El fútbol dejó de ser fútbol

El pasado viernes 10 de marzo, el fútbol dejó de ser fútbol. O mejor dicho, el viernes se dio a conocer una noticia que dejará al fútbol huérfano a final de temporada. Xabi Alonso anunció que, tras 17 años de lecciones futbolísticas por aquí y por allá, dejará de jugar a fútbol a final de temporada. Los homenajes no han tardado en sucederse a lo largo de estos días, y es que Xabi siempre quedará en el recuerdo de todos por lo diferencial de su juego y de su persona.

En tiempos como los que corren, y más en el mundo del fútbol, la figura de Xabi Alonso representa lo diferente. Y es curioso, porque si algo es Xabi, es clásico, tanto como jugador de fútbol como persona. Siempre ha jugado de lo mismo y su rendimiento nunca ha sufrido altibajos prácticamente. Los jugadores de ahora llevan pendientes, tatuajes por todos lados, son bestias físicamente hablando o llevan peinados extravagantes, y algunos, entre tanto “macarrismo”, por llamarlo así, apreciamos otro tipo de futbolista. El bueno de Xabi es un tipo normal, un tío calmado que podría pasar por un padre de familia de 40 años, que ofrece una buena imagen y que, además, juega bien.

Alonso siempre será para mí el estilo de jugador de fútbol que querría haber sido. Siempre me ha transmitido dos cosas; por un lado envidia, porque piensas “joder, así querría jugar yo, nunca la pierde, siempre lo hace bien”, pero por otro lado la ilusión de jugar a fútbol y de querer ser mejor en la medida de lo posible. Es inevitable, creo yo. Y es que claro, ¿quién no querría parecerse a él? La pelota hace lo que él quiere que haga exactamente, y muy pocos pueden decir eso. Hacia aquí, hacia allá, pase en profundidad medido, ahora un cambio de orientación de 40 metros… Todo eso con una clase a la hora de jugar a la altura de pocos. Es ese tipo de jugador que todo el mundo querría ser, que todo el mundo desearía tener, que todo el mundo quiere disfrutar y que, sin embargo, solo han podido poseer unos pocos afortunados.

Afortunados fueron en Anoeta, donde comenzó su andadura en primera división. No tardaron en pensar en Liverpool que, quizás ese chaval de aires tranquilos necesitaba impartir alguna que otra clase por Inglaterra. En Liverpool se salió. La figura de Rafa Benítez fue clave para una adaptación que yo creo que ni siquiera necesitó. Pronto, junto a su inseparable amigo Steven Gerrard y, un poco más tarde, también junto a Mascherano, formó parte de una de las mejores medulares de la historia del club red, algo bien complicado. En 2010, tras coronarse como campeón del mundo, llegó al Madrid, donde también lo jugó todo y donde su clase encajaba a la perfección con lo que buscaban por la capital. Sus últimos días los ha disfrutado en Múnich, o mejor dicho, le han disfrutado a él.

Pasan los años y nos damos cuenta de lo que hemos tenido en España. Xabi fue de lo mejor entre lo mejor. Sobrevivió a tres generaciones de ganadores en España, a tres. Y muy pocos podrán decir eso. El de Tolosa siempre fue un ganador, y por eso ha acabado teniéndolo todo. Qué suerte haber visto a Xabi Alonso, a Andrés Iniesta y a Xavi Hernández jugar juntos. Con ellos en el medio (y con alguno más) ganamos dos Eurocopas y un Mundial, que alguien lo intente superar.

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