Los Warriors son la revolución

El más letal de los ecosistemas. La más completa máquina de matar. Con ellos, las alternativas se quedan tan cortas que a los cuarenta y ocho minutos les suelen sobrar veinte. Se han especializado en todo. Acaparan cada espacio, cada acción del juego. Lo dominan y lo hacen suyo, casi con una actitud que te polariza. Son los Warriors, y tú los odias o los amas. Te encuentres en uno u otro polo, la grandeza debe ser reconocida. Para el César lo que es del César, tienen en su haber todo tipo de recursos para personificar de un modo perfecto a lo que el baloncesto quiere llegar. El siguiente paso es Giannis, Jokic y Kristaps, pero sobre todo, el siguiente paso es Golden State. Sin esperar a la próxima década, están reinventando conceptos que se suponían básicos. Han cogido el libro de la teoría de la canasta, han borrado sus páginas y escrito sobre ellas.

Toda cuestión que ha pasado por sus manos, hoy ya se encuentra adaptada a sus dominios. Recordemos que, en la era del pick and roll,  Steve Kerr vio un vacío. No era algo en el olvido, sino simplemente en desuso. Visto, pero en pequeñas dosis. Ya es suyo. Los exteriores colocan bloqueos indirectos para crear tiros de tres. Steph Curry es casi tan especialista finalizando como haciéndolo posible.

USA TODAY Sports

Pero más que eso, hay un elemento diferencial. Un punto en el que distinguir a los de Oakland del resto. El fastbreak no es solo una manera de acelerar el ritmo del juego, también de defender y entender la ocupación de espacios. Han sido capaces de destruir la idea de correr las calles en pos de aprovechar las prolongadas defensas que sus rivales, sin otra opción, llevan a cabo. Ver a Klay o Steph ser defendidos en individual cuando sus ofensivas tienen superioridad son canastas seguras. En un tres contra dos, o cuatro contra tres, siempre habrá un tirador liberado que, en contra de lo que se nos enseña, no corta. Espera en el perímetro el momento en el que quien acapara el balón reciba la defensa que trate de evitar su tiro desde los casi nueve metros. Cuando esto se produce, normalmente Curry, solo tiene que buscar un pase. Suma una asistencia, los suyos tres puntos y el rival la sensación de que, sin hacer de cada jugada un cinco contra cinco, esto es imposible de frenar.

Toda ventaja nace de una amenaza. Sin tiradores, todo cambiaría. Pero Kerr hace uso de lo que tiene para imposibilitar su freno. ¿Correr las calles? Solo para los atléticos. Curry, Klay y KD se ahorran unos siete metros por carrera. No buscan penetrar, no quieren llegar a la línea de fondo. Aprovechan la inevitable atracción que su compañero con balón genera para lanzar a placer. Y ahí, no hay discusión. Ahí, no hay duda. Anotan, anotan, anotan. Te matan a gritos. Con, por ejemplo, Iguodala, McCaw o incluso Shaun Livingston, la cosa cambia. Sí se busca penetrar, pero no desde el bote. La bola solo tiene una función; atraer a la defensa rival. Los aleros con más habilidad para entrar son los que cortan y reciben libres de marca. Normalmente en alley-oop.

Se da el caso de equipos que, concienzudamente, prefieren el dos al tres. Aceptan la imposibilidad y buscan disminuir su efecto. No solo es permitir penetraciones para recibir un punto menos, también es evitar que los lanzadores se enciendan y la Dub Nation entre en erupción. No hay plantel que caliente más el ambiente que ellos. Por su espectacularidad, por resultados, por carácter.

Aquí, por ejemplo, Kyrie prefiere ir al dos contra Curry que quedarse en ayudas para evitar un corte que acaba produciéndose:

En el banquillo del oponente, a menudo, la idea más recurrente es, en la práctica, una bonita utopía. No hay defensas posicionales en inferioridad que puedan hacer frente a una ofensiva que empieza en los nueve metros y en el que cada jugador es una amenaza a proteger individualmente. Solo queda ralentizar. Bien con un center que obligue a los Warriors a cerrar el rebote en bloque o bien olvidándose de este para bajar a proteger el aro en cinco contra cinco. La única forma real de evitar la sangría es hacer del 5c5 una constante, a toda cancha. Utah lo intenta, lo ha suavizado. Snyder se quedará sin premio pese a un excelente planteamiento.

