Patxi, el candidato puente

El socialista Patxi López presentó hace una semana su candidatura para las primarias a secretario general que se celebrarán durante el mes de mayo. Su movimiento no es inesperado, pues ya meses atrás se barajaba internamente y en los corrillos mediáticos su nombre, pero sí muy relevante por lo que significa.

Hasta hoy, tras la revolución generada por la dimisión de Pedro Sánchez como líder del partido, luchas intestinas incluidas, la actualidad del PSOE pasaba por lo dimes y diretes de la gestora, una institución temporal y gris, carente de representatividad real para numerosos militantes y opinión pública. Con la noticia del paso adelante del vasco, al que con toda seguridad se sumará la presidenta andaluza Susana Díaz, la situación se desbloquea al menos parcialmente, dando pie a un sinfín de murmullos en torno al futuro de los de Ferraz.

López, exlehendakari, expresidente del Congreso y destacado hombre de partido, toma ahora la batuta del prolongado concierto de risas y llantos socialista con la mirada puesta en la renovación. Mientras Díaz bascula entre las baronías y el poder popular, pudiendo generar algunas contradicciones en el votante, y la sombra del radicalizado Pedro Sánchez reaparece en forma de pesadilla interminable, Patxi se coloca como puente sosegado entre dos partidos profundamente enfrentados. No le tiembla el pulso al afirmar razonadamente que él es en la actualidad el único candidato crítico viable, el que puede poner de acuerdo a todos.

El PSOE se encuentra sumergido en un prolongado periodo de reflexión. Debe decidir qué es, y los más importante, qué ha de ser en los próximos años. Lograr colocar de nuevo su discurso necesario en el imaginario colectivo y volver a gobernar. La irrupción del dirigente vasco en la carrera por el liderazgo permite diferenciar así pues con claridad las diversas facciones entre las que habrán de brotar las raíces de la deseada regeneración. El carácter pragmático, los valores socialdemócratas puros y el respeto que genera Patxi en prácticamente todos los estamentos del partido le convierten a simple vista en el candidato idóneo para acometer este proceso transitorio y reformador.

Mientras Susana representa un PSOE demasiado tradicional y Sánchez uno populista, Patxi aporta una mirada experimentada, centrista y progresista que puede terminar por rescatarlo de la irrelevancia en la que se encuentra sumergido. En Sevilla han de comprender que quizá los tiempos de vino y rosas se esfumaron ya. Que la España que conquistó Felipe González en los 80 ha cambiado y que ésta demanda rumbos opuestos. Asimismo, Sánchez y sus acólitos, deben asumir que su legitimidad se ha difuminado considerablemente tras las reacciones oportunistas y desleales demostradas en los últimos meses de su mandato.

Pase lo que pase, lidere quien lidere, lo cierto es que el mensaje enviado por el que fuera lehendakari hasta 2012 se encamina por la senda adecuada. Es necesario unir al PSOE para reconquistar al electorado. Ya no basta con remiendos estéticos, hay que cambiar todo aquello que no funciona y pretar filas sin perder pluralidad ni producir choques traumáticos, para volver a emocionar con hechos y no solo con palabras. La socialdemocracia se merece una segunda oportunidad. España lo necesita.

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