De leyendas y dolores de cabeza

Ni dieciocho años tenía cuando ya toda LA ciudad lo conocía. Nueva York crea héroes con la misma facilidad que los destruye. Lance Stephenson fue uno más, de prematura explosión. En Born Ready TV, una suerte de Reality Show en la red, mostraba su desparpajo. Jugadas, testimonios… se vendía cual celebrity. Toda serie de diabluras que le llevaron desde anotar 27 puntos en la cara de Nate Robinson y Jamal Crawford hasta hacer lo propio con 38 junto a Kevin Love y frente a Brandon Jennings y Tyreke Evans.

Nacido en Brooklyn, hecho a su medida. Tenía esa estrella dentro que exponía como pasión. El genio de Lance no se recluía en pabellones. Daba rienda suelta a la imaginación en el afamado asfalto de Rucker Park. En el Lincoln High School de Coney Island se limitó a hacerse un nombre. Logró convertirse en el máximo anotador histórico en el baloncesto de secundaria en la Gran Manzana, de la que hizo a sus compañeros campeones en cuatro ocasiones consecutivas. Aún en el instituto, pero ya leyenda.

Dado por finalizado el proceso que le dio a conocer, el salto al college se antojaba inminente. Pero no todo fueron canastas y aplausos en Coney Island y tendría sus consecuencias. En 2008, Lance estuvo suspendido por pelear con un compañero de equipo. Meses después, fue arrestado por acosar sexualmente a una chica de 17 años. Las dudas de las universidades eran una obviedad. Kansas, Saint John’s, Arizona y Maryland finalmente apostaron por el talento, pero el joven escolta no llegó a firmar la carta de intención antes de que el plazo viera su fin. Tuvo que dar por buena la opción de la Universidad de Cincinnati.

Indiana Pacers v Miami Heat - Game 6

El comienzo fue más que correcto. Doce puntos y cinco rebotes sirvieron como una más que decente carta de presentación en este nuevo paso para él. No era, afirmaban los expertos, suficiente para dar el gran salto. Contaba con las cualidades, pero no con la madurez. El neoyorquino estaba haciendo grandes esfuerzos para borrar su pasado, para convertirse en un niño bueno. Trataba de ser un buen estudiante y el compromiso con sus compañeros en los Bearcats distaba de ser negativo.

Pese a los consejos de los eruditos en el mundillo universitario, Lance decidió hacerlo. One and done. Se pensaba listo para el gran escaparate. Diecinueve años, 2010 y preparando las maletas para comer de aquello de lo que siempre disfrutó. De aquello que le puso nombre siendo aún un niño.

Se pensaba que serían los Knicks quienes apostaran por el guard. Jugar en su Nueva York natal podría servir de acicate para alguien cuyas primeras experiencias se antojaban en falso. No cayó, sin embargo, en el vestuario del Madison. Estos contaban con los picks 38 (Andy Rautins) y 39 (Landry Fields). Uno más et voilà. Fueron los Indiana Pacers quienes confiaron. Larry Bird se dijo sorprendido al tener a tal talento disponible para la 40 elección.

Después de ganarse un contrato de tres años y 700.000 dólares en el primero, la controversia volvió a ser parte de la rutina de Stephenson. A mediados del mes de agosto fue arrestado por empujar a su entonces pareja por unas escaleras tras una disputa entre ambos en Brooklyn. Los medios no tardaron en pedir su cabeza. No solo se trataba de un episodio de violencia de género, sino que, además, confirmaba toda duda en torno a su figura. Reincidente y por ello castigado por la opinión pública.

«Tengo grandes esperanzas en el chico. Quiero que sea parte del equipo, se vista o no. Si va a ser lo que creo que va a ser, creo que el chico tiene la oportunidad de ser muy especial.»  Larry Bird, sobre Lance Stephenson, en medio de la tormenta.

Una causa perdida, se escuchaba repetidamente. Pero para Larry no. Aquel por el que nadie daba un duro se convirtió en su protegido aun sin haber debutado. Tirar antes de usar, pensaba la afición. El presidente de operaciones dio un paso más en las habituales labores que conllevan tal cargo. Creó vínculos entre ambos, le hizo sentir el amor que, según Bird, necesitaba. Desde el día uno escribió la relación entre jefe y obrero con un cariz atípico. Llegó a confesarle, en privado, su convicción en él como jugador más talentoso de la plantilla.

Solía llamarle a su oficina o, tras entrenamientos, sentarse a su lado. Charlaban constantemente, durante horas. No solo puso empeño en ser un oído cercano, también en tener influencia real. Porque cuando uno de los mejores jugadores de todos los tiempos hablan, cualquier interrupción está demás. «Larry es una leyenda, y cuando te dice que puedes hacer esto o lo otro simplemente hace que tu confianza crezca. Te hace sentir como si nadie pudiera pararte.»   Las palabras son del mismo Born Ready. 

