Entrevista a Pamela Palenciano: «Todas hemos tenido un Antonio»

Pamela Palenciano nació en Andújar (Jaén) en 1982. Es una reconocida feminista en España principalmente por su monólogo No sólo duelen los golpes, en el que, a través del relato de una relación que mantuvo cuando era joven con Antonio, realiza una crítica al patriarcado, el machismo y el amor romántico.

P: El famoso monólogo “No solo duelen los golpes” lo has hecho en muchas ocasiones, ¿desde cuándo llevas haciendo este monólogo?

R: Bueno, el proyecto nació hace catorce años como una exposición de fotos, después se convirtió en un taller de prevención de violencia de género y como monólogo lleva cinco años. Yo viví en el Salvador casi nueve años de mi vida y en ese tiempo conocí el teatro. Y fue en el Salvador que empecé a darle la forma de taller y a convertirlo en monólogo. En realidad como monólogo no lleva tanto tiempo, pero el discurso, la vivencia y la experiencia es de hace catorce años.

P: ¿Este monólogo lo has hecho tú sola o tienes a alguien o a algunos que te ayuden a haber realizado el monólogo?

R: El monólogo sale de mí, porque además hago diálogo con el público y voy transformándolo cada día y en cada auditorio, aunque la estructura es la misma voy cambiando cosas. Pero sí que quien me apoya en muchas de las reflexiones del monólogo es Celia Garrido, que es mi compañera y “cómplice”, que viene conmigo sobretodo a los institutos y a los foros donde hay debate para poder ella llevar un debate porque yo acabo agotada, y es ella la que interviene con el público con preguntas, dudas, intervenciones… Y si que con ella hay muchas frases que salen de nuestro trabajo juntas.

“El monólogo sale de mí”

P: En el monólogo, dices que “dejas el break, dejas de ser amiga de Alberto y de tus amigas para pasar a ser la novia de Antonio”. Una vez que hayas dejado atrás esa relación ¿como de difícil es retomar esas amistades o hobbies que eran características de ti? Ya no solo llevarlo a tu caso particular, sino poder generalizarlo.

R: Es que cuando tú dejas atrás tu identidad, recuperarla a veces es casi imposible porque cuando la violencia pasa por tu cuerpo, tú ya no vuelves a ser la misma. Y eso no es algo negativo, al revés, es algo súper positivo porque retomas las cosas desde otro lugar. Sí, en mi caso yo no pude retomar amistades o el break, pero yo era una adolescente que me fui de mi pueblo y cuando me di cuenta de la violencia que había vivido, estaba ya fuera de mi pueblo. Si hubiera seguido viviendo ahí, ¿quién sabe? A lo mejor habría retomado mis amistades. Pero cuando tú vives la violencia y dices “quiero volver a ser la de antes”… la de antes ya nunca va a volver a ser. Y eso no lo digo en sentido negativo, al revés. Vas a ser diferente, vas a ver la vida de otra manera… Lo importante cuando vives la violencia es poder buscar la forma de sanarlo, transformar ese dolor en algo positivo.

P: Cuando estudiastes interpretación en El Salvador, te enseñaron cómo se comporta un hombre y una mujer según su postura, sus andares, cómo sentarse, cómo hablar… ¿Crees que un futuro estos roles de género se podrán cambiar o directamente eliminar?

R: A mí me encantaría que se eliminaran o que se cambiaran. Que los hombres se sentaran como mujeres, que las mujeres se sentaran como hombres… Que no existieran géneros, que de verdad cada persona fuera lo que le diera la gana de ser, pero me parece, y no me gusta ser pesimista sino realista, que está muy complicado. Cada vez que intentamos desde muchas teorías como la teoría queer o la teoría trans, transformar lo biológico y ser lo que nos de la gana de ser, de repente viene todo un adoctrinamiento por parte de la Iglesia, del pensamiento conservador, que arrastran a buscar lo que había antes, como el autobús transfóbico que ha salido hace poco. Vuelven a querer quitar la libertad de los seres humanos y centrarse en mantener lo biológico. Entonces lo veo muy complicado, y de hecho lo que pasa es que el capitalismo lo que arrastra es el modelo masculino. No le mola nada lo femenino, por eso parece que muchas chicas nos empoderamos pero lo hacemos desde la masculinidad. Intentamos perder lo femenino. Esas cosas femeninas como el cuidado, la sororidad, el trabajo doméstico… no parece como “ay, yo no” porque lo que es exitoso es lo otro, lo masculino. Eso es lo que pretende el capitalismo, además.

P: ¿Crees que todavía hay muchas mujeres que pasan por lo que has pasado en tu monólogo?

