El plagio y otros demonios

A cinco minutos de alcanzar la hora límite de entrega te recorre un sudor frío. ¿Y si la compañera de piso del chico que se sentó a mi lado en el autobús hace dos horas tuvo la misma idea que yo? ¿Y si leí un artículo sobre el tema hace semanas y mi subconsciente me ha hecho redactar estas líneas con pareja estructura a algo que ya se ha publicado?

¿Lo envío o no lo envío? Lo envío. Pulsas añadir entrega, con tus deditos inexpertos, esperando que el tiburón de Turnitin no devore tu escrito cuando todavía no sabes casi ni nadar en el desconocido mundo académico. Porque sí, en primero de carrera, casi todos los trabajos que pasan por los ojos del  chivato te hacen plantearte si tus ideas son completamente únicas.

Turnitin se encarga de medir  la originalidad de los escritos que pasan por su minucioso escrutinio. Y si, por algún casual, te olvidas de referenciar correctamente de dónde proceden las ideas a las que haces alusión o, simplemente, recurres al copy-paste; Turnitin lo sabrá  y lo mostrará a modo de porcentaje. 40% de plagio, ¡vaya!

No es algo que le quite el sueño a Fernando Suárez Bilbao que, además de experto en apropiarse de las ideas y del trabajo ajeno, es rector de una universidad pública de la Comunidad de Madrid, la Universidad Rey Juan Carlos. Has leído bien, sí; es. Mantenemos el verbo en tiempo presente porque la palabra dimisión no debe encontrarse en los diccionarios académicos.  Al parecer, permitir que un tramposo ocupe el cargo de alguien que debe defender y fomentar el estudio y el aprendizaje, en el más alto de los niveles, no es motivo de escándalo. « ¿Dimitir? – habrá pensado Suárez Bilbao – Por favor, que esto es España».

Imagen de Allan Sanders

La falta de escrúpulos que demuestra el ilustre rector no hace sino denostar el trabajo de aquellos que defienden cada día un modelo educativo que establezca como imprescindible el  pretender conocer y respetar, por encima de todo, la verdad. Con sus actos, pone en entredicho a los buenos profesores y profesoras que nos han enseñado la importancia que tiene valorar el trabajo de otros. Que sus ideas sean los pilares sobre los que fundamentemos las nuestras, pero quitar ladrillos de una casa ajena para construir así la propia es algo moralmente inaceptable.

No así para Fernando Suárez, pues su recompensa es el silencio que parece haberse adherido a todo aquello relacionado con su actuación ¿Y las consecuencias? Puede que lo más llamativo de todo sea la falta de respuesta real procedente de las instituciones. La permisividad que rodea el caso hace que debamos preguntarnos hasta qué punto en el ámbito académico se valora, valga la redundancia, lo académico.  Cómo es posible que pueda dedicarse a enseñar, cuando aquello que él ha aportado, y que debería avalarlo como profesional y docente, se fundamenta en la mentira y la falta de honradez.

El primer profesor que tuve en la universidad, un hombre inteligente cuya mirada me intimidaba, fue, también,  la primera persona a la que escuché hablar del rechazo abierto que debe mostrarse ante aquel que plagia. « Qué exagerado », recuerdo haber pensado. Ahora me lo cuestiono. Qué tipo de persona sería si no despreciase a aquellos que se apropian de una de las cosas  más importantes que alguien puede poseer; sus ideas.

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Un comentario en “El plagio y otros demonios

  1. Hey, muy útil y entretenido. Cuando estudias filología inglesa acabas con pesadillas sobre el plagiarism, sobre todo porque en países anglosajones está hiper-castigado.

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