Huyendo de la juventud

Vivimos en una era complicada. Los deportistas de élite pasan horas en las redes y eso enfada a los puristas. Desde que ponen un pie en el escaparate ya generan millones y eso no gusta a los clásicos. Para colmo, la NBA parece con un guion preestablecido en el que solo tienen cabida dos personajes; antagonista y protagonista. Sin embargo, más que los resultados, preocupan las actitudes. Porque los thugs de los noventa no logran comprender el progreso. El uso de Instagram, las nuevas reglas no escritas. Hablan de blandos, de egos e imágenes. Creen estar ante productos comerciales. La liga se ha globalizado y aprovecha internet para hacerlo aún a mayor escala.

«No podría jugar baloncesto en esta era blanda. Todo el dinero de mi contrato se iría en multas.» Dijo Gary Payton en Twitter.

Foto: Boston.com

Como en cada casa, como en cada barrio, los hay que sí y que no. En un bando y en el otro. Los modernos de verdad, los que se adaptan a ese molde, y los que se mantienen al margen. No pisan el terreno ya olvidado por una cuestión darwiniana de la old school. Tampoco lo necesitan. Porque son del hoy pero recuerdan al ayer. Probablemente sin buscarlo, seguramente por propia naturaleza. Emana de sus adentros. Son jugadores de equipo. No quieren ser la luz, no buscan acapararla. Solo aportar en busca de uves dobles. Justise Winslow es de los 2010, Jaylen Brown es de los 2010. Pero, ¿quién los encasillaría?

Hoy, Boston pelea por encontrar su identidad. Y, precisamente, es eso mismo los que les caracteriza; la pelea. No hay nadie a quien históricamente (acentuado gracias a los KG, Truth, Shuttlesworth) más cueste pisar que al Leprechaun. Porque las circunstancias pueden llevar a la falta de potencial, de talento, pero nunca a la debilidad. Nunca un Celtic puede ser fácil de batir. Hoy, han recuperado eso en lo que todos hemos pensado leyendo estas líneas. Golpes en el pecho y un grito con voz grave que levanta al TD Garden. El orgullo del verde.

Y en medio de una espiral de críticas a un modelo competitivo que se resiente por dos gigantes, quieren seguir sonando. Aún sin mimbres para el tú a tú, son valientes. Van a pecho descubierto, preparados para todo. Incluso para caer de rodillas, pero con la cabeza alta. Porque ya son historia de la franquicia. La reconstrucción más exitosa de la era vigente. Y queda lo mejor. A pocos días estamos del verano que podría servir como guinda del pastel. Que pondría el broche, a lo grande, a un proyecto que sin corazón no se entendería.

Foto: Gazettenet

El joven Jaylen participa activamente en el éxito de Boston. No ha optado por la vía pasiva del aprendizaje. Se ha visto listo para remangarse y, desde el primer momento, ser uno más. Llegó con un peinado ochentero y unos pantalones que llamaban a los setenta. Danny Ainge salió en su defensa ante las críticas que, inevitablemente, recibió después de ser anunciado como tercer pick de los Celtics. Si había que abuchear a alguien, era al GM. El chico merecía una oportunidad, y él mismo lo dejó claro.«Tengo demasiada confianza. Creo en mí al 100%. Creo en mi juego y creo en mi ética de trabajo. No conozco a nadie que trabaje más duro que yo, especialmente en este Draft. Voy a salir y demostrar lo que puedo hacer. Roma no se construyó en un día, llevará tiempo. Ya lo verás.» Tajante.

En los reportes de scouts propios a fechas anteriores a la noche del gran saltoel portal DraftExpress dibujaba un retrato del alero como carta de presentación. Hablaban de alguien que en California destacó por un gran juego sin balón y efectiva capacidad de ejecución en el fastbreak. No obstante, ponían una pega significativa; se le había dado libertad para el uno contra uno y no aprobó. Solo 0,8 puntos por posesión en más de 17. Conocido esto, llegó a la liga.

Entonces, daba la sensación de ser un atleta con unas capacidades físicas de primer nivel. Una fuente de highlights. Pero no queda ahí. Es más que una estética. Lo suyo es más que mates e imagen. No es como el resto. En una maquinaria cuyas herramientas no tienen cabida si en el barro desciende la productividad, en el momento en el que pisó la factoría dejó de lado los flashes para colocarse el mono. En sí mismo, es un ideal. El niño que entre hombres se siente en casa. El adolescente que habla y actúa como los adultos.

El trabajo de scouting y la decisión en última instancia de las oficinas siempre se evalúan con los resultados. En el draft, parece que ganan o pierden solo ojeadores y general managers. Porque Ainge hizo muy bien su trabajo. Jaylen no es un proyecto, es un jugador. Pero quizá mejor trabajo se hizo en las entrevistas previas. En el combine, en workouts. Se adivinó un brillo en los ojos, un ímpetu. La llama que te hace encajar en una cancha con los Smart, Thomas y compañía. Se presumió que encajaría sin necesidad de ungüento y se acertó de pleno. No había otro carácter que pudiera hacerlo. No hay otra forma de asimilar las situaciones que te hagan idóneo para formar parte de los del trébol.

