Alejandro Valverde, un ciclista de culto

“Yo voy a apostar por un chico que ninguno conocéis: Alejandro Valverde. Es una de las cosas más espectaculares que he visto en mi vida” Javier Mínguez, actual seleccionador español de ciclismo en ruta, en el comienzo de la Vuelta a España 2003, Onda Cero..

12 de julio de 2005, primera llegada en alto del Tour de Francia: Courchevel. Lance Armstrong lideraba la clasificación general desde la contrarreloj por equipos, camino de su séptimo Tour de Francia. Lo lógico era esperar una victoria aplastante del tejano, al estilo de las que lograra en Sestrières, La Mongie o Hautacam. Primer día de montaña y ya teníamos ganador en París. Sin embargo, los Alpes nos tenían preparados un escenario inesperado. Armstrong se quedó sin equipo a falta de 10 kilómetros para la cima tras una explosiva arrancada de Popovych que dejó atrás el habitual reguero de corredores; Ullrich, Basso y Kloden fueron los últimos en rendirse. Pero el tren del Discovery no había podido con todos. Junto a Lance marchaban el danés Michael Rassmussen, vencedor la etapa anterior en Mulhousse, y dos corredores españoles del Illes Balears, Paco Mancebo y Alejandro Valverde. Juntos llegaron al último kilómetro donde Rassmussen buscó desde lejos una victoria que sabía imposible al sprint. A su rueda saltó Alejandro, arrastrando a un Lance que preparaba su ataque final. No le valía con sentenciar el Tour otra vez. Quería ganar.

Así era Lance, un animal competitivo transfusiones aparte. El demarraje llegó a 450 metros de la línea de meta. De pie sobre su bicicleta, agarrado a la parte superior del manillar, con una cadencia frenética. Mancebo y Rassmussen agacharon la cabeza resignados. Valverde no. En contraposición a la enorme figura del americano, erguido en primer plano, Alejandro iba agazapado sobre su bicicleta, asomando la cabeza por el lado izquierdo de la espalda de Lance en busca de la línea, la maldita línea. Y la encontró. A 150 metros de meta asomó una sonrisa en la cara del joven murciano. Se puso de pie, lanzó la bicicleta, abrió su trayectoria y venció con una facilidad escalofriante. Era la primera etapa de montaña de su primer Tour. Aquel día un servidor tenía 7 años y se desgañitó delante de la tele, además de enamorarse perdidamente de este deporte y sus héroes.

Spain's Alejandro Valverde of team Movistar celebrates as he crosses the finish line to win the 16th stage of the 99th Giro d'Italia, Tour of Italy, from Bressanone / Brixen to Andalo on May 24, 2016. / AFP PHOTO / LUK BENIES
Spain’s Alejandro Valverde of team Movistar celebrates as he crosses the finish line to win the 16th stage of the 99th Giro d’Italia, Tour of Italy, from Bressanone / Brixen to Andalo on May 24, 2016. / AFP PHOTO / LUK BENIES

Alejandro llegaba al Tour 2005 como una gran estrella en ciernes. Acabó retirándose por un desafortunado golpe en la rodilla, pero su gesta no iba a caer en olvido. España había encontrado a su nuevo hombre-Tour, o eso creía. En cualquier caso, esa etiqueta le ha acompañado toda su carrera. Y es que, en España, desafortunadamente, tenemos una cultura ciclista centrada en las grandes vueltas en general y en el Tour de Francia en particular. Pero ese es otro tema.

No me veo como un clasicómano

La frase es del propio Alejandro, en una entrevista realizada por Jorge Quintana Martí el 11 de febrero de 2003 para el extinto semanario ciclista Meta 2Mil. Acababa de comenzar su segunda temporada como profesional y tras ser 3º en la Vuelta a Andalucía llegaba a su tierra para disputar la Vuelta a Murcia. Allí se le conocía como El Imbatido por sus 50 triunfos consecutivos entre los 11 y los 14 años.

En aquella entrevista Alejandro dejó una perla que define su carácter y un poco su carrera a posteriori: “La Copa del Mundo no es algo que me motive de forma especial. Sinceramente, me motiva más lo que pueda hacer en la Vuelta a Murcia que en la Milán-San Remo”. Él mismo añadía acto seguido que podía parecer una barbaridad, pero qué le iba a hacer. No ganó aquella edición, pero 14 años más tarde y tras su victoria del fin de semana pasado, el de Las Lumbreras tiene 5 Vueltas a Murcia en su palmarés y ninguna San Remo, monumento ciclista que apenas ha corrido tres veces. Cuestiones de motivación. La temporada 2003 acabó con sendos pódiums en la Vuelta a España (3º) y el Mundial (2º), muestra de su increíble clase. Solo algunos de los más grandes de la historia como Merckx, Hinault o Coppi han sido capaces de ganar en pruebas por etapas y en las cásicas o pruebas de un día.

