Una sentencia que no hace justicia

Estos días nos hemos despertado, algunos, creo que muchos, medio sorprendidos y medio preocupados. La causa tiene que ver con la decisión del Tribunal Europeo de Derechos Humanos de avalar a la empresa que decidió expulsar a una empleada musulmana en Bélgica, por el hecho de portar velo en su trabajo. La dimensión de la sentencia es de tal calibre que pone, o al menos debería poner, en alerta a todas las mujeres musulmanas. Porque incluso un Tribunal de Derechos Humanos ha decidido, no solo mirar a otro lado, también legitimar la discriminación.

Sencillamente se puede decir que dicha sentencia es un grave error, y un atentado contra la libertad individual de las personas. Si ya de por si ser mujer, musulmana y en edad de trabajar es una realidad difícil de compaginar en Europa, gracias a esta sentencia, podemos decir alto y claro que la misma supone un prejuicio de altísimo precio para este colectivo. Este no es el camino para construir sociedades integradoras e inclusivas, donde todas las personas puedan ejercer todos sus derechos básicos, y lo más importante, ninguna persona deba esconder la identidad y personalidad que ha querido elegir. Veremos cuál es el siguiente capítulo de esta larga serie.

En tiempos en los que dirigentes europeos y no europeos cuestionan la presencia de la comunidad musulmana y su derecho a ejercer su libertad de credo y conciencia, no me esperaba, con toda sinceridad, que todo un Tribunal de Derechos Humanos diese la espalda a la ciudadanía. Da la espalda porque deja sin poder y autoridad a todo un colectivo vulnerable y el que más está sufriendo esta crisis económica, política y social.  Sí, porque los inmigrantes musulmanes se están convirtiendo en el idílico chivo expiatorio de toda aquella política que se dice de sí misma  defender las fronteras y, en definitiva, lo nuestro frente a lo de ellos.

La sentencia del Tribunal de Estrasburgo es todo un atentado contra la libertad de las personas y de las mujeres. Lo es, porque cuestiona y pone en duda la capacidad de las mujeres a elegir su vestimenta, sea velo o cualquier otra indumentaria. Las mujeres sufren tremendamente las inclemencias de un sistema hecho por y para hombres, y todo esto, no es más que un retroceso en los derechos de las mujeres. Porque si eres mujer y encima musulmana no solo puedes tener el riesgo de que no te contraten, sino que esta discriminación está avalada por todo un Tribunal Europeo, que en cierto sentido sienta jurisprudencia sobre sus sentencias.

El neoliberalismo ha invadido todas las esferas de la vida social e institucional, y en este sentido, la justicia europea, en su afán por seguir las directrices de la ideología del libre mercado, ha decidido saltarse incluso los derechos fundamentales, para legitimar la intromisión de las organizaciones y empresas en la vida personal y privada de las personas. Porque no nos olvidemos, la vestimenta, al igual que las ideas y pensamientos, son nuestro reflejo y representación, y como lo son, nos pertenecen a nosotros, y ninguna organización que se precie puede estar en posición de arrancarnos los derechos más fundamentales.

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