Adam Lambert: un sucio oportunista musical

Indignación sintieron muchos cuando echaron a Dave Mustain de Metallica por Kirk Hammet;  y esa misma indignación fue la que recorrió las venas cuando Axl Rose, hace aproximadamente dos décadas decidió quedarse con los derechos de los Guns N’ Roses e hizo hasta hace un año una serie de conciertos y discografía que, a pesar de su tiempo dedicado y coste, no agradó a una mayoría de fans. Luego están esas bandas como AC/DC que, a pesar de muertes o enfermedades sufridas por algunos de sus componentes originarios, al fin y al cabo dichos cambios no han sentado tan mal al fenómeno fan. Por último, podemos mencionar Pink Floyd, que llegó a mejorar incluso después de la sustitución del originario líder por David Gilmour a pesar de mantener la idea de continuar con Syd Barrett, intentando seguir los pasos de los Beach Boys con Brian Wilson.

Pero me temo que jamás hubo y jamás habrá una aberración semejante en la historia del rock como la que llevan ya haciendo varios años Brian May y Roger Taylor con lo que fue Queen. Freddie Mercury, Roger Taylor, Brian May y John Deacon eran como las partículas subatómicas que formaban el átomo, como lo apolíneo y lo dionisíaco, como la tortilla de patata y la cebolla. En resumen, eran jurídicamente indivisibles. En el momento en el que un componente de la banda falleciese o decidiese irse, Queen desaparecería por completo. Es esto lo que ocurre un 24 de Noviembre de 1991: Freddie Mercury muere, poco después hacen un tributo, y al instante John Deacon “el discreto” decide retirarse. Dos de los cuatro drugos se quedan solos.

¿Y ahora qué pasa, eh?

A Brian May no le basta con ser ingeniero aeroespacial y quiso llegar aún más arriba dentro de un proyecto musical que llegó a ser insuperable. Roger Taylor se sumó al trapo y ambos optaron principalmente por seguir realizando conciertos con un tal Paul Rodgers, todo esto sin que se sepa nada de John Deacon. La cosa empezaba a oler ya mal, pero esa peste no se expandió hasta que dejaron el proyecto con Paul Rodgers y se realizó la intervención de Adam Lambert como sustituto de Rodgers y, por tanto, de Mercury. Y os preguntaréis: ¿quién es Adam Lambert? No tengo palabras para describir una hez tan grande y monstruosa como la que hace este personaje cada vez que sale al escenario pretendiendo llegar a ser un pelo del bigote de Freddie Mercury. La definición de oportunista se queda corta. Para que os pongáis en situación; estoy hablando de un pseudoartista que salió del programa de televisión American Idol. Ya hay que ser cutre con ganas, y ya hay que ser ofensivo además de sinvergüenza cuando reemplazas al gran Freddie Mercury por un cantante de ese calibre que logró su fama gracias a un programa de ese calibre. La responsabilidad y la fidelidad a los orígenes de Queen por parte de los dos creadores de la banda es nula. Y no, no estoy hablando de un grupo que se refunda cuando el componente principal muere, tal y como hizo Dave Grohl con Foo Fighters, o un excluido que se convierte en ídolo cuando forma su nuevo grupo, tal y como hizo Dave Mustaine con Megadeth. Me estoy remitiendo, alcanzando el colmo de todos los colmos, en algo tan impensable para agradar a los fans como recoger el apodo de Queen en nombre de solamente dos de sus componentes y sumarle el nombre de Adam Lambert en sus carteles, para rematar la faena.

Con esto no estoy diciendo que Queen haya defraudado, porque Queen no defrauda. Con esto estoy diciendo que Brian May y Roger Taylor, a pesar de ser dos de los grandes de la historia del rock, últimamente no han hecho bien las cosas, y John Deacon se ha quedado en la posición más respetable después de la muerte de Freddie. Esto es algo que me ha costado mucho pensar y admitir como fan de Queen, a pesar de haberle buscado la justificación por todos los lados, cosa que no he llegado a encontrar en años que llevo dándole vueltas a esto. Y no, no es justificable con que ‘The show must go on’, porque en este caso lo que se ha entendido ha sido un ‘The show must go down’.

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