Adolf tiene un plan (y tú lo vas a ver)

Una moneda en la bota. Desde su época de karting, Sebastian Vettel (Heppenheim, 1987) coloca la misma moneda entre los cordones de sus botas rojas antes de cada una de las competiciones en las que ha pilotado. Superstición, manía o convicción; es fácil ver por qué ser testarudo ha sido probablemente la mejor baza para el que sería futuro piloto de la Scuderia Ferrari.

Su padre Norbert le dio esta moneda cuando Seb comenzó a competir en karting alrededor de los 8 años, aunque mucho antes el pequeño Sebastian ya comenzaba a tener claras bastantes cosas. Sus tres ídolos de la infancia eran “los tres Michaels”: Michael Jackson, Michael Schumacher y Michael Jordan. Si bien parece que ni la altura ni la voz le permitirían seguir los pasos de el primero o el último, decidió acelerar por la carretera del medio.

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Podríamos decir que a Sebastian se le dio bastante bien el karting (como cabía esperar), proclamándose campeón de Alemania y de Europa Junior a la edad de 14 años, además de ganar la Copa Mónaco disputada en el Principado. A los ojeadores e ingenieros les impresionaron tanto la capacidad de pilotaje del joven alemán como su labor de ingeniero a su corta edad, adoptando nuevas piezas en su kart como un sistema de ABS que combinado con su labor en la pista disminuía el desgaste del freno. Sebastian estaba sin duda un paso por encima de los demás. Abajo podemos ver un vídeo del joven Sebastian un año antes.

Red Bull se fijó en él como pieza angular de su programa de jóvenes pilotos  – programa del que han salido más tarde pilotos como Daniel Ricciardo, Max Verstappen o el madrileño Carlos Sainz –  y le promocionó durante su paso por las categorías inferiores.

“Red Bull te da la financiación y el coche para competir, ellos quieren que llegues alto, pero no les vale un segundo puesto, sólo vale ganar, si no lo haces estás fuera”, comentó Carlos Sainz acerca de la Red Bull Racing Academy en 2015, ya con un puesto en Fórmula 1. Esta especie de “Juegos del Hambre” del automovilismo es sin duda cruel, pero garantiza un resultado exquisito, y Sebastian sigue siendo el graduado suma cum laude de esta escuela.

Sebastian ganó la Fórmula BMW, la Copa Rookie de la Fórmula 3  – batallando incluso con el ganador de la competición, un veterano dos años mayor llamado Lewis Hamilton –  y quedó segundo al año siguiente. Con 19 años de edad, Sebastian no sabía que el siguiente volante que iba a pilotar sería el de un Fórmula 1.

En el año 2006, y después de haber probado con BMW Sauber un año antes, Sebastian lideraba las World Series cuando un accidente grave de Robert Kubica lo catapultó al puesto de piloto oficial. Con 19 años, Sebastian se convirtió en su primera carrera en el piloto más joven en puntuar, se aseguró un puesto en Toro Rosso y un año más tarde sería el mas joven en ganar una carrera, cuando llevó al mediocre Toro Rosso a la pole y la victoria en un muy mojado Autódromo de Monza.

La temporada 2008 fue tan sólo el preludio de lo que estaba por llegar, Sebastian Vettel se convirtió en la sensación en la parrilla y las comparaciones con Michael Schumacher empezaban a llegar, con las que Vettel mantenía la calma. Y es que quien crea que Vettel es el siguiente Michael Schumacher, es que no ha entendido nada; Sebastian Vettel encarnaba en ese 2008 el cambio generacional mejor que nadie en la parrilla, un piloto rápido en la pista e inteligente fuera de ella, que es capaz de entender el monoplaza como Lauda y Senna lo hicieron en su momento y ponerlo al límite como pilotos como Gilles Villeneuve o James Hunt.

A una vuelta es imbatible“, afirmaba Lee McKenzie, periodista de la BBC. “La diferencia entre él y muchos otros pilotos es que él parece disfrutar cada parte de la competición, desde el briefing con los mecánicos hasta el podium”. “Con Sebastian tienes la inteligencia, la calma y la pasión, el paquete completo; la velocidad por sí misma no es suficiente“, declaraba sobre el piloto alemán Martin Brundle, expiloto de Fórmula 1 y periodista.

Su época en Red Bull es una historia por todos conocida: Sebastian y Red Bull (con Christian Horner y Adrian Newey como cabezas pensantes) se medían a partir de 2010 con la todopoderosa McLaren de Lewis Hamilton y la Ferrari del bicampeón y talentoso Fernando Alonso.

En una especie de guerra de culturas (germánica, británica y latina), Sebastian Vettel conformó probablemente la mayor conexión máquina-piloto de la historia de la Fórmula 1.

Poles y victorias convirtieron a Sebastian Vettel en el piloto más joven en ganar un mundial, y dos, y tres, y cuatro. Y no es sólo lo que hizo, sino cómo lo hizo: cámaras onboard sin una corrección y escapadas en carrera inundaban los fines de semana de Gran Premio. “¿No te resulta aburrido”, le preguntaba Jeremy Clarkson en el famoso programa Top Gear. “¿A mí? ¡No! Es difícil cansarse“, le espetaba Vettel.

Hubo coches más dominantes en cuanto a potencial durante la historia: el McLaren de finales de los 80, el Williams de principios de los 90, el Ferrari de principios del 2000 o la Mercedes de la era híbrida; pero Sebastian Vettel fue un paso más allá, llegó a un nivel dictatorial dentro del paddock, un nivel al que su compañero Mark Webber jamás se pudo acercar.

Era consistentemente más rápido, simplemente no cometía errores“, declararía años más tarde Webber, “si tuviera que escoger un piloto de la actual Fórmula 1 sería Sebastian por su habilidad y consistencia, su forma de conseguir resultados es muy germánica, acabará consiguiendo llevar a Ferrari a la victoria”.

Tres años más tarde, moneda en bota, Sebastian se convierte en líder del mundial y Ferrari en líder del campeonato de constructores en las icónicas calles de Montecarlo, firmando el mejor inicio de la Scuderia desde épocas de Michel Schumacher. Quizás después de todo a Sebastian sí se le pueda llamar ‘Baby Schumi’. “Tenemos un gran coche, es un placer conducirlo cada fin de semana, debemos seguir trabajando acorde con el plan”, cuenta el de Heppenheim a una reportera segundos después de enseñar su dedo por las calles de Montecarlo, aquel que enseña después de cada victoria y que casi pierde en 2006 por un accidente en Eau Rouge, la curva más peligrosa y rápida del mundo del automovilismo. Ah, ¿que no hemos hablado del dedo? Quizás es que el plan de Sebastian aún no se ha terminado…

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