La odisea de Florence Welch: cuando la diosa se hizo humana

Amor y dolor, la rueda que no deja de girar. Constantes que nos unen a todos. Si bien sólo unos pocos son capaces de plasmar tales sensaciones en una manifestación artística, todos somos capaces de reconocerlas y mostrar empatía. Florence Welch es un ejemplo de ello.

En su carrera liderando Florence + the Machine, la figura de Florence terminó por alzarse como algo místico cuando se publicó Ceremonials. Todo lo naïve y juguetón de Lungs dejaba paso a lo onírico y espiritual. Florence cantaba al amor, pero de tal forma que mostraba un universo del que no formabas parte y no se te invitaba a ello.

Podríamos decir que con How Big, How Blue, How Beautiful se hizo humana, demostró que ella también siente y padece. Entre aquel Ceremonials y esta tercera entrega tuvo tiempo para vivir, enamorarse, cortar con su pareja, sufrir y se recuperarse. Todo ese tramo vital cristalizó en un álbum en el que nos mostró su universo, se desnudó y abrió en canal para enfatizar que también es una más. A lo largo de los cortes que conformaban aquel álbum había odio, lamento, desolación y, finalmente, perdón. Florence había creado un gran trabajo conceptual que versaba sobre la etapa más dolorosa de su vida. ¿Cómo podría culminar todo esto? Poniendo imágenes a aquella odisea.

Es entonces cuando, de la mano de Vincent Haycock, nace The Odyssey. Este documento gráfico busca representar la belleza del dolor, darle cuerpo a lo intangible. Así surgen siete capítulos y dos interludios que corresponden a nueve cortes de How Big, How Blue, How Beautiful. Episodios concatenados que nos muestran a una Florence Welch atravesando una ruptura desde un plano metafórico del todo delicioso.

AbreWhat Kind of Manalzándose como la eclosión de la tempestad, el primer capítulo de la odisea. Musicalmente se representa con un riff de guitarra apoteósico, en imágenes aparece como un accidente de coche precedido por un “People who suffer together would be more connected than people who are content?”. Todo en este vídeo es violento: movimientos, secuencias, sentimientos… Florence no sabe qué está pasando, pero no está cómoda. Quiere salir corriendo de allí arrasando con todo lo que encuentre.

Lo peor ya ha pasado, ¿ahora qué? Vaga por Los Ángeles cuestionándose el porvenir de su vida. Si el cielo que nos envuelve es tan grande, tan bonito, tan azul, ¿por qué no estoy feliz? ¿por qué nuestras vidas están abocadas al desastre? Esa versión a capela del tema que da nombre a todo este trabajo, How Big, How Blue, How Beautiful, se convierte en un canto de confusión: “What are we gonna do? We’ve opened the door, now it’s all coming through […] Maybe I’ll see you in another life, if this one wasn’t enough ”.

Te das cuenta que todo estaba abocado al fracaso. Aparece la imagen de St. Jude, la patrona de las causas perdidas, en una secuencia en la que encontramos a Flo fuera de su zona de confort, embargada por una desolación que empieza a resultar confortable: “Maybe I’ve always been more comfortable in chaos”.

Pero tuvo que haber un momento en el que todo iba bien. ¿O no? La bebida no la deja pensar de forma coherente. “Did I build this ship to wreck?”. Todo es confusión, dualidad. La Florence contenida frente a la Florence rabiosa se dan de la mano en Ship To Wreck, secuencia grabada en su propia casa; volvemos al objetivo: conocerla más por dentro, humanizarla.

Aunque para conocerla mejor llega Queen of Peacey Long & Lost, la desnudez total en el plano metafórico y el contraste. Por un lado, tenemos a una Florence poderosa, alzándose si acaso como salvadora entre el caos que la rodea. Sin embargo, acaban por escasear las fuerzas al recordarle. Ahora todo es oscuridad y dolor, vagar por el mar. “Without your love I’ll be so long and lost, are you missing me?”.

“Oh Lord, won’t you leave me, leave me on my knees? […] Cause I belong to the ground now, I want no more than this”. Con Mothercomienza a haber otra perspectiva, comienza a aparecer la necesidad de continuar. Delilahes el paso previo a pasar página. En esta sección del metraje, Florence mira a su alrededor y comprueba que hay gente como ella y que no es la fuente de tus problemas. Es más, se topa consigo misma y este alter ego le encomienda ser fuerte. Y pasa a serlo. Se pone su mejor ropa, baila como si no hubiera un mañana y abandona ese hostal abandonado.

Ahora todo cobra un sentido. Florence es fuerte. Third Eyees el último episodio de esta historia, es el autoconvencimiento. Es el fuego en su interior, es el cartel luminoso que pone “How Beautiful”. Es la belleza en la desolación. Es querer evolucionar, dejarlo todo atrás, ser mejor persona. “I’m the same, I’m the same, I’m trying to change”. Una vez más. “I’m the same, I’m the same, I’m trying to change”. Se abre el telón, la gente la aclama. “I’m the same, I’m the same, I’m trying to change”. Lo último que vemos son los dos mundos uniéndose. Todo el dolor que ha experimentado la Florence de The Odyssey es el dolor de la Florence real. “I’m the same, I’m the same, I’m trying to change”. Pero se hace la luz, comienza la actuación y los sentimientos quedan relegados a canciones, atrás quedan los agentes externos. “I’m the same, I’m the same, I’m trying to change”. Es la cristalización del dolor en estas canciones, la gente que le acompaña y ayuda a interpretarlas en vivo y la empatía del público lo que permite que Florence avance. El ciclo de amor/dolor lo vivimos de formas distintas, pero el apoyo que todos necesitamos es el mismo. La odisea de Florence no es más que el canto de ayuda de cualquiera de nosotros, aprendamos de ella.

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