El renacimiento del defensa central

Entre los siglos V y XV el mundo occidental vivió una época de retroceso tecnológico, artístico y filosófico a la vez que la Edad Media y la teología se abrían paso entre los humanos. Ni sueños, ni ambiciones, ni innovación, aquellos que se cultivaban en las artes, las ciencias y la antropología constituían nada más que los marginados y renegados de la pluscuamreligiosa sociedad feudal.

La Edad Media significó la derrota del Imperio Romano, la derrota de la cultura, del arte y de la belleza a manos de los pueblos bárbaros, de la fuerza bruta y lo primitivo. El resultado de la conquista bárbara fue una sociedad fuertemente estructurada y reprimida, una sociedad basada en la subsistencia.

“¿Cómo pretende vivir el ser humano sin ser, en efecto, humano?”, se preguntarían unos siglos después en la Florencia renacentista Leonardo da Vinci o Michelangelo. ¿Cómo podemos olvidarnos de quiénes somos por hacer caso a un supuesto ente mayor?

Fue precisamente en la Florencia renacentista, la Ciudad del Arte, donde surgió el ‘calcio fiorentino’, una forma primitiva de fútbol que fue jugada por papas, aristócratas y artistas tanto para divertirse como para mantenerse en forma. “Eran personas cultas y artistas quienes lo jugaban, pero nunca fue considerado un arte”, aunque estaba claro que lo era. Y lo fue. Y lo es. Y lo será.

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El fútbol era algo así en el siglo XVI – redisitaly.com

Sin siquiera saberlo, eran artistas creando arte, la máxima expresión del ser humano, eso es lo que es el fútbol, un lienzo en blanco para ideas, pasiones y conceptos que comparte más de lo que creemos con el mundo de las artes: los cambios de ritmo y la velocidad con el adagio de la música clásica, el equilibrio, el sistema y la estructura con la arquitectura y escultura e incluso el control de balón y la técnica con la danza.

Pero no nos engañemos, hay muchas partes del arte del juego que se han pervertido por el mandato del resultado, del trofeo, del dinero. El portero fue recluido entre los tres palos para mayor seguridad defensiva, y centrales y mediocentros defensivos fueron relegados a una actitud guerrera más propia de los pueblos barbaros medievales que de la Italia renacentista.

¿Dejó el fútbol en cierto momento de la historia de ser un arte? ¿Dejaremos completamente algún día la ilusión de ver el partido por la única ansiedad de conocer el resultado? Por suerte para los que amamos este deporte existen brotes verdes, síntomas de revolución, de renacimiento.

“Yo represento una época que dejó claro que el fútbol bonito es divertido y que, además, con él se conquistan triunfos”, declaró en su momento Don Johan Cruyff, el homólogo en esto de Leonardo Da Vinci, ingeniero y artista del juego. Menotti, o Guardiola, o Xavi Hernández, o Rinus Michels, todos abogaron por un fútbol de todos, desde el arco propio al rival, sin restricciones, sin sacrificios.

Ese juego que te eriza la piel, te emociona por el movimiento, la danza del balón y de los jugadores, como guiados inconscientemente hacia la portería, como si se jugara de memoria, tiene un nuevo discípulo, John Stones.

El inglés es la mayor expresión del renacimiento del defensa central, del nuevo jugador de zaga, del líbero renacentista. El central moderno no es más que un mediocentro atrasado, con habilidad para sacar el balón controlado y con un conocimiento más avanzado sobre los espacios.

Han sido infinitas las críticas que John Stones ha recibido desde los comienzos de su carrera y especialmente desde que se ha unido al nuevo proyecto del Manchester City de Josep Guardiola. Mediocentro desde categorías inferiores, fue retrasado a la defensa por sus cualidades físicas, dejando a ‘los bajitos’ para danzar por el mediocampo, pero podemos decir que John Stones nunca ha dejado de ser mediocentro, John Stones nunca ha dejado de querer jugar, de querer crear, ni siquiera en el centro de la defensa.

Su zancada y control de balón recuerdan al mejor Gerard Piqué y su visión de juego hace que a menudo nos cuestionemos si Xavi Hernández ha decidido buscarse una segunda identidad en las Islas. Con tan sólo 22 años, John ya ha liderado la zaga de históricos como el Burnley o el Everton desde su debut profesional en 2011, con tan sólo 17 primaveras. A pesar de esto, la adaptación de Pep Guardiola a la Premier está siendo especialmente dura para la defensa del equipo ‘mancunian’, que intenta imponer en la Premier League el estilo de juego que tanto ha deleitado a Barcelona y Munich.

Con una primera vuelta errática, son muchos los que han perdido la fé en que un central ‘pelotero’ y un juego combinativo puro puedan triunfar en el primitivo y directo estilo de juego de los equipos de la tierra del football. Y quizás tengan razón. O quizá no. Quizás la Edad Media del fútbol esté llegando a su fin y Pep y John sean early adopters de lo que está por venir, del renacimiento del juego defensivo. Del fútbol de creación, el fúpbol, el fútbol total.

Quién iba a pensar que algún día el mundo abandonaría la seguridad y el pragmatismo de la Edad Media por el riesgo, la libertad y la creatividad del renacimiento. Como el hijo que ‘decepciona’ a su padre por no convertirse en abogado. Pep Guardiola en el momento que fichó a un joven de 22 años, exmediocentro, por 46 millones de libras no esperaba seguridad, no esperaba pragmatismo, esperaba errores, esperaba riesgo, libertad y esperaba creatividad.

Hay algo que John Stones ya está cambiando. El central moderno ya no tiene que girar la cabeza para simplemente observar como el balón vuela por encima de su cabeza hacia el delantero. El defensa moderno es aquel que no es juzgado por sus acciones de destruir juego sino por las de crear.

El defensa moderno ha recuperado su condición de jugador, su condición de artista, lejos de hacerse a un lado es la base del nuevo juego que no sólo bebe del dogma del resultadismo, sino de los propios orígenes del juego, de esa ambición por pensar y por crear en lugar de la necesidad de destruir para ganar, porque ¿cómo podemos olvidarnos de quiénes somos por hacer caso al resultado?, ¿cómo pretende vivir un defensa sin ser, en efecto, futbolista?

“Desde hace tiempo ha captado mi atención que la gente triunfadora no suele quedarse sentada y dejar que lo establecido les haga actuar, adaptándose. Son ellos los que salen y lo cambian. Todo. Haciendo que lo establecido se adapte a ellos”.

 

Leonardo Da Vinci

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