Lo LGTB en Física o Química

Física o Química cambió este país para siempre. Los cambios en esa instancia política que llamamos «sentido común» no se producen por gobiernos ni por charlas en espacios minúsculos; se producen en la cotidianidad. En los discursos, en las conversaciones… y en los espacios de construcción ideológica (Internet, la televisión…)

En 2008 se estrenó una serie que trastocaría para siempre los marcos de actuación política en España en materia LGTB. Física o Química marcó a muchas personas (especialmente, nacidas en los 90). Su cercanía, su realismo y su capacidad para tocar temas que de verdad afectaban a los adolescentes y a los jóvenes, supusieron la clave de su éxito.

Con estas premisas sobre la mesa, vamos a analizar en qué acertó la serie en la cuestión LGTB y, sobretodo, en qué falló (o no profundizó lo suficiente). Para ello nos serviremos de cuatro relaciones que se generan dentro de la serie.

La primera que vamos a tocar es, evidentemente, la de Fer y David. Fer es, quizá, el principal icono de la serie. Supuso una ayuda gigante en el trabajo de aceptación de la comunidad gay en la sociedad española. Un tipo orgulloso, valiente y que enamoró a toda la audiencia. La relación entre ambos es confusa, con muchos altibajos, a menudo derivados de la dificultad de David para salir del armario en las diferentes esferas de su vida. El elemento gay, no obstante, se trata siempre en favor de la aceptación y en clave positiva.

Podemos deducir que la intención de la serie era clara: trabajar en la normalización de la homosexualidad masculina en la juventud. Incluso en los momentos complicados, Fer es siempre una de las referencias del guión. En un momento del hilo, de hecho, intenta montar una asociación de gays y lesbianas en el colegio… acudiendo esencialmente a tíos.

Con esto, derivamos a la segunda relación: la de Alma y Erika. Erika, por refrescar la memoria, era la ex pareja de Alma. Sí, la única relación mujer-mujer con algo de protagonismo que podemos encontrar en la trama… y una de las dos tenía problemas psiquiátricos. Erika no pasa desapercibida por la serie, causando, de hecho, un incendio que intenta acabar con Paula y Alma.

Resulta curioso cómo, viendo el empeño positivo que se puso a la hora de hablar de las parejas hombre-hombre, se trata de una forma tan creepy la única relación entre dos mujeres que aparece. Además, a lo largo de la serie, Alma habitúa a ser un personaje repudiado, frío y controlador… algo que se mueve en clave de rechazo. Apreciaciones aparte, la única mujer lesbiana (recordemos que, aunque no se explicite, Alma era bisexual) tiene movidas psicológicas muy fuertes y, de hecho, había sido responsable de la muerte de otra chica. Vamos, que menudo cuadro.

La tercera relación es breve, si acaso puntual, pero nos servirá de precedente para la cuarta: Paula, Alma y Cabano. Sabemos que las tres hacen un trío, pero la situación esconde algo muy profundo: la bisexualidad de Paula. Es habitual en la serie que se den situaciones que dejan latente la bisexualidad de algún personaje, pero no se explicite (sólo con Jorge en la sexta temporada). Bien, esta será la primera y última experiencia bisexual de Paula que, pese a haber dudado en consecuencia de su atracción por Alma, finalmente asume la heterosexualidad. Esto estaría ligado con esa idea extendida de que las personas bisexuales se encuentran en un punto intermedio y terminarán “tirando para un lado”, sin verla realmente como una sexualidad en sí misma, sino como una especie de fase.

Abarcamos ahora la última relación, la de Berto, Vaquero y Verónica. Esta relación no se quedaba en el elemento sexual, se podía percibir que existían sentimientos entre los personajes… Sin embargo, a la hora de la verdad, a la hora de intentar definirla, siempre se caía en la siguiente definición: “Quizá no lo entendáis, pero Berto y yo queremos a Verónica”.

¿Habéis visto el error? Por favor, Berto y Vaquero están dentro de una misma relación, se besan y follan juntos y los guionistas intentan vendernos que no se quieren. El “no homo” roza lo ridículo en esta situación. Es decir, la masculinidad de ambos personajes (recordemos, un ex convicto que trabaja de camarero en el colegio y un profesor de Eduación Física, luego director del colegio) es intocable. Ni siquiera en un contexto como ese.

Quién sabe si por ignorancia o como consecuencia de un movimiento intencionado, pero la invisibilización de la bisexualidad en Física o Química alcanzó su punto más álgido con esa relación. Ni siquiera cuando Berto se marcha, dan el paso adelante. Es cierto que Verónica lo pasa mal, pero también Vaquero. Ahora bien, ¿por qué lo hace Vaquero? Porque ha perdido a un buen amigo.

Antes de terminar, no estaría de más recordar que Física o Química, pese a haber tratado una serie de temas cruciales para la juventud española, no incluyó ningún personaje trans. De hecho, apenas se mencionaba, si no era para hacer la gracia: me viene a la cabeza Fer, cuando David le dice que cree ser bisexual, diciendo “hoy no sé si le ha dado por ser hetero, bi, gay… o a lo mejor quiere hacerse transexual y llamarse Diana”.

Por resumir, FoQ pasó a la historia como una serie que puso encima de la mesa al colectivo LGTB… pero quizá deberíamos remarcar que solo lo hizo realmente con la G.

 

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