¿Qué lugar le reservamos a Sylvia Ageloff?

Con dolor comienzo este texto admitiendo que, casi con total seguridad, la inmensa mayoría de personas no habrán oído nunca el nombre de una de las mujeres más intrépidas del siglo XX: Sylvia Ageloff. Igual que sucede con ella, con la inmensa mayoría de mujeres fascinantes. O, sencillamente, con las mujeres en la Historia. ¡Ojalá muchas niñas y jóvenes las hubiésemos podido tener como referentes si no hubiese existido la voluntad de borrarlas de nuestro pasado!

Sylvia Ageloff fue una filósofa y teórica, mecanógrafa, políglota y traductora. Perteneció al círculo más cercano a León Trotski, siendo una de las pocas personas de su máxima confianza cuando el stalinismo activó una ofensiva para localizarlo en su exilio, estuviese en la parte del mundo que estuviese. El viejo abuelo soviético depositó en ella la responsabilidad de reorganizar el comunismo en torno a los ideales trotskistas a nivel mundial. Pero sobre todo siempre fue fiel y leal compañera de angustias, pesares, miedos, incertidumbres… y también alegrías, ideales y sueños revolucionarios.

Para la Historia y la Filosofía el valor lo porta Trotski, y Sylvia, parafraseando aquella canción clásica de Aute, “pasaba por allí”. Para el cine y la literatura, el interés recae sobre la figura de Ramón Mercader, mientras que Ageloff encarna todos los mitos del amor romántico y se presenta como un personaje secundario. ¿Qué lugar le reservamos a Sylvia Ageloff? ¿Dónde quedan las mujeres en los relatos de nuestro pasado? ¿Cómo se las representa desde lo simbólico hasta lo discursivo?

Desde el relato histórico ha habido un interés por presentar a las mujeres como sujetos pasivos de nuestro pasado. Se creaban dos categorías de mujeres: las débiles, que eran madres, esposas o religiosas, y las malvadas o ambiciosas, que generalmente solían ser aquellas que habían desarrollado un proceso de empoderamiento personal.

La Historia no nos ha presentado a otras mujeres y de las que nos ha hablado ha sido adulterando intencionadamente el discurso. Al final, y como se suele decir, la Historia la escriben los vencedores. En masculino plural, que no universal. Y se escribe desde el poder, es decir, desde el patriarcado. El cine, el arte o la literatura también han puesto su granito de arena para perpetuar esta desigualdad, invisibilizando y negando valor a las mujeres. Por tanto, que las mujeres no formemos parte de las esferas públicas no es casual, responde al interés de relegarnos al ámbito privado, negándonos capacidad, invisibilizándonos en todos los ámbitos, incluido el lenguaje, y excluyéndonos de cualquier discurso.

Es necesario que la perspectiva de género y la epistemología feminista impregnen todas las esferas del saber, las Humanidades, pero también otras ciencias, y situar a las mujeres como sujetos activos de las mismas, desde las categorías de análisis que los estudios feministas llevan décadas desarrollando. Y es necesario por amplitud de saber pero también porque es importante resarcir deudas que el mundo de la investigación y el conocimiento tiene con las mujeres.

“Quién se arrodilla ante el hecho consumado es incapaz de enfrentar el porvenir”.

Seguramente muchas y muchos la reconocerán como una de las citas célebres de Trotski, pero pocas y pocos sabrán que fue la mano de Ageloff la que la inmortalizó y que, seguramente, fue fruto de alguna de las muchas horas de debate y reflexión que León y Sylvia compartieron.

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Un comentario en “¿Qué lugar le reservamos a Sylvia Ageloff?

  1. No conozco cualquier trabajo filosófico, traducciones de trabajos relevantes o cualquier otra cosa del género de esta señora, sólo sé que ella mecanografía textos para Trotski, por lo tanto – Datilógrafa, sólo eso.

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