Esto ya lo hemos visto

Si has pinchado en el enlace puede ser por dos motivos: que hayas reconocido al personaje de la foto o que no tengas ni la más remota idea de sobre qué va este artículo, pero te haya picado la curiosidad. Si ya sabías quien es Frank Underwood, imagino que no hará falta que te recuerde qué día fue ayer. Pero, por si acaso, lo haré: ayer fue 30 de mayo.

Puede que, tras leer esa fecha, algo en tu cabeza haya hecho click. Seguramente habrás cerrado esto y abierto, si lo tienes, Movistar Series (que es quien tiene los derechos de emisión de la serie de Netflix) a toda prisa, esperando encontrar ya subida la quinta temporada de House Of Cards para darte un atracón en condiciones. No te culpo, seguramente yo esté haciendo lo mismo mientras tú lees esto. Pero cuando hayas calmado el mono (o directamente lo hayas matado, si eres de la gente que se mete toda la temporada del tirón, como quien escribe estas líneas), vuelve. Tengo la impresión de que esto también te va a gustar.

Cualquiera que haya acompañado a Francis J. Underwood en su ascenso meteórico hacia la presidencia (¿alguien calificaría esto de spoiler a estas alturas?) ha vibrado con cada uno sus pasos hacia el Despacho Oval, alucinando con su ansia de poder pero sonriendo con cada atajo que ha tomado. Lo podemos afirmar: Frank es uno de esos villanos que molan. Quizá porque nos hace partícipes de su historia. Seguramente, también porque sabemos que el argumento se encuentra en el lado correcto de la divisoria entre realidad y ficción.

Pero no podemos ignorar el cambio en el panorama político americano ni su relación con la serie de ficción política por excelencia en el mundo entero. La llegada de Donald Trump al poder resultaba tan inimaginable en 2013, cuando se estrenó House of Cards, como la del propio Underwood. Y cuatro años después, cuando ambos políticos han cumplido sus objetivos, cabe preguntarse si hay correlación entre una u otra, si la realidad ha superado definitivamente a la ficción o si, parafraseando a su homólogo en la ficción, Trump ha demostrado lo sobrevalorada que está la democracia.

Es evidente que Trump, billonario de carrera y que difícilmente sabría situar Gaffney en un mapa (yo también he tenido que buscarlo en Google, seamos sinceros), no atesora los casi 30 años en la política que constituyen el background de Underwood. Pero es en las formas donde encontramos el nexo entre dos personajes que podrían pasar por ficticios, aunque solo uno de ellos sea invención de Netflix. No en vano, mientras Frank se abría camino en los pasillos del ala demócrata, Trump se congratulaba por haberse liberado de los “grilletes” que suponían la oposición en las filas republicanas. Sus compañeros de viaje pasaban a ser enemigos en un abrir y cerrar de ojos. “Shake with your right hand but hold a rock on your left”, que diría aquel.

Una vez ganada la nominación, tocaba derrotar a su rival. Y en eso, Trump ha seguido la firme línea marcada por la administración Underwood, golpeando en el momento justo para crear un daño irrecuperable. ¿Sorprendió a alguien la reapertura de la investigación sobre los correos de Hillary Clinton a tan solo una semana de las elecciones? ¿Soy el único que imagina a Trump ordenando al Doug Stamper de turno que mueva los hilos?

Incluso la fina línea entre un guión de Netflix y la política de la administración Trump, que ya es un hecho, se ha colado en el Despacho Oval. No solo en la constante relación de amor-odio entre los Estados Unidos y Rusia, preexistente a todo tipo de ficción. También cuando el mes pasado amanecíamos con una noticia que sorprendió a pocos. Trump había decidido poner la pica en Siria y bombardear al gobierno de Al-Asad, como supuesta represalia a los ataques con armas tóxicas a la población civil. Se trató de un ataque impulsivo, del que tuvimos noticia de forma inesperada (o igual no tanto). Trump cumplió con el guion que se le adjudicaba. También con el que tan bien interpreta Kevin Spacey en la tercera temporada de la serie. Eso sí, no nos imaginamos al verdadero inquilino de la Casa Blanca invitando a una de las víctimas civiles para recitarle pasajes del Corán.

En los días previos al estreno de la quinta temporada y con motivo del desfile de los protagonistas por los distintos medios, la presencia de Donald Trump ha sido una constante en todo tipo de entrevistas. Robin Wright (o Claire Underwood, como ustedes prefieran) abría la veda en el plató de Ellen DeGeneres. Afirmaba que ni siquiera las cinco temporadas viviendo en la ficción política más despiadada que hemos conocido han servido de preparación. Wright sigue sorprendiéndose con las noticias que escucha cada mañana.

Al final, el mensaje definitivo al respecto lo dan al unísono (como cuando hacen política). Claire y Frank, Robin y Kevin han dejado constancia esta semana de algo que todos sabemos: que la quinta temporada de House of Cards es la más complicada, pues el propio Trump les está robando las ideas. Que la realidad ha ocupado el espacio destinado a la ficción y esta no sabe dónde meterse. Michael Kelly (Doug Stamper en House of Cards) ofrecía una solución esta misma semana: si por él fuera, Francis Underwood sería presidente de los Estados Unidos antes que Donald Trump.

No va tan desencaminada la idea de Kelly. Al fin y al cabo, el aura presidencialista de Spacey hace mucho que no se limita al guion. El año pasado un retrato suyo pasaba a formar parte de la National Portrait Gallery, como si de un sucesor de Washington o Lincoln se tratase. Y hace unos días era Pete Souza, fotógrafo oficial de la Casa Blanca durante la administración Obama, el que relataba (a través de su cámara, por supuesto) un día de Frank Underwood y Doug Stamper en Washington D.C. Un instrumento publicitario, sí, pero que revela al mismo tiempo la trascendencia del personaje en una sociedad americana que, al menos en parte, se encuentra sedienta de un verdadero líder.

Como buena parte de los americanos, Kevin Spacey se tomó a broma a Trump al principio. Así lo atesoran unas declaraciones en su visita al Late Show de Stephen Colbert, en 2015. Preguntado por sus ya famosos monólogos ante la cámara, Spacey afirmaba que con ellos Frank Underwood se dirigía a una sola persona: el propio Trump. Desde luego, el mensaje fue recibido. Alto y claro.

La quinta temporada de House Of Cards llega en un momento en el que la frontera entre realidad y ficción aparece más difuminada que nunca. Abrid bien los ojos y escuchad atentamente. Quizá de ese modo os sorprenda un poco menos alguno de los titulares con los que despertaremos en los próximos meses.

Welcome (back) to Washington.

 

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