Teloneros del mercado

En este momento, todos nuestros agentes están ocupados.

Todo da vueltas detrás de un baile quieto,

Es la postal la que se mueve, es el recuerdo el que respira

Los hielos tintinean. El whisky es una forma de esperanza (y de canibalismo).

Me levanto y tropiezo y resbalo y caigo

No sé si era una cáscara de plátano o de piel

Piel mudada; las serpientes frías están cayendo por mi espalda

Pero el whisky sigue siendo una forma de esperanza (y de automedicación).

 

Ahora empiezo a entenderlo.

Me veo sentada en una caja de música, un sumidero, una alcantarilla

Donde están los bailes huecos a los que dan cuerda los fantasmas.

Me he convertido en una rata bailarina,

En un elefante de circo,

En un trapecista que vuela al ritmo

De una parada cardiaca.

No sé si arriba, abajo, si tan siquiera cuerda floja;

Sólo miro, y corro de aplausos pero

Tenéis escaparates en los ojos,

Luz de neón incluso de noche, neón azul, puerto

Puerto pero no seguro, puerto de mercado pesquero

Huele algas disecadas, a mar muerto,

Pero es todo recién traído, todo fresco

Todo pescado con abrazos como anzuelos.

Cómo vas a marcharte tan pronto de este puerto,

Ni siquiera ha empezado a amanecer.

 

Los neones aún titilan, azul, azul pero qué lejos queda el mar

No temas, aquí tenemos abrazos consoladores, acogedores (o estertores)

Demos un paseo, hablemos, una vuelta por este tiovivo de puestos

Y de muertos.

Es pronto aún, tenemos los abrazos rebajados, todos expuestos.

Primero los clásicos: el anzuelo genérico,

Modelo estándar y adaptable,

Desde madres hasta ex novios,

Comedido  y elegante; para borracheras y funerales,

Buena relación calidad precio,

Para todos los públicos y edades, nada especial o nada serio.

No suele interesar; vayamos a las sorpresas,

Tenemos un repertorio amplio, buena pesca.

Por ahí los abrazos que sirven como esposas, ¡no hay peligro de perder la llave!,

Como protector dental o incluso la alta gama: como camisas de fuerza.

En esa línea, los abrazos que son habitaciones acolchadas,

No se preocupe: la pared, insonorizada y el contestador, programable;

Son obras interrumpiendo un no-camino,

Casi podrá ver el humo,

¿Huele las excavadoras? Abrir los ojos para el puñetazo amarillo.

 

Por la zona roja, los abrazos para el ocio;

Como peleas de gallos, como desfiles de hormigas,

Como el sol tras una lupa, espectáculo seguro si las plantas está secas.

Abrazos que vienen con copa incluida

Rubios incluso naturales, pero la falda sí es decorativa,

De bailarinas cojas y bastones sin un Chaplin,

Pero redoble de batería y entrada triunfal:

Aquellos tan manidos “hace demasiado (poco) tiempo

Que no nos veíamos”.

 

También verá la sección de carpintería:

Abrazos como aguarrás sobre pintura,

También el plan para parejas: “cuando martillo besó a porcelana”

Ese, con sonido incluido.

Abrazos que firman un acuerdo de divorcio,

Abrazos de para mí el coche, para ti las macetas del salón

Todo el mundo sabe que las plantas quitan el oxígeno, y

¿cuándo han quedado los abogados para hablar de los niños?

Y por último: curiosidades y antigüedades, el sector más divertido

(Revendimos los abrazos que le daba su peluquero

A la mujer barbuda)

Abrazos de antebrazos dirigiendo una orquesta,

Abrazos que actúan desde escenarios ardiendo,

Como zapatos de tacón arrastrándose por un suelo de baldosas,

 

Como amordazar una armónica

con terciopelo rojo.

Justo ese que hace a los telones tan suaves.

 

Abrazos que son como café quemado, como pan gomoso,

Abrazos en los que el frío está en el forro,

Como si sólo sonase la música de un lado,

Como agua en la nariz, sal en los ojos, pero nada en las orejas

Así que tranquilo: siga usted bailando de ese único lado.

Como los pies en las sábanas heladas,

Y su efecto: carné para el insomnio acreditado.

 

Abrazos que son vasos de cristales rotos,

Bolsos de piel de sirena,

Abrazos que son perder los vuelos por una huelga de hambre,

Pero que te llevan a tu pesadilla del pijama en el colegio.

Abrazos que imaginan ojos cerrados tras las persianas,

Que cuando regresas te reciben: “no te reconozco”,

Abrazos que destrozan las piezas mientras hacen el puzle;

Abrazos en los que pierdes las llaves de casa

Abrazos con los que te quemas los dedos y te cortas

Y el mejor de todos: el abrazo de amnistía,

Libertad condicional pero aterida

No te preocupes: de regalo los guantes de látex, siempre debe ir uno protegido.

Son opacos, está comprobado

No se ven las heridas ni la sangre.

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