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Foto vía twitter, Diaro Meta 2Mil

Me he confirmado como hombre-Tour, porque no existe más alta montaña que la de los Alpes

Entre lágrimas soltaba esta frase, el 15 de Julio de 2005, apenas tres días de vencer a Armstrong, cuando se veía obligado a dejar el Tour. Resignado, pero con la intención de volver. Convencido de que, con la retirada del americano, podía dominar en Francia. Como todos posiblemente. Ya dibujábamos la línea sucesoria: Bahamontes, Ocaña, Perico, Induráin, Valverde.  Pero si el destino es caprichoso, el Tour más. Precisamente Ocaña es uno de los mejores ejemplos, solo pudo ganar en París cuando Merckx no participó; ambos protagonizaron una de las rivalidades más épicas y crueles de nuestro deporte, pero esa también es otra historia.  Valverde no lo sabía, pero acababa de comenzar otra relación de amor no correspondido con la Grande Boucle.

Su carrera profesional parecía consagrada al Tour, pero el Tour tenía otros planes. En 2006 se fracturó la clavícula cuando partía como uno de los grandes favoritos. En 2007 naufragó en la contrarreloj de Albi, perdiendo todas sus opciones en la general. En 2008 se enfundó por primera vez el maillot amarillo tras ganar la primera etapa. Sin embargo, el 14 de julio, fiesta nacional en Francia y etapa reina en el Tour, se dio de bruces con el Tourmalet. Perdió contacto con los mejores a 50 kilómetros de meta, en las rampas del coloso pirenaico. Ese que el periodista del diario L’Auto (organizador del Tour) Alphonse Steinès subió a pie en la primavera de 1910, atravesando la nieve, para confirmar que los ciclistas podrían subirlo por primera vez aquel verano. Tras sobrevivir de milagro a la ascensión, envió el siguiente telegrama a París: “Pasado el Tourmalet. Muy buena ruta. Perfectamente practicable”. El resultado de aquella mentira fue el famoso grito de Octave Lapize al finalizar la primera gran etapa pirenaica de la historia: “¡asesinos, sois unos asesinos!”.

Algo así debió pensar Valverde de Fabian Cancellara, quien, en un descenso trepidante hacia Hautacam impidió que el murciano volviera al grupo de favoritos. Se dejó 5 minutos en meta y así acabó la que probablemente haya sido su única oportunidad real de ganar en París; por recorrido, rivales y su propia actuación en los días restantes. En 2009, cuando de nuevo llegaba al Tour en un estado de forma óptimo, la Operación Puerto comenzó a salpicarle de verdad. El Comité Olímpico Italiano le impuso una sanción de dos años sin competir en suelo transalpino. La decimosexta etapa de la ronda gala pasaba por Italia, no tomó la salida.

Tour de France 2015 - 102a Edizione - 17a tappa Digne les Bains - Pra Loup 161 km - 22/07/2015 - Alejandro Valverde (Movistar) - foto Luca Bettini/BettiniPhoto©2015
Tour de France 2015 – 102a Edizione – 17a tappa Digne les Bains – Pra Loup 161 km – 22/07/2015 – Alejandro Valverde (Movistar) – foto Luca Bettini/BettiniPhoto©2015

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Así estaba etiquetada la bolsa que Ettore Torri, fiscal antidopaje del CONI, utilizó como principal prueba incriminatoria a lo largo del proceso judicial. Según el italiano, la bolsa de sangre encontrada en poder de Eufemiano por la Guardia Civil dentro de la Operación Puerto coincidía con el ADN de Valverde. En declaraciones a la Gazzetta dello Sport, Torri llegó a decir:

“Valverde es un dopado. La sola intención de tener las bolsas de sangre lo pone en esta posición ante las normas del código de la WADA. La justicia tiene que ser igual para todos”

Finalmente, Alejandro fue sancionado por la UCI durante 2 años. Se le anularon los triunfos conseguidos en 2010 con carácter retroactivo y no disputó ninguna carrera en 2011. Durante un año y medio tuvo que entrenar por su cuenta, aislado del ciclismo profesional. Con el objetivo de volver y demostrar su verdadero nivel. Sin duda, esta es una gran mancha en su carrera que no se puede obviar. Pero en su vuelta ha conseguido apartar el foco de la misma a base de ciclismo de una calidad difícilmente superable. La realidad es que Valverde estuvo en el equipo menos indicado en el peor momento posible, se equivocó y pagó por ello.

Si analizas mi palmarés, he sido completísimo: he ganado todo, he hecho podio en todo lo mejor…

En una realidad paralela, mientras el Tour se convertía en una obsesión, en un eterno objetivo fallido, Alejandro Valverde pasaba las temporadas ganando desde enero hasta octubre. La lista de triunfos hasta la sanción creció hasta situarse en 60, incluyendo Lieja, Flecha Valona, San Sebastián, Dauphiné, la Volta a Catalunya y por supuesto la Vuelta a España de 2009. Tras el parón (2010-2011), hemos conocido la mejor versión de Alejandro: más tranquilo, más dominador, más feliz sobre una bicicleta. La mejor muestra son las tres Flecha Valona consecutivas (14’, 15’,16’) con las que ha superado al caníbal Merckx como el Rey del muro de Huy. A lo que hay que añadir otra Lieja, otra etapa en el Tour, y así hasta llegar a los 97 triunfos actuales. En cuanto a puestos de honor sobresalen sus 6 medallas en el Mundial, que le convierten en el ciclista con más medallas de la historia, aunque aún se le resiste el arcoiris.

