Goodbye to the last parade

A quien quiera comprender el modus operandi de esos adolescentes con pitillos negros, peinados ‘emo’ y camisetas con referencias a bandas de post-hardcore, habría que darles ciertas claves. La serie inglesa ‘Skins’, la película ‘Suicide Room’, múltiples tendencias que se desarrollaron en Tumblr, Angy Fernández para aquellos que siguieron esta línea entre 2007 y 2011…

Dominik, protagonista de ‘Suicide Room’.

Todo se comprende mejor en perspectiva, y las tribus urbanas no son una excepción. El mundo ‘scene/emo’ supone un espacio de abrazo comunitario para muchos adolescentes en Occidente. Desarrolla una doble vía que por un lado ofrece una serie de elementos colectivos en los que encontrarse cómodo y cercano a otras personas, mientras te reivindica hacia fuera como una figura diferente, transgresora, incomprendida.

Como toda tribu urbana, también el mundo ‘scene’ necesita sus referentes musicales. Haberlos, los hay muchos. Podríamos pensar, para la generación que vivió su adolescencia en estos términos entre 2011 y 2015, en Sleeping with sirens, Slipknot, Black Veil Brides, Falling in Reverse, Paramore… Pero hay una banda por encima de todas. Una que fue referenciada, sin excepción, por los nacidos entre 1990 y 1999. Una que marcó musicalmente a cientos de miles de jóvenes en todo el mundo: My Chemical Romance.

Es cierto que se separaron en 2013, pero su estela es tan larga que todavía hoy es obligatorio asumirlos como la principal guía para comprender a estos adolescentes. Muchos grupos tienen hitos de imprescindible referencia, como Snuff de Slipknot, la cover de Iris de Sleeping with Sirens, Not the American average This war is ours; pero ninguno ostenta una lista de himnos generacionales tan larga como la de MCR. Welcome to the Black Parade constituye prácticamente la marcha central de todo el trayecto, el epicentro acústico de todo un planeta que se concentra en Internet. Teenagers como la mayor alusión externa; Helena como icono de la consolidación; Famous last words como declaración de intenciones; y I’m not okay como espejo en el que mirarse.

Con lo expuesto, cuesta trabajo comprender la relevancia emocional que adquirieron los Gerard Way y compañía, más en una comunidad en la que la cuestión emocional está marcada como la clave definitoria. Una comunidad en el que la homogeneidad destaca por ser, al mismo tiempo, el elemento que congrega y el que separa.

I’ve told you time and time again
You sing the words but don’t know what it means
To be a joke and look
Another line without a hook
I held you close as we both shook for the last time
Take a good hard look

I’m not okay
I’m not okay
I’m not okay

«Welcome to the black parade constituye prácticamente la marcha central de todo el trayecto»

Como resumen, My Chemical Romance encontró su relevancia más allá de la publicidad e incluso del propio contenido de sus álbumes. Hoy hay que hablar de My Chemical Romance porque supuso (y supone) una guía emocional para cientos de miles de jóvenes en todo el planeta, así como una suerte de reflejo para muchas bandas del panorama ‘scene’. Y por mucho que se separasen… MCR es para siempre.

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