Eduquemos la educación

Venimos al mundo siendo ya etiquetados por colores y conceptos. Porque, ¿quién no ha tenido al menos una prenda en su nacimiento de color rosa o azul dependiendo del sexo con el que se haya nacido?

Y es que, nos criamos en una sociedad donde el binarismo imparte el “orden”. El bien o el mal; el éxito o el fracaso; heterosexual u homosexual; hombre o mujer. No hay puntos intermedios, sólo extremos que definen nuestra aparente realidad. Con esto, inventamos el género -femenino o masculino-, con esto creamos una diferencia que discrimina. Y lo diré, no sólo mujeres, sino también a hombres, porque esto ocupa otro tema. A causa de la condena de vivir en una sociedad binaria, un ser humano del género masculino seguirá teniendo dificultades para pintarse las uñas sin ser mal visto, de igual manera que alguien del género femenino al cortarse su larga cabellera que tanto tiempo ha costado mantener. Por distinciones como estas, una mano invisible ejercerá en todo momento una organización de lo que es “correcto” y de lo que es “incorrecto”.

Nos encontramos delante de una sociedad puramente sexista, a la cual le queda un prolongado tiempo para cambiar. La solución no es fácil, ya que el problema viene de lejos y ha penetrado tan profundamente en nuestras vidas, que hemos normalizado cosas sin preguntarnos el por qué, ¿de dónde proceden? Y es que, como decía Immanuel Kant: tenemos el deber de cuestionar. Cuestionemos pues, y demos un gran paso hacia delante.

Para poder llevar a cabo semejante avance, tenemos que trasladarnos a la educación, una de las instituciones más importantes, donde se deposita la semilla del verdadero cambio. Pero, nos encontramos a la vez con un gran problema, ya que esta parte del mismo binarismo, el cual se ha esforzado durante años en enseñar que algo es blanco o negro. Aunque actualmente se están haciendo progresos hacia otro tipo de educación -por lo que a occidente respecta- donde se trabaja la igualdad de género y demás, queda aún camino por hacer. Y es que, no sólo es en el momento de la enseñanza cuando hay que mostrar valores igualitarios y respetuosos, sino en todo momento.

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En educación llamamos currículo oculto todo aquello que los niñxs en la etapa de aprendizaje escolar asimilan inconscientemente. Ejemplos de esto pueden ser frases, expresiones, etc. que el emisor dice sin pararse a pensar en ello. Más de una vez he encontrado maestrxs que aún les dicen a sus alumnxs que su madre les lave la bata el fin de semana. ¿No se nos ocurre que quizá ese niño/a no tiene madre o tiene dos padres o vive en una familia de acogida o simplemente lo puede hacer de igual manera el tutor “masculino”? Es algo que hacemos involuntariamente porque se nos ha inculcado y hasta a nosotros mismos lo hemos normalizado. Pero estos aspectos no sólo hay que trabajarlos desde el colegio y la familia, sino que es una tarea que nos ocupa a todos.

De alguna manera me alegra ver que, aunque a un ritmo lento, vamos cambiando hechos como este y que cada vez somos más conscientes. Poco a poco en las escuelas se trabaja más la creatividad y no la competitividad, sino la igualdad. Apostemos pues, por una educación donde se enseñe que existe el blanco y el negro, pero también que al unir ambos surge el color gris. No nos limitemos únicamente a los extremos o a los antónimos. Eduquemos la educación para poder despertar a la sociedad que hace siglos que duerme.

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