El pico de la ‘pirámide Kerr’ es un triple en carrera, pero la base se produce en el aro contrario. ¿Han escuchado hablar de la ‘Death Lineup’? Es aquí donde su efecto se magnifica. El que fuera base de los Bulls en los 90 explota la movilidad del quinteto con más variedad de herramientas de la liga para hacer de la protección del aro su fuerte. En cada bloqueo se pueden permitir cambiar. No hay desventajas cuando un exterior trata de driblar a un interior. Cuando estos son Draymond y Kevin, el movimiento lateral despeja la idea del mismatch. No hay hombres rápidos contra lentos, no hay pívots contra guards. Son constantes duelos de tú a tú.

Es, probablemente, la defensa que más dolores de cabeza causa por movilidad. Todos son capaces de todo. Con JaVale o Pachulia tienen la variante del ancla que intimida y asegura el rebote. O lo que es lo mismo; oportunidades para potenciar aún más la carrera. Dicen que quien controla los tableros, maneja el ritmo. Golden State lo hace. Sin embargo, necesitan un pase inicial que sin ellos no se da.

Más que los pívots, quienes representan lo que Steve quiere y consigue son Iguodala y Green. Porque ellos no solo entienden que todo la nace de la responsabilidad individual, sino que también se embarran en ayudas. Lo de estos como inicio del campo abierto representa una instantánea ventaja. Con la decisión y el timing perfecto, son capaces de taponar o robar para que la carrera empiece. Y entonces, todo rueda. Porque con ellos dos, se asegura trabajo y, como decíamos, el fastbreak no es solo una manera de acelerar el ritmo del juego, también de defender. Todos corren sin esperar, olvidan la idea purista del base subiéndola. Saben que ellos tienen dos muros y, también, dos grandes amasadores del balón que, además, generalmente solo tienen que echarlo al suelo para provocar el descalabro rival. Superan en velocidad al interior rival, provocan ayudas, liberan a tiradores. El ciclo de la esencia de los Warriors. Atraer para dividir. Asistir para matar.

Aquí lo explicaba Coach Nick, de BBall Breakdown en la pasada temporada, personificando en Dray este fenómeno:

Y si hablamos del cuatro que defiende a cincos y que la sube como un base, debemos hablar de unicornios. Del último fenómeno técnico-táctico que también poseen y multiplica el potencial tanto ofensivo como defensivo de la trituradora de Oakland. No es el único animal mitológico en el vestuario de amarillo y azul. Kevin Durant llegó en verano siendo objeto de una tormenta. En su mano, la ampliación de recursos, acelerar los procesos. Son ellos, Dray y KD, quienes se emparejan en la pintura. Quienes hacen que Curry no espere. Quienes dan sentido y valor a lo que Kerr, en carrera, pretende (y acaba logrando) poner en marcha.

El mismo Steph es, además de finalizador, la mecha que prende la llama. Probablemente sea uno de los defensores más infravalorados de toda la liga. No se caracteriza especialmente por su velocidad, ¿y qué? Desde que reforzara la cintura para evitar repetir problemas de tobillo, su capacidad de reacción se ha disparado. El movimiento lateral no permite penetraciones, el uso de los brazos agota el bote y fuerza malos pases del rival. Además, tiene la capacidad de anticiparse. Ya sea a un pase, con gran lectura del lado débil, o el propio bote. Agobia, ya seas receptor o acaparador. Para más inri, su posición, al defender a PGs rivales, suele ser la más cercana al aro rival. Esto se traduce en robos y canastas a placer.

De nuevo, Coach Nick, para explicarlo:

Dicen que Mark Jackson les hizo creer en ellos mismos y que fue Steve Kerr quien vio la forma de hacer que la confianza fuera correspondida. Hoy, no imaginamos a los Warriors sin victorias. Pero más grave aún resulta pensar que la crítica no dibuja cada que suman a su balance con el mérito que merecen. Porque se ponen excusas. Se atacan las actitudes modernas, las blandas formas de chocar e incluso se llega a negar por activa y por pasiva su estilo por faltar al baloncesto purista y sus elementos básicos. Lo único en claro es que, guste o no, han hecho de este deporte algo más divertido. Te caigan bien o no, están marcando una época. Lo quieras o no, son la revolución.

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