocada de que todos los artistas del mundo contemporáneo no sabían dibujar. Muchos de ellos realizaron trabajos anteriores a la fama y a la abstracción que dejan en evidencia muchas de esas teorías, como por ejemplos los primeros retratos y trabajos que realizó Picasso antes de sumergirse en el cubismo.

El objetivo de este arte es mandar un mensaje al espectador ya sea en forma de critica, en forma ironica o surrealista, o simplemente de forma directa para contar cual fue la sensación que tuvo el autor en ese momento y cual es la sensación que nos crea a nosotros al analizar la obra (subjetiva).

El arte tiende a renovarse de si mismo, no puede quedar una imagen que tenemos sobre un cuadro figurativo de Murillo o de Caravaggio, sino que es una constante revelación de formas, colores, trazados, técnicas y materiales que no pueden cesar. Cada año se celebra la feria de ARCO en Madrid donde encontramos obras de artistas tanto internacionales como nacionales que nos ofrecen un punto de vista diferente sobre el concepto de arte que tenemos.

Deberíamos sensibilizar más con el arte más moderno y menos reconocido socialmente.

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