La Chaqueta Metálica: Kubrick en estado puro

Por tercera vez pude disfrutar ese espectáculo cinematográfico que es La Chaqueta Metálica. Y por tercera vez consiguió producirme un profundo rechazo por las guerras y la violencia que deshumanizan al hombre, vaciándole poco a poco hasta quedar tan solo una maquina fría y sin corazón.

No hace falta ahondar mucho en la producción de Kubrick para darse cuenta de que no es un director al uso. Kubrick es la mayor intimidad de pensamiento del cine. Tiene la habilidad de no dejar al espectador indiferente y poco a poco lo desnuda y lo lleva de la mano a  las emociones mas profundas, no siempre agradables, sin ningún tipo de paños calientes.

La chaqueta metálica nos muestra, a través del entrenamiento de un pelotón de marines americanos y la guerra de Vietnam, la barbarie del ser humano. Al mando de los nuevos reclutas se encuentra el sargento de artillería Hartman, uno de los mejores hijos de puta de toda la historia del cine, que hará de la vida de los aspirantes un infierno (en especial la del torpe recluta patoso). Un confiado novato en concreto sera el protagonista de la película, desde el comienzo el sargento  le bautiza como “Bufón” por mofarse con ingenio de cualquier situación. Él y sus compañeros realizan las más duras pruebas para convertirse en auténticos marines americanos bajo las duras ordenes y vejaciones de Hartman que acarrearán un trágico desenlace cargado de reflexiones.

                                                           ("¡Aquí mi fusil, aquí mi pistola!")
                                                           “¡Aquí mi fusil, aquí mi pistola!”

Una vez concluido el adiestramiento “Bufón” es destinado a la sección de periodistas militares en Vietnam donde conocerá a un ingenuo soldado con grandes ansias de entrar en combate. Casualmente acabara encontrándose con un viejo amigo, el antiguo recluta “Cowboy”, y se unirá a su escuadra para hacer un reportaje de la “autentica guerra”.

El argumento en su capa mas superficial parece mostrarnos el típico filme americano sobre la guerra de Vietnam pero gradualmente el espectador se da cuenta de que es mucho más.

Es difícil explicarlo con palabras… Sabes que lo que ocurre en la pantalla no esta bien, pero nadie hace nada para remediarlo. No puedes creer que los personajes permitan, justifiquen e incluso aplaudan las injusticias que presencias. Provoca en ocasiones puro rechazo al espectador (como ya sucedía con «La Naranja Mecánica») pero es la  forma que tiene Kubrick de hacernos reaccionar, de despertarnos, de agitar nuestras entrañas y de que nos demos cuenta de que la violencia esta en todas partes: en los campos de instrucción, en Vietnam, en el colegio, el instituto, el trabajo o nuestras casas… En definitiva hace que nos asustemos de la insensibilidad que puede manifestar el ser humano (la canción de Mickey Mause al final de la película es desgarradora).

Esta es ,por supuesto  mi reflexión personal. Las obras de Kubrick están sujetas a muchas interpretaciones y esta no iba a ser una excepción. Pero pienso que esta película es un imprescindible del cine, uno de los cantos mas feroces contra la violencia. Kubrick en estado puro.

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