¿A quién beneficia la ley de dependencia?

Hace escasos meses la ley de dependencia cumplía años, entre celebraciones y reivindicaciones de líderes socialistas como Zapatero o Susana Díaz. No sé si lo recordarán, pero una de las medidas más importantes del gobierno socialista de Rodríguez Zapatero, al menos presentada así, fue la promulgación de dicha ley. Muy importante aquella, entre otras cosas, porque suponía el ofrecimiento de una ayuda social para el sostenimiento de personas dependientes física y psíquicamente. El apoyo económico y material a las familias, en estas situaciones, es importante. Sin embargo, desde que nació esta medida social –presentada como el cuarto pilar del Estado del bienestar español– no ha permanecido exenta de polémicas. Ya sea  porque se está recortando cada vez más, o por el sesgo de género que acompaña a la misma ley.

Digo sesgo de género porque esta misma ley perpetua, sin querer o queriendo, el sistema de roles de género tradicionales.  Me explico, al igual que algunos movimientos feministas, opino que la ley de dependencia, en su proyección por el gobierno, no se tuvo en cuenta la perspectiva de género. Me refiero a que la misma, no llegó con la intención de cambiar el status quo de la forma de entender la idea de los cuidados que se tenían, y se siguen teniendo: cuidados relacionado a la familia, al hogar, y en último instancia a las mujeres.

Cierto es, que puede ser una ayuda vital para muchas familias. Pero tan cierto es eso, como decir que ofrecer unas ayudas sociales a familias con dependientes, supone sostener al fin y al cabo la idea de que seguirá la misma persona, la de siempre, cuidando al dependiente. Esta es, la mujer. Así que esta ley, lejos de atajar un problema, supone continuar y más potenciar, los roles de género de una sociedad tradicional. O mejor dicho, intenta curar una enfermedad generando otra. No se tuvo en cuenta al cuidador en términos de trabajo y desgaste físico y psíquico, solamente que esa situación podía ser subsanada con una ayuda económica, como si fuera el mejor remedio a todos los males.

De este modo, mediante esta ley sostenida bajo un Estado del bienestar de corte familiarista, la mujer, qué remedio, se hace cargo de los cuidados. La ley de dependencia no quiso tener en cuenta la idea de que ofreciendo sola una ayuda económica, no se iba atajar el problema de que siempre son las mujeres las que tiene que ocuparse de los cuidados. Por eso, muy acertadamente, muchas feministas critican esta ley de cuidados. Porque, además de lo ya dicho, supone un importante prejuicio para éstas. El tiempo y la disponibilidad se reducen de forma importante. Ya no pueden trabajar fuera de casa y cotizar a la seguridad social para el día de mañana cuando se jubilen.  Solamente les queda lo que puedan cobrar de las ayudas sociales de la dependencia, y si es que se lo llevan, que en muchos casos, esos ingresos se los queda el marido o son útiles para gastos familiares.

En ese sentido, la mujer pierde muchos derechos sociales de los que gana. Por lo entonces, una ley que supone ser un prejuicio a la condiciona ciudadana de mujer, debe cambiarse o revisarse. No podemos aceptar una ley que no tenga en cuenta la perspectiva de género, siendo sobre temas que tienen que ver con el género, como es la familia y los cuidados.

Proponer nuevas medidas sociales que reformen la vigente ley es muy necesario. No podemos proseguir con una situación que supone ser un impedimento a la actividad laboral fuera de casa de las mujeres que tienen a personas dependientes en casa. Es importante proponer políticas sociales que saquen el problema de la dependencia del entorno familiar, profesionalizando la actividad de los cuidados. Solo de ese modo, tanto hombres como mujeres, podrán elegir por su cuenta trabajar o no en tema de cuidados. Dicho de paso,  es más conveniente proponer una formación profesional en tema de cuidados, que en el tema de la tauromaquia. Solo de ese modo –profesionalizar el tema de cuidados- podremos pensar en que se puede acabar, o al menos reducir, con el sesgo de género.

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