R: Voy a sonar un poco radical, pero es que todas pasamos por esto. Todas, en alguna medida, hemos estado con un Antonio maltratador como pareja, hemos tenido un Antonio padre, un Antonio hermano, un Antonio rollo, amante, novio, compañero del cole, un abuso sexual de un vecino… Es decir, la violencia machista, no solo en pareja, la hemos sufrido todas, y te diría que conforme voy viendo durante tantos años en los monólogos y comentándolo después con las chicas, y la cantidad de mensajes que a diario me llegan al Facebook, es que son un montón de tías las que me dicen “gracias porque yo estuve con un Antonio”. Te hablaría, no sé, de miles de casos. No es un problema de unas pocas y de unos pocos, es un problema del sistema que nos ha educado a las tías a tener el amor como nuestro centro. Y para los tíos el amor es una parte más de su identidad. ¿Cómo no vamos a sufrir la desigualdad? Si es que eso está por desmontar todavía.

“Todas, en alguna medida, hemos estado con un Antonio”

P: ¿Hasta qué punto tu monólogo es complicado desarrollarlo en lo que es en el marco de esta sociedad patriarcal y machista, por ejemplo que un hombre haya saltado ofendido o diciendo lo típico de “#NotAllMen” o “No todos los hombres somos así?

De verdad que me encanta cómo los machirulos se van reactualizando, me encanta. No sé, es súper complicado y hay veces que me hacen comentarios que me hacen muchísimo daño, sobretodo en redes porque luego en persona son unos ‘cagaos’. Yo les invito mucho a quedar para tomar un café, les invito a que me lo digan en la cara, les invito a que vayan a un monólogo y expresen su opinión, y no vienen, son unos ‘cagaos’. En las redes me ponen de puta para arriba, “vete al Salvador”, “feminazi de mierda”, y otras cosas más fuertes que me dicen como actriz y como persona. Pero luego en la cara nadie. Nadie tiene el valor de enfrentarse. Y hay veces que me da igual porque digo “pf, la gente está flipada”, pero como yo llevo muy poco tiempo desde que he vuelto del Salvador y me está costando mucho adaptarme de nuevo a la Península ‘Histérica’, sí hay días que lo llevo muy mal. Hay días que me quiero ir porque en el Salvador yo no tenía ese tipo de reacciones, tenía otras distintas. Eran diferentes, eran reacciones no desde el ataque sino desde el cuestionamiento. Cosas como “¿usted me está diciendo que como hombre yo soy malo?” y yo le decía “no se trata de malos o buenos, se trata de que eres machista, de que has crecido con esa idea…” y desde ahí puedes dialogar con alguien y trabajar. Pero aquí es como que tanto ‘Not All Men’ o como Jorge Cremades… es que sale cada personaje haciendo cada gilipollez… Es que este país, madre mía.

P: Que se hayan puesto en la mesa temas que hablen de feminismos en las RRSS está suponiendo que un grupo de personas (mayoritariamente hombres) salten de forma agresiva contra ese movimiento, ¿por qué crees que reaccionan así?

R: Es normal, estamos atacando sus privilegios, por eso tienen que sacar eso de ‘Not All Men’ y lo de feminazi o que somos igual que los machistas pero al revés… Porque estamos atacando sus privilegios. Las feministas, que bebemos de varios feminismos, no solo del institucional, no queremos acabar con los hombres, queremos acabar con los privilegios, y los privilegios son masculinos. Los privilegios son lo que a las feministas nos tocan los ovarios, y ya no queremos callarnos más. Si encima tienes al machirulo de turno que se te rebela es para decirle “mira sí, la verdad, muérete”… ya llega un punto que nos toca tanto los ovarios que al final le das lo que él quiere, que es provocarte para que lo mandes a la mierda.

“Me encanta cómo los machirulos se van reactualizando”

P: ¿Crees que se ha desarrollado una conciencia en torno a los problemas y las contradicciones del amor romántico?

R: Sí, yo creo que del amor romántico se está hablando cada vez más. Con 15 años esto en el instituto no se hablaba, era completamente normal vivir la historia que se cuenta en A 3 metros sobre el cielo. Actualmente se está poniendo en debate, se habla en ciertos ámbitos porque ahora mismo la película más taquillera es La Bella y la Bestia

P: Bueno, o como 50 Sombras Más Oscuras

R: Sí bueno, son primas hermanas, porque al fin y al cabo, La Bella y La Bestia es más dulce porque es de Disney, pero vamos al final es el mismo argumento: es una chica que por amor quiere transformar a la bestia en alguien bueno; solo que una es para adultos, con temas sadomasoquistas y la otra lo pueden ver todos los públicos. Nosotras desde nuestro poder femenino, dulces, psicólogas, madres… emocionales en general, nosotras somos capaces de transformar a una Bestia, de pasar de alguien malo a bueno. Entonces, me parece muy fuerte que en justo en este momento que se quiere corromper el amor romántico y queremos transformar las relaciones, por otro lado aparezcan cosas tan influyentes como una película, porque una peli, como los cuentos, absorben mucho la mente de los seres humanos para creerte que lo que te cuentan es así, se crea una realidad paralela en tu mente.

P: ¿Tienes alguna referente feminista o recomiendas alguna lectura o canción que te identifique?