Vuelta Spagna 2015 - 70a Edizione - 21a tappa Alcala de Henares - Madrid 98.8 km - 13/09/2015 - Joaquin Rodriguez (Katusha) - Alejandro Valverde (Movistar) - foto Luca Bettini/BettiniPhoto©2015
Vuelta Spagna 2015 – 70a Edizione – 21a tappa Alcala de Henares – Madrid 98.8 km – 13/09/2015 – Joaquin Rodriguez (Katusha) – Alejandro Valverde (Movistar) – foto Luca Bettini/BettiniPhoto©2015

Cuando vuelva, volveré a mi carrera, al Tour

A pesar de todo, el camino de redención de Alejandro no estaba completo. El Tour seguía ahí, rebelde, inescrutable para el murciano. Su aspiración tras la sanción ya no era ganarlo. Ya no creía tener un Tour en sus piernas; pero quería subir al pódium en París. Solo desde el cajón de los Campos Elíseos podría mirar al Ciclismo a la cara. En 2012 tuvo que conformarse con una épica victoria en Peyragudes, de la general se olvidó pronto, abanicos y averías mediante. Un año más tarde, de nuevo asentado en el World Tour tras ser 2º en una de las mejores Vueltas de la historia, se presentó a mediados de julio 2º en la general, superada la contrarreloj que más daño podía hacerle.

Y de nuevo una avería, una eterna persecución por las carreteras francesas y un sueño roto. En 2014 por primera vez le sonrió la suerte; primera semana de carrera y los dos grandes favoritos, Froome y Contador, ya habían abandonado. Alejandro se subió al cajón virtual en la décima etapa y no lo soltó hasta decimoctava en Hautacam. Apenas 10 segundos lo separaban del pódium. Por delante una contrarreloj de 54 kilómetros que iba a disputar con el maillot de campeón de España de la especialidad. “Valverde volverá al Tour, pero con otros objetivos”. Son las palabras de Eusebio Unzúe en la meta de Perigueux, final de la contrarreloj. Su pupilo no había respondido. No era un hombre-tour. Nos tendríamos que conformar con otra Flecha Valona, otra San Sebastián, otro pódium en la Vuelta, otra medalla en el Mundial.

Hay más de mí en las curvas de Alpe D’Huez que en las de cualquier mujer

Esta frase no es de Alejandro. La escribió Manuel Jabois en un precioso artículo dedicado a la Grande Boucle. Como hemos dicho, el Tour es la carrera más caprichosa de todas. En 2015 volvió a la salida con la idea de ayudar a Nairo Quintana en la general y probar suerte en alguna etapa. Acabó llorando en Alpe D’Huez. Había completado el mejor Tour de su vida. Iba a estar en el pódium de París.  10 años después de su exhibición en Courchevel, Valverde se reconciliaba con su carrera. Cerraba un círculo: “Esto es lo que he perseguido toda mi vida”.

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Foto: Movistar Team

¿Quiénes somos nosotros, aficionados de pacotilla (no los hay de otro tipo en este deporte de titanes), para juzgar si ese pódium vale lo que Alejandro dice? Quizá ya va siendo hora, después de 15 años disfrutando de él y 100 victorias a sus espaldas, de que dejemos a un lado el ciclismo ficción. Con todos sus defectos, nos ha regalado algunos de los mejores ratos de la historia del ciclismo en España.

Y ahora, con 36 tacos y habiendo ganado casi todo, corre para y contra sí mismo. Por eso vuelve a la Vuelta a Murcia y la gana por quinta vez haciendo 70 kilómetros en solitario en lugar de prepararse para debutar en el Tour de Flandes. Hay más Alejandro Valverde en sus declaraciones antes de la carrera en Murcia, “hay que atacar en la primera rampa del Collado y tonto el último”, que en ese palmarés ficticio que nos empeñamos en construirle. Porque si no se hubiera obsesionado con el Tour… si no malgastase fuerzas en carreras que no le importan a casi nadie… si no nos hubiera permitido acuñar el término Valverdada… no sería Valverde.

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Algunos académicos debaten incluir su debut en el Giro con 36 años

Por eso propongo que desde nuestro cómodo sofá nos limitemos a disfrutar de él una última vez, porque no sabemos cuándo volverá a pasar un corredor así tan cerca. En el año 323 a.C, en el lecho de muerte de otro Alejandro, Alejandro III de Macedonia, los generales allí presentes preguntaron al enfermo Rey por el heredero del trono. Según algunos de ellos la respuesta fue “el más fuerte”, lo que provocó una guerra que destruyó el Imperio. Vayan y pregunten a Valverde por su sucesor, asómense al abismo.

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