Como inequívoco síntoma de madurez prematura, tenía una prueba de fuego. Para entrar en la banda, las medias tintas no servían de nada. La temporada regular fue una toma de contacto, una forma de darse a conocer ante el gran público. Pero el TD no regala aplausos. El cariño de la parroquia bostoniana se hace agradecido, pero nunca se da porque sí. Es una respuesta al que quiere estar, al que se compromete con la causa. Quien se aliste debe ir al frente, a morir o matar, pero con el honor de haberlo dado todo. Las constantes muestras de nivel tenían que establecerse en el más caliente de los ambientes. En la primera experiencia vital que tenía en el universo del ‘gana o vete a casa’, Brown se veía obligado a hacerse definitivo.

Para un rookie, según el contexto, los escalones difieren. Siempre, sin embargo, asciende de una manera progresiva la dificultad para superarlos. Hacerse un hueco, demostrar el porqué, mantenerse. Aunque cueste creerlo, cuando los novatos hablan del contraste que más se magnifica al llegar a la NBA no hablan de poder competitivo, edad o cuestiones propias del juego. Hablan de rutina, de noche tras noche entre parqué y gimnasio. Ahí es donde se encuentra la llave. No existe adaptación sin constancia. Y ahí, no cabe duda, ha respondido. Porque además de colarse en la rotación, su impulso ha ido en progreso. Porque ha sido capaz de, semana tras semana, demostrar que no necesita el DNI para entrar.

Foto: 12up.com

En parte, podríamos decir que si hay algo que hace a Jaylen Brown especial es su capacidad para esperar. El salto vertical acapara una atención que se disipa de otros aspectos. Quiere el balón en sus manos, lo sabe tratar. Tiene un carácter especial dentro de sí, pero sabe tener la paciencia necesaria para exteriorizarlo cuando procede. Porque no va a crearse tiros forzados. Prefiere leer, aprovechar ventajas, castigar errores. Es quien hace la puerta atrás para acabar aprovechando los espacios que generan Isaiah y Al. Quiere participar, pero sabe que no vale cualquier manera. Y eso tiene un valor incalculable. Como la importancia que da a la defensa y el modo que tiene de dejarlo claro. Avery Bradley, Marcus Smart, Jae Crowder ya estaban. El cerrojo se ha completado con alguien con la implicación, capacidad de reacción y compromiso para corregir errores necesarios para seguir vivo en un estanque de tiburones.

«Si el entrenador me lo dice, estaré listo para defender a quien sea. Si es el chico del agua, lo voy a defender también. No me importa.» Recoge ESPN.

Más aún se cotiza la exigencia de responsabilidades para uno mismo. Porque no las pide. Porque no es educado. Va a tomarlas, siendo paciente, pero sin titubeo alguno. Espera para disparar y aumenta prestaciones cuando más tiemblan las manos. Hoy, cada partido que juega es el más importante de su vida. El miedo no se apodera de su juego. Estamos en los Playoffs, el trabajo sigue. En la primera ronda, con unos Celtics a la deriva frente a un rival menor, dio un golpe sobre la mesa. Ante los Wizards, cuando Brad lo creyó conveniente lo tenía preparado. En Cleveland, incluso, le hizo enfrentarse a LeBron.

Solo tiene un pecado, la inexperiencia. Trata de evitarla, de corregirla, y precisamente eso es lo que engrandece su figura. En un entorno en el que sonreír, Brown mejor cada día. Porque los fallos propios de la falta de recorrido solo pueden cortarse con la madurez de quien no se amedrenta. Stevens llegó a afirmar que era capaz de enmendar fallos en medio de un partido.

Ni egos, ni temores. Nació en 1996. Aún no llega a los veintiuno. No le importa a nadie. Porque siempre ha sido uno más, aunque siempre signifique semanas. Ha querido aprender desde la práctica. Ha querido presumir de valentía. Hoy, mira de tú a tú a las estrellas que más brillan. Los dos tiranos ya lo han podido ver de cerca. Curry llegó a dedicarle un triple por, según Jaylen, defenderle bien. Sobre LeBron, dijo que era un “tipo normal” y que había “problemas más grandes” en su barrio. Brad Stevens acabó por rendirse. No esperaba ver a alguien tan preparado con su edad. Porque él es Boston y ya toda la ciudad contesta a su esfuerzo con latidos en su nombre. Detalles, pero sobre todo momentos, lo han conseguido. Tiene a la afición verde en su bolsillo por huir de la juventud. Y piensa seguir haciéndolo.

«Su mentalidad para ser un tercer pick del Draft es la mejor posible. Muchas veces, eliges a un chico tan arriba y hay una expectativa automática de que debería tener mucho impacto, pero no muchos de esos chicos tienen un impacto en las victorias a edades tan tempranas. Además, hay una expectativa personal. Todo en lo que ha tenido expectativa es en que crecerá e intentará mejorar. Eso es difícil de lograr, es un maduro punto de vista.» No hay mejor definición que esta de Stevens sobre su perla, recogida por CSN.

 

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