R: Tengo un montón, la verdad. Ahora en música estoy muy pillada por varias, como Rebeca Lane, La Otra, Virginia Rodrigo… Son cantantes feministas que lo están haciendo maravillosamente. También me gusta La Ira, un grupo de raperas de Madrid. Y luego como lectura, creo que casi obligatoria o que tiene que transitar por tu vida (no sé si esta chica se declara feminista o no, pero escribe de unas maneras muy radicales y feminista) se llama El nacimiento del placer de Carol Gilligan, una socióloga, psicóloga, que hizo un experimento para demostrar de cómo los seres humanos nos separan como niños y niñas desde que son muy pequeñitos, cortándonos la voz interior y cómo el patriarcado hace todo su trabajo bien hecho desde que somos pequeñas y cómo los separan y lo hace de una manera muy inocua y va explicando incluso desde el diario de Ana Frank, como ella lo que realmente escribió como que no está centrado en su lugar, sino que ella habló desde una voz sabia mucho más interior. Pero claro, a Ana Frank la censuraron. Es que a la mayoría de las mujeres cuando hablamos desde la verdad nos censuran, entonces por eso tengo tantas censuras últimamente. No le interesa al sistema.

P: ¿Como crees que se podrían generar espacios donde las chicas se sientan cómodas para poder tratar estos temas y poder poner una solución conjunta?

R: Espacios no mixtos, es decir, que participen solo mujeres. Nosotras nos sentimos mucho más cómodas entre mujeres. Tienen que ser vivencias desde lo femenino para poder empoderarnos. A mí, de hecho, me han hecho crecer mucho los grupos de mujeres, el poder contar nuestras historias y escucharnos las unas a las otras… claro, es que las mujeres juntas damos mucho miedo.

P: ¿Qué soluciones o medidas de concienciación pondrías tanto en las instituciones como a nivel de educación para este tipo de casos? ¿Crees que debería ser solo a jóvenes y niños o también habría que llevarlo a la gente mayor?

R: Bueno, la sociedad habría que resetearla, habría que parar ahora mismo el mundo y darle al ‘reset’, pero económicamente al sistema no le interesa una mierda, la verdad. Ya sé que es una propuesta radical, pero como sé que no va a pasar, ¿qué podemos hacer? Esto no va solo para los niños, va para todo el mundo. Primero, en las leyes hay que poner la mirada hacia los hombres. Sería darle la vuelta a la tortilla. Porque a las víctimas sí les damos ayuda, nos preocupamos… pero los victimarios, ¿qué vamos a hacer con ellos? Sólo la cárcel. A mí no me parece que sea un modelo ni de reinserción, ni un modelo que de verdad a la gente le haga reflexionar sobre sus cagadas, a no ser que fuera un modelo de reinserción distinto, que no fuera carcelario. Porque ahí la gente no piensa en nada. Si es que la humanidad ahí se hace más perversa.

Entonces, yo creo que hay que poner la mirada en los victimarios, habría que hacer un proceso transversal desde que somos ‘chiquitines’ en la escuela infantil de romper los esquemas de género y luego intentar que haya otros modelos de referencia en los mass media, es decir, en canciones, películas… Que hubiera películas mucho más alternativas, de amores diferentes, de modelos de tías distintos y sobretodo, que a los tíos les hace mucha falta esto, modelos de hombre diferentes. Porque en los institutos a los que voy, muchos chicos me acercan a decirme ‘tu monólogo me ha revuelto un montón, yo como hombre me veo así y ahora, ¿qué hago?’ Y es verdad que aquí en Madrid hay varios grupos de hombres que quieren trabajar su masculinidad, pero son muy poquitos para la demanda de chicos que hay que quieren decir con 15 años “yo no quiero ser así, no quiero ser el macho de turno”… Entonces, bueno, yo creo que los seres humanos de verdad podemos cambiar el mundo con pequeños gestos.

Nos adoctrinan para que pensemos que no, que no sirve para nada una manifestación, que no sirve para nada la entrevista que me estás haciendo… Fíjate, cuando yo empecé con el monólogo pensé “yo quiero hacer algo para evitar que a otras jóvenes les pase lo que me pasó a mí” y la psicóloga me dijo “pero cómo lo vas a hacer?” y yo “no sé, pero quiero hacerlo, quiero evitar que esto ocurra”. Y fíjate la vida cómo me ha ido dando vueltas y después de 14 años sigo aquí intentando que eso pase.

Que si en mi monólogo un día hay 100 criaturas, intentarle abrir los ojos al menos a la mitad. Esa es mi intención, luego me encuentro con que a lo mejor le abro los ojos a más de la mitad o que están en el momento adecuado para ver el monólogo. O la chavala que te vio ayer me dice “jo, yo te vi hace cuatro años en mi instituto y hay que ver cómo me cambió la mente, pero en el momento no lo vi, lo veo ahora con 20 años”. Yo creo que si los seres humanos, con pequeños gestos que nos parecen tonterías, lo llevamos con deseo y con ‘garbo’ pues claro, el mundo cambia. Lo que pasa es que el sistema nos adoctrina y nos aliena para que no tengamos tiempo ni de ser críticos ni de pensar en cosas creativas para poder transformar el mundo. El sistema nos está matando poco a poco, este sistema neoliberal, patriarcal y machista.

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