El pan y las rosas

El mes de mayo siempre ha significado mucho. Para quienes soñamos con un mundo más justo, es un mes que nos sirve para recordar que bajo los adoquines puede estar la playa. Un mes lleno de lucha que, además, tiene dos celebraciones señaladas en rojo para muchas: 1 y 17 de mayo. Dos fechas que son clave que hay que reivindicar dentro de una lucha común y transversal: la lucha por la dignidad.

El 1 de mayo, el día de las y los trabajadores, recuerda a los mártires de Chicago y es la fecha clave de la memoria obrera a nivel mundial. El 17 de mayo, un poco menos conocido, pero no por ello menos importante, es el día internacional contra la homofobia, bifobia y transfobia. Conmemora el día en el que la homosexualidad desapareció de la lista de enfermedades mentales de la Organización Mundial de la Salud. Sin duda, el mes de mayo es un momento útil y apropiado para hablar sobre interseccionalidad y transversalidad (dos palabras que repetimos a menudo pero que no aplicamos tanto como deberíamos).

El momento cumbre de la confluencia de las luchas obrera y LGTB+ tuvo lugar en el Reino Unido en los 80 y tiene dos protagonistas (colectivos, por supuesto) clave: los mineros galeses en huelga contra Thatcher y un colectivo conocido como LGSM (Lesbians and Gays Support the Miners). Por supuesto, no es el único momento en el que clase e identidad sexual/de género coincidieron en una misma lucha ya que desde el mismísimo Stonewall quienes estuvieron al pie del cañón fueron quienes no tenían nada que perder salvo sus cadenas. Sin embargo, como cada año por estas fechas, quiero rescatar la historia del LGSM (popularizada por la película de 2014 ‘Pride’) por las enseñanzas que nos pueda aportar de cara a este mes de movilizaciones (y al siguiente, el del famoso World Pride).

Entre otras cosas, la historia de LGSM nos recuerda la importancia de la lucha transversal, de tejer lazos, redes y solidaridad entre las diferentes opresiones. ¿Cómo si no se iba a explicar que unos mineros heterosexuales provenientes del mundo rural participasen en una manifestación del Orgullo apoyando a la comunidad LGTB+ londinense? Lesbianas y gays compartieron con los mineros experiencias y formas de entender el conflicto social bien distintas, uniendo la tradición obrera con la tradición queer que entonces comenzaba a tomar forma.

Lesbian & Gay Pride, London 1985. (Photo by: Photofusion/UIG via Getty Images)

Cuando abrimos nuestros ojos a nuevas realidades y nuevas visiones del mundo, enriquecemos nuestros análisis políticos y, en consecuencia, podremos actuar con una visión más colectiva. No os quepa duda de que el capitalismo nos quiere luchando únicamente por nosotros mismos, encerrados en el individualismo exacerbado que domina a la sociedad neoliberal. Frente a ello, la lucha no puede organizarse en torno a activismos individuales (algunos incluso personalistas, propios de la era selfie), sino como acción colectiva e interseccional. Por ello, es importantísimo que seamos conscientes de que existen bolleras negras de clase trabajadora y maricas trans con diversidad funcional y que debemos organizarlos junto a nosotras.

Dejemos atrás los determinismos. Ni con el socialismo se acabará el heteropatriarcado (¡como si no hubiese habido contrarrevolucionarios sexuales en la Rusia soviética!) ni luchando únicamente por los derechos LGTB+ se acabarán las opresiones y la injusticia. Como dice el histórico lema feminista: luchamos por pan, pero también por rosas.

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