Parte de la rookie class de 2010
Parte de la rookie class de 2010

Preparado para la NBA no se mostró, paradójicamente. Hasta el penúltimo día de febrero de 2011, cuatro meses después del comienzo de su primera campaña en la liga, no vio sus primeros minutos como profesional. Once oportunidades más tendría hasta el final de temporada. Como sophomore, la mejora sería significativa. La 2011/2012 se vio acortada por el lockout. De 66 noches, Lance participaría en 42. Una de ellas con una titularidad inesperada, ante los Bulls, y 22 tantos. «Había estado trabajando duro en los entrenamientos y el entrenador Vogel me decía que fuera paciente, que mi oportunidad llegaría. Me dijo que sería titular y que esa era mi oportunidad para mostrar lo que podía hacer. No sabía cuando, o incluso si esa oportunidad vendría de nuevo, así que tendría que tomar ventaja.»

Una cita que resume toda una idiosincracia. En lo que a parqué se refiere, Indiana fue un regalo del que, como dijo, se veía obligado a sacar provecho. Ni siquiera se suponía que debiera esta allí, pero lo estaba. El alero que cambió el rumbo del baloncesto puso la fe en manos de un manojo de nervios cuyo juego salía del corazón. Pero antes de Bird estaba Kevin Mackey, un scout que llevó a los Pacers a talentos como Danny Granger o Paul George. Pocos le fascinaron tanto como Stephenson. Mackey fue rescatado del olvido por Larry, pues deambulaba por los banquillos de ligas menores. En el mismo draft, la vista del ojeador sirvió para hacerse con un futuro All-Star (George) y ofreció a diestras y siniestras dos millones de dólares para lograr un nuevo pick. Temía quedarse sin la perla que en Lincoln tanto brilló, pero ni las ofertas ni las predicciones tuvieron éxito. Sin operación mediante, alcanzaron el objetivo.

Dos golpes de gracia, una sola noche
Dos golpes de gracia, una sola noche

Muchas palabras intercambiadas entre ambos después, Lance ya era una realidad. Irrumpía con fuerza, cambiaba los partidos y desquiciaba a los rivales. Un baile de hombros mientras volvía a defender eran suficiente para que el Bankers Life Fieldhouse enloqueciera, teñido de dorado. El acierto se hacía una evidencia. Bird servía de impulso para que el alma de Indiana se supiera capaz de todo.

2012-2013, la confirmación. 2013-2014, la superación. En solo dos años, el mundo tuvo que dar la razón a las oficinas de la franquicia y, posteriormente, entender que las expectativas se estaban superando. En transición, defensivamente y en ataques estáticos, la energía no se podía negar. Era clave en los Pacers más competitivos de la era reciente, pero aún contaba con lunares.

El trash talking se incorpora a la navaja suiza de fundamentos de cualquier jugador de elite desde que se tiene memoria. Para él, la comodidad no existía. El confort era un mero deseo que el rival no podía llegar a oler. Entraba en la mente de quien defendiera. Se colaba a base de improperios, se mantenía con jugadas electrizantes. LeBron James fue una de tantas víctimas. Su favorita, a quien pidió defender. Entre los dos escribieron la historia de una corta pero intensa rivalidad. Y entre todas, una imagen. Inclinado, de perfil, Lance Stephenson sopla en el oído de un LeBron con mueca de incredulidad.

El USA Today logró contactar con Bird mediante un mensaje de texto. «Sí, lo estoy»  respondió a si la acción le avergonzó. Poco después, el protagonista se exponía ante los medios reconociéndose culpable. «Me dijo: ‘No vuelvas a hacerlo’, así que no lo haré.»

En verano de 2014, llegó a Lance la mayor oportunidad que hasta hoy ha tenido. Todo un futuro bajo una decisión. La responsabilidad que conlleva ser agente libre se lleva mejor si el rendimiento tenido da pie a rimbombantes cifras que alimentan la rumorología. Indiana ofreció 44 millones en cinco años, pero fueron insuficientes. Charlotte celebraba. Se habían hecho con una presumible estrella, que aceptó la oferta de 27 millones en tres. «Realmente me siento mal por perderle. Espero que  no interfiera en nuestra relación, pero hice todo lo que pude para mantenerle aquí. Incluso si no tenía ninguna otra oferta, estaba comprometido en darle esos 44 millones porque creía en ese chico.»

Nadie puede contar con tal cercanía a la realidad que uno de los más grandes de la historia tuviera tal devoción por su persona. Por una arriesgada decisión, por una relación especial. Desde antes de que llegara a Indiana hasta la marcha a los Hornets. Bird siempre confió en el potencial. Lance siempre lo agradeció. «Le debo mucho a Larry» llegó a decir el jugador.

A partir de ahí, cuesta abajo. ¿Sorprendía esto a la leyenda de los Celtics? «No. Tuvimos esa conversación, también. Lance es un poco diferente. No puedo hablar sobre jugadores de otros equipos, pero es un poco diferente.»

Hoy, deambula por la NBA buscando un sitio. Minnesotta Timberwolves reza por recuperar su mejor versión. Lo mejor y lo peor. Dentro y fuera de las canchas. Lance Stephenson fue-y sigue siendo-un dolor de cabeza.

«’Apréndelo todo. Aprende, aprende, aprende’ solía decirme Larry. ‘Ve los partidos’ me decía. ‘No te sientes y simplemente des esos partidos por sentado.’ Le escuchaba. Veía a otros jugadores que estaban en frente de mí y cogía lo que hacían para intentar ponerlo en mi swag.» 

Fuentes: Yahoo! Sports, The Sideline Sports, 8 points 9 seconds, Bleacher Report, USA Today, NY Daily News, Sports Illustrated, Grantland, SLAM Online.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s